Murió Daniel Melingo: la entrevista inédita con Clarín que no llegó a publicarse

Murió Daniel Melingo: la entrevista inédita con Clarín que no llegó a publicarse

  • El músico, ex Los Twist y ex Abuelos de la Nada, falleció a los 68 años.
  • En septiembre iba a presentar una nueva versión de sus "Tangos Bajos" en el Teatro Coliseo, por lo que charló con un cronista de este diario.
  • La nota estaba lista para su publicación.

Murió Daniel Melingo, una parte indispensable del rock argentino de los '80 para acá, y también del tango. En septiembre iba a dar un show en el Teatro Coliseo para presentar una nueva versión de sus Tangos Bajos, hechos ahora en duetos y acompañados por una película. Clarín lo había entrevistado y la nota estaba lista para salir cuando se conoció la noticia de su muerte, a los 68 años.

A continuación, la entrevista póstuma a Melingo, un hombre que defendía a sus amigos, a su obra y podía diversificarse a otros proyectos, como la producción de un vino Malbec con su nombre. Aquí, la transcripción.

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-No sé cómo preguntarte esto con relación a Pity Álvarez, pero me da mucha curiosidad saber cómo es trabajar con un colega que mató a una persona.

-¿Qué querés saber vos?

El gesto fruncido de Daniel Melingo equivale a mirar por el cañón de una pistola. Dice: el periodismo siempre lo mismo. Dice: ya sé qué vas a titular, y lo dice con una respiración casi táctil. "¿Qué querés saber? ¿Querés saber de Pity? Yo al Pity lo conozco y lo admiro hace 20 años. Admiro esa vibración. Nos conocemos, nos conocemos mucho -susurra y se queda colgado-. La realidad es tan complicada que uno siempre intenta simplificarla. Eso pasa también con la música y las etiquetas. Peter Gabriel inventó la World Music y nos cagó. En Nueva York mis discos de tango estaban en las bateas de World Music.

-No lo ves como a un asesino.

-A mí me pasó y aprendí que hay que ir a lo importante en las entrevistas. Antes me hacía amigo de algunos periodistas y después me mandaban al frente con el título que vende. Pity. Pity... ¿Qué querés saber? El y yo tuvimos novias que eran amigas en común. Me gusta su talento reluciente. Lo sigo desde el siglo pasado. Por lo demás, no soy juez, no estudié Derecho y no me interesa juzgar a nadie. Es imposible que me saques una sola palabra sobre el tema. No soy de dar opiniones éticas.

Había sido noticia viral en octubre de 2024, cuando se estrenó una versión del tema Pesar, de Melingo, en compañía de Pity Álvarez. Eso forma parte del renovado álbum Tangos Bajos, que se hizo en forma de duetos y contó, entre otros, con la participación del ex líder de Viejas Locas. Melingo ligaba la difusión de rebote porque Pity, con su gárgara vocal y una anatomía desmadrada, volvía a poner su voz en una grabación luego de muchos años.

La canción, originalmente grabada en 1998, marcaba el desembarco de Melingo en el mundo del 2x4. Viniendo de un ex Los Twist y Los Abuelos de la Nada, en su momento se ha llegado a creer que el tango resultaba, básicamente, una salida laboral. Hacia fines de los '90, su solo nombre producía cierto malhumor y desconfianza. Malhumor del rock, que intuía un buraco musical. Y desconfianza del micromundo del tango, siempre tan conservador y repelente.

Con el tiempo, Melingo pasó de advenedizo a clásico de culto. Hoy es casi el único referente del tango. Suena raro admitirlo. Queremos saber qué piensa de esto y contesta levantando la mirada como si fuera el de La Naranja Mecánica.

-¿No trajiste preguntas para hacer?

Algo no salió del todo bien para que Melingo se haya convertido en esto. En su momento, Nacha Guevara hizo su heavy tango, estaban los grupos de tango electrónico, Javier Calamaro había llegado a decir que el tango era su puerto definitivo. Celeste Carballo hizo su disco de tango. El tango estaba tan joven que llegaba al Suplemento S! de este diario. Era como el potrero perdido para la gente del rock que empezaba a peinar canas.

Movilidad permanente

Melingo, además, debía ser la clase de músico que creería estar muerto si se quedaba quieto y aseguradito tocando siempre la misma canción. Es inevitable, sin embargo, no asociarlo a la década anterior, a Los Abuelos, a Los Twist y a un peinado que pasó de raro a desquiciado.

“Empecé a estudiar seriamente la proyección de la voz cuando me puse a cantar tango. Necesitaba una técnica para poder hacerlo una o dos horas. Con el rock no estaba acostumbrado a ese protagonismo. Empecé con una manera rústica de hacer el tango. Con los años lo fui sofisticando con orquestas e instrumentos, buscando un timbre que pudiera ser bien personal”.

