Wimbledon también se juega en la billetera: cuánto cuesta comer, brindar y llevarse un recuerdo del All England

Wimbledon también se juega en la billetera: cuánto cuesta comer, brindar y llevarse un recuerdo del All England

El precio de las tradicionales frutillas con crema, congelado durante 14 años, subió por efecto de la inflación; champagne, fish and chips y toallas oficiales son productos exigentes para los bolsillos argentinos

LONDRES, enviado especial.- En Wimbledon todo parece estar pensado para resistir el paso del tiempo: el blanco obligatorio, el césped cortado como una alfombra, el silencio antes del saque, los modales británicos, la fila, las flores y las frutillas con crema. Pero hay algo que no pudo quedar completamente a salvo de la época: los precios. La edición 2026 del torneo también se juega en la billetera de los espectadores, entre vasos reusables, estaciones de recarga de agua, champagne, fish and chips y merchandising oficial con el verde y violeta de siempre.

El símbolo gastronómico del All England sigue siendo el mismo: las famosas strawberries and cream, las frutillas con crema que aparecen en cada postal del All England Club. Durante años mantuvieron un precio casi sentimental: 2,50 libras (US$3,50; $5.250 argentinos), congelado hasta 2024. En 2026 cuestan 2,85 libras (US$3,99; $5.985), una suba equivalente al 14%, explicada por la inflación acumulada de los últimos años. Dentro de Wimbledon, donde una copa de champagne puede costar 27,90 libras (US$39,06; $58.590), las frutillas todavía funcionan como una rareza: son tradición, souvenir comestible y, en términos relativos, una de las compras más accesibles del predio.

Detalle del puesto de frutillas con crema de Wimbledon en 2023. Ahora cuestan 2,85 libras por el efecto de la inflación, casi 6 mil pesos argentinos
Detalle del puesto de frutillas con crema de Wimbledon en 2023. Ahora cuestan 2,85 libras por el efecto de la inflación, casi 6 mil pesos argentinos

La escala de precios empieza bastante antes del champagne. Una botella de agua mineral cuesta 2,70 libras (US$3,78; $5.670), una gaseosa 2,90 (US$4,06; $6.090), un té 3,50 (US$4,90; $7.350) y un café 4,50 (US$6,30; $9.450).

El torneo, sin embargo, empuja una lógica más sostenible: hay botellas oficiales recargables de Evian de 750 ml por 5 libras (US$7; $10.500) y estaciones de recarga distribuidas por el predio. También funciona un sistema de vasos reusables de plástico para las bebidas, con cestos específicos para dejarlos una vez consumido el contenido.

Dentro de Wimbledon, donde una copa de champagne puede costar 58.000 pesos, las frutillas todavía funcionan como una rareza: son tradición, souvenir comestible y, en términos relativos, una de las compras más accesibles del predio

Para comer algo rápido, el sándwich aparece a 4,95 libras (US$6,93; $10.395), las papas fritas a 5,50 (US$7,70; $11.550) y el combo “picnic express” (un clásico para los que no cuentan con entradas y deciden mirar el partido en la pantalla gigante frente a The Hill), que incluye plato principal, snack y bebida, a 15,50 (US$21,70; $32.550). Para una opción más contundente, el fish and chips cuesta 13 libras (US$18,20; $27.300), el poke 14 (US$19,60; $29.400), la hamburguesa 14,80 (US$20,72; $31.080) y los wraps griegos -de halloumi, chicken o combinados-, una especie de taco, van de 11,75 (US$16,45; $24.675) a 15,50 libras (US$21,70; $32.550). Para bolsillos más holgados, la langosta, claro, juega en otro nivel: 28,50 libras (US$39,90; $59.850).

La bebida también se destaca en casi todos los puestos de comida del predio del All England. Una cerveza cuesta 8,20 libras (US$11,48; $17.220), mientras que en el bar de la cerveza oficial del torneo la pinta tirada se vende a 8,95 (US$12,53; $18.795), la versión sin alcohol a 8,30 (US$11,62; $17.430) y la botellita de 330 ml a 8,20 (US$11,48; $17.220). El combo de frutillas con crema más cerveza llega a 9,30 libras (US$13,02; $19.530).

