Qué fue de la vida de Malena Luchetti: “Es injusto que crean que desaparecí de la nada. Pasó algo”

Qué fue de la vida de Malena Luchetti: “Es injusto que crean que desaparecí de la nada. Pasó algo”

En esta entrevista con LA NACION, la actriz contó que vivió un traumático episodio cuando tenía 12 años con un hombre que “apagó” sus sueños; hoy, a los 34, se animó a hablar motivada por el testimonio de su colega Rocío Igarzábal

Año 2004. Malena Luchetti tiene 12 años. Trabaja como actriz desde los tres y su cara es muy popular en la televisión: hizo comerciales, formó parte de los elencos de La niñera y Resistiré, entre otros. Además, a sus ocho ganó un Martín Fierro a la mejor actuación infantil por su personaje en Campeones de la vida.

Año 2026. Malena tiene 34 años. Sigue trabajando como actriz y el Ni una menos la incentivó a contar su verdad, la que calló por tanto tiempo. Incluso a su entorno. Por caso, muchos se enteraron por un posteo que escribió en las redes sociales semanas atrás. “Un día un tipo me apagó los sueños - contó en su cuenta de Instagram-. Dudé muchísimo en escribir este texto, pero me siento valiente y entusiasmada por todas las que hablan y porque me merezco cerrar ese capítulo y no quedarme en silencio”, aseguró Luchetti.

El posteo de Malena Luchetti
El posteo de Malena Luchetti

“Cuando era nena, era una actriz llena de luz, llena de sueños. Un día en mi edad preadolescente, siendo famosa y súper expuesta con las dificultades que eso traía para mi cuerpo, para mi artista, conocí a la persona equivocada que me apagó los sueños durante años”, agregó en el texto que escribió motivada luego de la denuncia pública que hizo su colega Rocío Igarzábal, quien contó que fue abusada cuando tenía cinco años.

En una entrevista exclusiva con LA NACION, Luchetti sostiene que no importan los detalles sobre lo que vivió cuando era una niña, que lo importante es que otras mujeres se animen a hablar, “que no se calle ninguna”.

—En el posteo que escribiste, decís que un hombre te apagó los sueños, hablás de oscuridad. ¿Querés contar lo que te pasó?

—No hace falta que cuente detalles, no es necesario. No es nada extraordinario que no le pueda pasar a cualquier mujer. Si una agarra a 10 mujeres, a 8 o 9 les pasó algo incómodo con algún hombre en su vida. Es estadística, el número es muy alto. Justo en mi caso en particular siento que fue en una época en la que no se hablaba de estos temas y la información era diferente. Ahora tenemos información al alcance de la mano, nadie está exento de escuchar al menos una voz un poco más feminista que te pueda alertar o hacer pensar. Eso en mi época no pasaba y tampoco era un tema que estaba instalado en agenda. A mí, por desgracia, me pasó, y también viví situaciones incómodas otras veces. Atrás de Thelma Fardín venimos varias, pero siento que cada una lo lleva como puede. No todas podemos llevarlo con el mismo nivel, pero tampoco quiero que suene desesperanzador porque no me gusta dar ese mensaje.

—¿Vos lo conocías?

—No quiero dar nombres ni otros detalles porque es demasiado complejo incluso para mi familia. Recién me animé a hacer un posteo después de muchísimos años, y eso para mí fue un montón porque me tengo que hacer cargo de estas cosas. Está bueno porque abre voces, es lo único bueno. Después, el resto es un horror. En ese momento en mi cabeza de piba se detuvo todo, fueron muchísimos años de callar, de dejar de ser yo misma. Yo venía haciendo un programa atrás de otro en televisión, hacía lo que me gustaba, que era actuar, era brillante. Y fueron años en los que me apagué, no era la que era. Y es fuerte porque tuve que recuperar mi carrera de una manera muy ardua. Porque si una desaparece, la gente se olvida. Aunque a mí no me importa porque me da lo mismo actuar en un proyecto que lo ven millones de personas o en algo más chico. Pero es fuerte porque tenés que rearmarte. Primero, tu psiquis, que en ese momento no funciona como la de un adulto. Por suerte no es algo que está presente en mi vida cotidiana, estoy consciente, pero no está atormentándome, porque tuve contención, hice terapia durante muchos años. También tengo un marido que es psicoanalista y que es divino. Por eso hay que pensar bien en el mensaje que quiero dar, para que ninguna se calle más nada.

