La experiencia lumínica

La experiencia lumínica

Al reemplazar la escultura por ambientes construidos con luz fluorescente, Dan Flavin (1933-1996) llevó a una formulación extrema los dilemas de las vanguardias del siglo XX. Sus obras, reducidas a materiales industriales y certificados de autenticidad, cuestionaron la relación entre creación y mercancía, mientras su aparente neutralidad estética era incorporada a las disputas ideológicas y culturales de la Guerra Fría. Hasta el 17 de agosto puede verse en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) Dan Flavin Luz, color y espacio, exhibición nutrida con diferentes cuerpos clave de la obra de Flavin, producidos entre las décadas de 1960 y la de 1970, una presentación mayor de uno de los pioneros del arte minimalista estadounidense.

En la carta del 27 de abril de 1967 a Elizabeth Baker, editora de ArtsNews, Dan Flavin explicaba que “no me parece que el equipo que yo despliego sea ni feo ni lindo. No hay espacio para el misticismo en la denigración de Pepsi, es una cita mía para un estudio de artistas durante el año pasado. Quiero remarcar eso enfáticamente. Mis tubos fluorescentes nunca “se quemaron” deseando un dios. Prefiero el término “propuesta” y me esfuerzo por usarlo correctamente. No conozco otro “trabajo” que mi arte. Por algunos años, desarrollé un sistema de diseño por diagramas para luz fluorescente en situación”.

En este fragmento está concentrada la mayor parte de las preocupaciones del artista que había nacido en Nueva York en 1933 y murió en 1996, no sin antes ser pionero del Minimalismo y el Arte Lumínico, célebre por transformar la historia del arte contemporáneo al utilizar exclusivamente tubos de luz fluorescente comerciales como medio escultórico. Mediante esas “propuestas” o “situaciones” hay un rechazo a la escultura tradicional y sus materiales. De hecho, ni siquiera los tubos fluorescentes son la “obra”, sino la luz radiante que sale de ellos, en varios colores y tamaños, es la verdadera obra de arte. Su idea fue más iluminar un espacio, modificar la visión de eso; fue cambiar la percepción que las piezas que usó para hacerlo. Para que algo sea una obra de Dan Flavin tiene que estar encendida.

Recibió una educación católica estricta, tuvo una vocación religiosa, estudió para sacerdote pero abandonó todo, cuando ingresó a la Fuerza Aérea y fue técnico meteorológico en Corea. Luego, a fines de los años 50, cursó la carrera de Historia del Arte en la Universidad de Columbia. Ese detalle de su formación religiosa no es menor: en lo más obvio de la serie de los Iconos (1961–1963) que marca su transición desde dibujos y collages influenciados por el Expresionismo Abstracto a estos tubos de luz sobre cajas de madera de un solo color en alusión irónica a las imágenes religiosas de su infancia. Aunque de manera un poco más diferida hay algo devocional en la constricción y estrechamiento de materiales para la construcción de sus obras. Si bien no buscaba misticismo ni servir a dios, pero fueron el catálogo limitado, su cilicio apretado alrededor de su cuerpo creativo. Su lenguaje visual se redujo a cinco formas (cuatro longitudes de tubo recto y una circular) y diez colores (azul, verde, rosa, rojo, amarillo, ultravioleta y cuatro tonos de blanco).

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Hoy más que nunca

El 25 de mayo de 1963, se liberó del soporte físico y colocó un único tubo fluorescente dorado a 45 grados sobre la pared que tituló The Diagonal of May 25, 1963. Esa revolución de mayo fue de una vez y para siempre: abandonó la pintura para trabajar únicamente con luz artificial, al tiempo que profundiza el dilema de las vanguardias en el mercado del arte, en el coleccionismo, en la recepción y la producción creativa. “Las aporías de las vanguardias”, el célebre ensayo que el mismo año escribió el gran poeta, ensayista y crítico alemán Hans Magnus Enzensberger se vuelven tangibles en el caso de Flavin.