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El Pimm’s, otro clásico británico del verano (un famoso aperitivo a base de ginebra, de sabor agridulce, cítrico y herbáceo), se ubica en un lugar privilegiado en los locales gastronómicos. El Pimm’s No. 1 Summer Cup con copa de vidrio cuesta 13,45 libras (US$18,83; $28.245). La opción con vaso de plástico es 5,4% más barata, alrededor de 12,72 libras (US$17,81; $26.720). También aparece el refill por 5 libras (US$7; $10.500). En el extremo más sofisticado, la copa de vino cuesta 7,20 libras (US$10,08; $15.120), la botella de vino 35,70 (US$49,98; $74.970), la copa de champagne 27,90 (US$39,06; $58.590) y la botella 98 libras (US$137,20; $205.800).

Pero Wimbledon no termina en la comida. El torneo es también una enorme tienda a cielo abierto, donde cada objeto parece diseñado para convertir la visita en recuerdo. El programa oficial cuesta 12 libras (US$16,80; $25.200), una pelota grande para autografiar por los jugadores 22 (US$30,80; $46.200), la mediana 16 (US$22,40; $33.600), una mini raqueta del sponsor oficial 19,99 (US$27,99; $41.979), un póster 20 (US$28; $42.000), las muñequeras 8 (US$11,20; $16.800) y un tubo de cuatro pelotas Slazenger 10 libras (US$14; $21.000).

El agua mineral oficial del torneo ofrece un buen servicio a los espectadores: la primera botella se vende y la recarga es gratis durante toda la jornada
El agua mineral oficial del torneo ofrece un buen servicio a los espectadores: la primera botella se vende y la recarga es gratis durante toda la jornada

La toalla oficial, uno de los objetos más buscados por los fanáticos, se lleva por 40 libras (US$56; $84.000) y se ofrece en verde, rojo o violeta. La gorra llega a 35 (US$49; $73.500), la taza a 14 (US$19,60; $29.400), la botella recargable de 530 ml a 40 (US$56; $84.000), los llaveros a 10 (US$14; $21.000), las lapiceras a 3 (US$4,20; $6.300), el paraguas-sombrilla a 45 (US$63; $94.500), el bolso en verde, violeta o blanco a 20 (US$28; $42.000), la libreta Moleskine a 20 (US$28; $42.000) y el set de tres pines a 12 libras (US$16,80; $25.200).

Para la reventa de entradas la condición es clara: no hay reembolsos ni transferencias, incluso si el juego se suspende. La recaudación, descontados los impuestos, se dona a organizaciones benéficas

Hay, además, una pieza que resume como pocas la forma en que Wimbledon convierte su liturgia en merchandising: la mascota del torneo (bautizada “Pip”), un peluche con forma de frutilla, cuesta 24 libras (US$33,60; $50.400). Es, probablemente, el souvenir más codiciado, incluso para los jugadores: Aryna Sabalenka, la número 1 del mundo, se emocionó cuando el torneo le regaló una versión XL. Y si el celular no resiste una jornada larga entre fotos, videos, resultados y mapas, también hay cargadores de batería por 10 libras (US$14; $21.000).

Las pelotas gigantes para autografiar cuestan el doble que dos tubos de pelotas para jugar en la Argentina: 40.000 pesos
Las pelotas gigantes para autografiar cuestan el doble que dos tubos de pelotas para jugar en la Argentina: 40.000 pesos

En medio de una oferta gastronómica y de merchandising que puede volverse áspera para cualquier bolsillo, Wimbledon conserva una tradición: el Ticket Resale de la Wimbledon Foundation, apoyado por uno de los patrocinadores principales. Cuando los espectadores que tenían entradas para las canchas principales abandonan el predio, el torneo escanea esos tickets y vuelve a poner los asientos a la venta. La mayoría de las reventas ocurre hacia el atardecer y los valores son casi una rareza dentro del All England: 15 libras para el Centre Court (US$21; $31.500) y 10 libras para las canchas No. 1 y No. 2 (US$14; $21.000). La condición es clara: no hay reembolsos ni transferencias, incluso si el juego se suspende. La recaudación, descontados los impuestos, se dona a organizaciones benéficas y grupos comunitarios a través de la fundación del torneo.

La recarga de batería para los exigidos celulares de los espectadores cuesta 10 libras, unos 24.000 pesos argentinos
La recarga de batería para los exigidos celulares de los espectadores cuesta 10 libras, unos 24.000 pesos argentinos

Así, el All England Club sostiene una fórmula que parece simple y no lo es: hacer que cada consumo tenga algo de ritual. Las frutillas con crema no son solo un postre; el Pimm’s no es solo un trago; la toalla no es solo una toalla; el programa no es solo papel. Todo forma parte de una experiencia cuidadosamente administrada, no apta para la mayoría de los bolsillos argentinos.