"Se empieza de a poco, hablando con gente de confianza y después cada una lleva su camino y su lucha a su manera", reflexiona la actriz
"Se empieza de a poco, hablando con gente de confianza y después cada una lleva su camino y su lucha a su manera", reflexiona la actriz

—¿Pudiste contarle a alguien en ese momento?

—En su momento no. Muchos años después. Me animé a hacer un posteo después de mucho tiempo porque el tema está en agenda y porque vi el posteo de Rocío Igarzábal y dije: “¿por qué yo no puedo contarlo?" Es importante leer a otras chicas que se animen, que hablen, leerlo y decir “a mí también me pasó”. ¿Sabes qué me pasaba? Me parece muy injusto que creyeran que había desaparecido de la nada. Pasó algo. También por eso hablé, no por bronca, pero sí para contar: “Che, a mí también me pasó algo”. Eso, a nivel personal, fue lindo y liberador.

—¿Te costó aceptar propuestas laborales después de eso?

—No estaba en condiciones, estaba atrapada por el tema. No fue algo de una sola vez, quedé atrapada durante años. Hablaba con gente y no había una respuesta concreta de que eso estaba mal. Siempre se habló del feminismo, pero no como ahora. Thelma fue la propulsora y también fue clave lo que hizo Actrices Argentinas. Fíjate que la denuncia de Thelma fue hace muchos años y yo recién ahora pude contarlo públicamente. Para llegar a hacer un posteo así fueron años de charla, de terapia. Se ve el posteo, pero no el proceso emocional que hay detrás. Cada una lo lleva como puede. Me da pena que haya pibas que nunca se animen a hablar. Lo que me parece importante es rescatar esto de que las mujeres tenemos el aprendizaje de no juzgar, de escuchar y aprender. La chica que no tiene nadie, que sepa que alguien seguro va a haber. Pero para eso tenemos que estar muy educados en estos temas como sociedad.

—Empezaste a trabajar en los medios a los tres años.

—Sí, y a los cuatro ya estaba filmando una novela con Ana María Picchio. A los siete tuve mi primera nominación a un Martín Fierro y lo gané al año siguiente. Después seguí trabajando, hice Campeones, Son Amores, La Niñera, también fui jurado de "30 segundos de fama kids", de ShowMatch. Pero tras lo que me pasó a mí a los 12 años, empecé a tomar otros caminos.

—¿Cómo seguiste después de esa situación?

— Después hice otras cosas, me llamaban para ser panelista, pero yo quería actuar. Yo soy actriz de raza. Toda mi adolescencia estudié cine. Estuve en el mismo lugar, pero detrás de cámara. Después retomé la actuación con Esperanza mía, y también hice teatro, mucho teatro independiente. Lo que es fuerte para una persona que le pasó lo que me pasó es que no perdí la pasión. Porque una cosa es actuar y otra es ser famosa. Cuando sos niño no sé si lo elegís, una quiere actuar, y después está la fama, hay una hiperexposición. Imaginate hablar yo en ese momento, era una nena. Yo no procesaba que en ese momento salía a la calle y la gente se me tiraba encima. Además, yo no estaba en un colectivo de chicos porque no hacía tiras infantiles, yo era la única nena entre adultos. No estaba con pares.

Los trabajos de TV de Malena Luchetti
Los trabajos de TV de Malena Luchetti

—¿Cómo siguió tu carrera después?

—Además de estudiar cine, hice una Licenciatura en Comunicación Audiovisual y de a poco fui retomando la actuación, porque volví. Parece que uno desaparece porque te dejan de ver en algo popular, aunque yo igual siento que nunca me fui del todo. Sí hubo algo que pasó y que fue muy fuerte, y que yo no podía sostener la exposición. Pero, pensándolo bien, nunca me terminé de desconectar del todo, y creo que eso fue lo que me salvó: seguir con mi pasión, buscando, investigando.

—Dentro de lo horrible, pudiste rescatar algo...