La contradicción lógica insalvable, un callejón sin salida, que Enzensberger plantea para las vanguardias históricas del siglo XX (como el dadaísmo, el surrealismo o el futurismo) es la institucionalización, el museo como cementerio, el envejecimiento de lo nuevo, la libertad absoluta que requiere de reglas férreas en algunos de los manifiestos y la democratización del arte que al destruir el lenguaje tradicional y usar otros soportes como el ruido o la escritura automática, se volvió incomprensible para el ciudadano común. Paradójicamente, el único público capaz de consumir, entender y financiar la vanguardia fue la élite intelectual y la burguesía adinerada a la que los artistas juraban odiar.

Por su parte, Flavin no vendió obras sino certificados. Como los tubos se podían comprar en cualquier casa de iluminación, el coleccionista pagaba por un certificado de autenticidad firmado por el artista y un diagrama de instalación. Sin el certificado oficial, los tubos de luz carecían de valor en el mercado. Tanto es así que hay un episodio, una disputa fiscal con las autoridades de la Comisión Europea que dictaminaron legalmente que sus instalaciones importadas debían pagar impuestos como “aparatos de iluminación de pared” y no, como obras de arte exentas de tasas aduaneras. El argumento era que el objeto dejaba de ser arte cuando se desconectaba. Lo cual es cierto, de alguna manera, pero no en estos mismos términos: la escultura ya no era el tubo apagado, sino el espacio coloreado que este proyectaba. Para la aduana eran “aparatos de iluminación de pared” y les exigían la tasa impositiva estándar y una multa de 36.000 libras.

En ese mismo sentido, al ser de alguna manera “artefactos de construcción”, se ven involucrados en la paradoja de la obsolescencia. Con el paso del tiempo, las fábricas de iluminación descontinuaron muchos de los modelos y gases originales que Flavin usó en los años 60 y 70. Por su parte, las instituciones como la Dia Art Foundation o el Museo Guggenheim deben almacenar miles de tubos de repuesto originales o negociar costosas réplicas tecnológicas para mantener vivas las obras. Además de lidiar con las nuevas medidas ecológicas sobre el uso de esas sustancias.

En apariencia la estética minimalista puede ser asociada a un vacío de contenido político. En el caso de este artista es casi lo contrario. En su serie Monumentos para V. Tatlin (1964–1990), un homenaje al artista ruso Vladímir Tatlin, se produce la contradicción entre la pretensión de eternidad de los monumentos soviéticos y lo efímero de las 2.100 horas de vida útil de los tubos fluorescentes. En noviembre de 1972, presentó Untitled (to a man, George McGovern), una instalación que desprendía una luz blanca que inundaba la sala de la galería Leo Castelli. De este modo apoyaba a este candidato demócrata antibélico que iba en contra de Richard Nixon. Dos años antes, dedicó Untitled (to Vietnam War casualties)a los muertos durante la Guerra de Vietnam. Muchas de las obras de Flavin tienen esta constante oposición en sus títulos que junta el clásico “Sin título” con los paréntesis donde se explicita el sentido de la obra.

Sin embargo, esta adscripción política contraria a la guerra y gobiernos republicanos tuvo un giro inesperado. La participación de Dan Flavin en el aparato de propaganda cultural de los Estados Unidos durante la Guerra Fría fue completamente involuntaria, indirecta y ajena a su control. Al igual que ocurrió con los expresionistas abstractos, el gobierno estadounidense utilizó la radical vanguardia de Flavin a través de canales institucionales para vender una imagen de “superioridad y libertad creativa occidental”, a pesar de que el artista era un hombre de ideas firmemente progresistas y antibélicas. Si bien nunca trabajó para el gobierno ni construyó obras de propaganda, sus piezas fueron seleccionadas de forma sistemática por el Departamento de Estado y por el Mueso de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) para participar en programas oficiales como el de Arte en las Embajadas y en Bienales internacionales financiadas con fondos públicos. Un uso geopolítico de estas vanguardias, el Minimalismo, la Abstracción, para demostrar esa supuesta libertad de expresión del bloque capitalista frente a las restricciones del Realismo Socialista de la URSS. Exhibir planos de color o la iluminación industrial de una oficina como una más de las bellas artes.

Ficha técnica

Dan Flavin

Luz, color y espacio

De jueves a lunes de 12:00 a 20:00, miércoles de 11:00 a 20:00 y martes cerrado.

Hasta el 17 de agosto

Malba

Av. Figueroa Alcorta 3415