El Premio Ribera del Duero volvió a caer en manos de una joven autora argentina. Esa obra y las otras dos reseñadas aquí son libros singulares que merecen ser tenidos en cuenta.
Con temática femenina y la distancia como asunto troncal, los cuentos de Sofía Balbuena, presentados en su libro Personaje secundario, se publicaron en España y Latinoamérica tras haber ganado el premio al que se presentaron casi dos mil manuscritos. Y un poco tarde pero seguro, reseñamos el breve y encantador debut de Soledad Álvarez Campos, Estrellada, una atrevida memoria de crecimiento. La periodista especializada en salud Daniela Hacker publicó su primera novela, La forma del daño, con todo lo que sabe sobre los vericuetos de un sistema de salud desigual hasta la crueldad y, por momentos, demasiado oscuro.
Personaje secundario de Sofía Balbuena
El premio Ribera del Duero, de narrativa en español, volvió a caer en un autor o autora argentinos, esta vez Sofía Balbuena (Salto, 1984). Personaje secundario, publicado por el sello Páginas de Espuma. Como todos los ganadores de este concurso bianual que otorga 25.000 euros, está compuesto por cinco relatos. Y fue elegido por el jurado entre 1929 manuscritos originales de 36 países.
La autora argentina, que lleva una década viviendo en España, trabaja en estos relatos que podrían llamarse sinsabores de las mujeres de hoy. En sus relatos no pasan grandes cosas, sino esas pequeñas capaces de transformar las vidas. Dijo la autora que el título, precisamente, responde a esa idea, de “protagonistas normales, en la tradición argentina del realismo, de la cosa chiquita y del micromundo”.
En La mejor persona del mundo, el relato que abre el volumen, una mujer se embaraza y tiene a su hijo sin contar con las condiciones ideales, si es que tal cosa existe. Y se pregunta si fue una buena decisión. En Avenida Rivadavia hay una evocación de un antiguo novio en un contexto (barrio de Once) y una acción (cambiar dólares) tan porteños como el hecho de volver a pasar por lo que fue un domicilio compartido. Tsunami es un relato de amistad y amor entre dos mujeres, profesoras latinoamericanas de una muy fría ciudad estadounidense.
Felicidades, la implosión de una noticia entre un grupo de amigas, todas expatriadas: una de ellas queda embarazada de un señor que conoció en Tinder. Balbuena estructura su relato con los nombres de pila de las que se dedican alternadamente a chusmear sobre la nueva protagonista de sus preocupaciones. Hablan bien, hablan mal, hablan y hablan en lo que la autora ha señalado como un explícito homenaje al Manuel Puig de Boquitas Pintadas.
En Personaje secundario hay sexo, lágrimas, dudas, risas, amigas y por supuesto, hombres, que atraviesan el ánimo de las mujeres. Una deriva detallada con la que es fácil empatizar, doblemente quizá para los miles de argentinos sobreviviendo en España. Así como entender que se trata de material autobiográfico pasado por los tamices de la ficción, a la manera de lo que está en boga publicar hoy, especialmente con autoras jóvenes latinoamericanas (y acaso mayoritariamente argentinas). Pero este libro tiene también un valor extra, pues funciona como fresco de una generación de argentinos expatriados que parece ir construyendo su propia narrativa. Bienvenida sea.
Estrellada, de Soledad Álvarez Campos
Otra novedad, aunque no recién salida, de Vinilo editora, es Estrellada, el primer libro de Soledad Álvarez Campos, a la que la gente cercana a las visuales conoce por su trabajo en Malba. Un debut en la no ficción, literatura del yo, o memorias de iniciación de una joven en su apertura al mundo de las vocaciones y las relaciones. A través de una serie de textos separados por elocuentes títulos en los que su primera persona confesional adopta un tono cercano, como de charla de amigas o entradas de un diario personal escrito para ser compartido.
Hay algo atrevido, valiente, en el despojarse de las máscaras de las apariencias para contar una educación sentimental apoyada, en gran medida, en sus relaciones con los hombres. Y el padre ocupa un lugar importante entre ellos. También porque algunos de esos señores son muy famosos y conocidos. “Un satélite cándido y lascivo a la vez”, dice en la contratapa Leila Guerriero, en cuyo taller se maceró el texto. Estrellada, que jugará con estrellato, es un gran título para una memoria que también gira en torno de un accidente, el hecho que marca y ordena el devenir de la protagonista.
Escucharla en la descripción de gentes y cosas a través de su mirada es una experiencia divertida, como si se estuviera enfrente de una amiga verborrágica y algo chismosa, de esas que cuentan sin filtro y nos sonrojan un poco. De su ansiedad por acercarse a Paul Auster al sexo en el baño de un Buquebús con “uno de los músicos más famosos del país”, por poner ejemplos. Uno, para más datos, al que ve en una entrevista con Jorge Lanata “después del incidente (chocó de forma escandalosa ocho autos estacionados en una calle de Belgrano…)”. O el chirlo que le da un tipo que podría ser su padre en un encuentro casual en una cocina ajena.
Biografía joven, encantadora y picante, Estrellada ofrece una voz y una mirada femenina que conecta. En un universo de clase media urbana ilustrada, de arte, música y museos, desde el que logra transmitir cierta ternura. ¿Acaso la emoción universal de las historias de crecimiento, en las que todos somos estrellas?
La forma del daño, de Daniela Hacker
Una periodista especializada en políticas públicas de salud, autora de libros de no ficción en torno del cáncer, publica su primera novela, editada por Dunken. Un ejercicio de ficción en base a lo que sabe de la realidad, la de un sistema sanitario sometido a terribles tensiones. Esas de las que dan cuenta las noticias de todos los días, pero que se perciben muy distintas cuando son vistas por los protagonistas cotidianos. Los que transitan pasillos de hospitales públicos e instituciones vinculadas a la salud, muchas veces escenarios de violencias y espejo de conflictos sociales que duelen.
La trama gira en torno de Agustina, que en su primer día de residencia en un hospital de La Matanza se encuentra primero con un paro y segundo con un hombre que se lanza al vacío desde una ventana. Algo así como un bautismo de fuego para la chica que poco después conocerá al periodista Marcos Petrella, el otro personaje de esta historia.
Si la acción empieza en un hospital imaginario del conurbano, los medicamentos falsificados, los suicidios hospitalarios como el que la recibe, los negocios en torno a las medicinas de los pacientes más vulnerables y, cuándo no, la corrupción política que ampara, suenan tristemente reales. Hacker ha contado que volcó en esta ficción todo lo que presenció en hospitales. Que se inspiró en casos que vio y escuchó para armar una historia que, entre otras cosas, y además de entretener a ritmo de thriller, expone la desigualdad troncal del acceso a la salud, de calidad para el que puede pagarlo.
“En esencia, esta es una novela sobre la persistencia de ciertas muertes y la forma en que se resisten a ser explicadas por completo”, escribe Flavia Pittella en el prólogo. “Sobre lo que sucede cuando las instituciones encargadas de cuidar, informar y explicar llegan al límite de su capacidad para hacerlo. Y sobre lo que queda después de que la comprensión haya hecho todo lo que puede”.