—Es horrible y no debería pasarle a nadie, pero yo siento que pude capitalizar mi dolor y lo que me había pasado en el arte, haciendo obras de teatro, estudiando cine, filmando, inventando historias, escribiendo guiones. Quizás independientes, o más chicas, pero nunca dejé de expresarme a través del arte. Hasta que pude poner las cosas en palabras de manera más contundente. Lo artístico siempre me salvó, me salvó de colapsar. También estudié teatro musical, me salió lo de Esperanza Mía, un proyecto me llevó al otro. Y fui muy autogestiva: porque había estudiado e investigué áreas de lo artístico. Entonces, si quería hacer un producto, ya sabía cómo montarlo. Más la experiencia de haber trabajado desde chica. Mi cabeza fue ampliándose cada vez más y hoy me encuentro siendo un ser de 34 años con, literal, 30 años de trabajo. Hasta te diría que al día de hoy estoy en mi mejor momento. A veces me siento una jubilada, pero que labura de lo que le gusta.

Un mensaje esperanzador

—A esta altura de tu vida y de tu carrera te das el gusto de aceptar trabajos que te gustan y no por necesidad.

—Totalmente, con buenos equipos, con gente piola. A todas les debe pasar lo mismo. Thelma se debe vincular con gente que quiere y con la que se siente cómoda.

—¿Tuviste la posibilidad de hablar con Thelma?

—No, pero me encantaría. Es un camino que estoy iniciando recién ahora. En estos casos lo importante es dar un mensaje social de que hay una organización, que haya un mensaje esperanzador, que se hable, que salgamos a la calle. Las mujeres estamos despiertas y la sociedad está acompañando. Uno tiene que decir que lo más importante es la esperanza. Siempre hay que seguir. Que nadie te aplaste, que puedas levantarte y seguir. Hay puertas que se cierran y hay que volver a abrirlas. Tampoco fue tanto el tiempo que estuve alejada de los medios, habrán sido un par de años. Lo anormal fue la carrera que hice, con tantos años trabajando.

View this post on Instagram

—Mencionaste a tu pareja, ¿hace cuánto están juntos?

—Yo le digo “mi marido” por el vínculo que tenemos, porque convivimos, pero no estamos casados. Estamos juntos desde hace dos años; es una relación muy fuerte. Se llama Unai Rivas Campo, es psicólogo y hace contenido de análisis en las redes sociales. Es vasco y vive en Argentina desde hace 23 años, solo le quedó el acento, es muy argentino.

—¿Cómo se conocieron?

—Él es poeta y organizaba ciclos de poesía. En este camino que hice en el under en el que también dirigí, hice rental de vestuario durante años, lo conocí en uno de esos ciclos. Yo leía mis textos y por ahí los hacía más actuados o más performáticos, la gente me reconocía y él se acercó, me empezó a preguntar de mí.

Sus proyectos actuales

—¿Qué estás haciendo ahora?

—Estoy actuando en dos obras de teatro: El próximo furor, dirigida por Los Pipis, los viernes a las 21 en el Teatro Empire; y El Hambre, los domingos a las 19 en el Teatro Arriba. Además, tengo proyectos para el año que viene, estoy trabajando en la preproducción de una película, también para actuar.

—Tenés muchos proyectos por delante.

—Sí, por lo menos por un tiempo largo, solo voy a actuar. Trabajo desde muy chica y me salvó no parar. Soy muy laburadora. Y cuando empezás a hacer esto desde muy chico, aprendés a laburar y a hacer de todo. Me mantuvo muy conectada la pasión, seguir formándome, seguir actuando. Por momentos pienso en qué hubiera pasado si hubiera seguido en lo popular. Capaz que hubiera estado bueno, pero no hubiera vivido todo lo que viví después: pude estudiar, formarme. A veces uno está en la vorágine y no hay tiempo para nada.

—¿Qué mensaje te gustaría dejar?

—Insisto en que el mensaje sea que no nos callemos más, que se hable. Sea lo que sea, por más chiquito que pueda parecer. Se empieza de a poco, hablando con gente de confianza y después cada una lleva su camino y su lucha a su manera. Las que por ahí estamos más expuestas, se carga con otro peso porque está la lupa puesta y somos más juzgadas, pero en definitiva todas somos juzgadas. A veces falta esperanza y una cuota de ternura en la gente. La realidad es muy hostil. Por ahí suena como una frase de sobre de azúcar, pero es la verdad y es lo que siento. ¿Y sabés por qué no doy detalles? Y no juzgo a ninguna, cada una puede hacerlo como lo siente. Lo que pasa es que hoy es Malena, mañana Lucía, pasado Martina, y puedo seguir... Si no, todo se vuelve particular y acá el problema es social.