-Corazón y hueso es un tango tuyo que suena bien pop.

-No es un tango, es una balada, es una canción. Está escrita por María Celeste Torres, que es mi compañera, la madre de mi hijo. Ella hace hermosas canciones. Es una gran compositora a la que le bajan estas cosas que a mí me ayudan a expandir.

Así que un día Melingo se hizo al tango y pareció hacerlo con toda la rabia del converso. Alguna vez, con los pelos revueltos, marginalizado, ceniciento y rengueando por Corrientes, lo hemos confundido con un linyera. Se lo contamos. Sonríe. Parece disfrutar de ese alter ego. Para molestarlo, le decimos que La canción del linyera podría haber sido un tema de de Los Twist. “A mí me parece lo mismo, pero no quería decirlo para ver qué decían ustedes”.

Dejó algunos hits radiales para empezar a mencionar autores como Carlos de la Púa, Celedonio Flores, Enrique Cadícamo o Luis Alposta. Las puertas del tango se le abrieron cuando tenía 40 años. El dice que sólo cambió la guitarra por el bandoneón, y que luego todo se trata más o menos de lo mismo: formas híbridas que vienen de la cultura popular argentina más profunda, pero también de sonidos autóctonos europeos, lecturas, pedazos de películas y un tozudo estudio del lunfardo.

A esta altura, grave y cavernoso, ubicado en un primerísimo plano casi de parodia, sigue siendo extraño entender que Melingo ya lleva más años con el tango que con el rock. Esa desorientación se manifestaba en el tránsito de un lugar a otro, cuando la pregunta era: ¿cuántos Melingos caben en Daniel Melingo? Había que pasar por el Melingo de Chalaman, himno reggae de Los Abuelos de la Nada, o por la mitad perfecta de Los Twist -el autor de gemas como el Hulla Hulla o Cleopatra-. Pero también por el integrante de alguna formación de Charly García y por su experimentación de vanguardia española con los Lions in Love.

Una cosa es segura: cuando aparecieron Los Twist se acabó Raúl Porchetto. “Mi inquietud me condena y me nutre, pero nunca estoy en el momento preciso. Siempre llego tarde a la hora de recoger”.

El reggae, Chalaman y el tango

En los ‘80, la marihuana era algo que para los padres se inyectaba de forma intravenosa. Había poquísima información. El tango quedaba tan lejos como ahora y Melingo era una de las figuras omnipresentes de la contracultura. El reggae asomó con él. Después -más concheto y menos multitudinario que Los Abuelos- fue inspiración de algunos temas de Sumo. Y recién después tomaría forma de género con Los Pericos.

-Tuvimos nociones de lo que es el reggae a partir de una canción tuya, Chalaman, en un grupo tan popular como Los Abuelos. Nociones sobre el reggae y también sobre la marihuana. ¿Sos consciente de eso?

-El reggae era una novedad y la hibridación era una de las condiciones de Los Abuelos. Fue intuición, siempre es la intuición. No especulé para nada. Luego viene el análisis. En el momento de hacer Chalaman es como que la expulsé.

Estamos en un bar de Villa Ortúzar, cerca de su casa. La excusa es el lanzamiento Tangos Bajos (Rework), álbum/documental que marcó su debut solista y el inicio de una carrera dentro del 2X4. La revisión del material se basa en dúos con nombres como Fito Páez, Andrés Calamaro y el mencionado Pity Álvarez.

Le decís que el último tango popular fue Café La Humedad, de Cacho Castaña, hace 50 años, y querés saber si no se siente un poco solo.

-No -y te mira.

Duele comprender que el tango murió. No se sabe cuándo ni dónde, lo cierto es que fue desapareciendo de la faz popular. Te acordás de la campeona María Inés Bogado, que fue noticia por ser ganadora en la categoría Salón del Mundial de Tango. La chica trabajaba a la gorra en Plaza Dorrego.

Es como si de golpe Melingo tuviera la obligación de salvarlo. Una bolsa de cal le tiraron. Ya Astor Piazzolla, en los '70, debía responder a la pregunta sobre la salud del género. “Lo que hace falta es gente nueva que escriba tangos. Faltan compositores, faltan letristas y faltan intérpretes”.

-Qué loco, Dani: pasaste de ser un recién llegado a ser casi el último exponente.

-Eso es subjetivo. Me preguntás si me siento solo y en la vida lo único que hacemos es encontrarle el gusto a la soledad. Mala prensa tiene la soledad. No la terminemos de comprender. La soledad es buena. Y en la música, el silencio es más importante que el sonido. Para potenciar un sonido tiene que estar bien puesto el silencio.

El próximo 21 de septiembre, Día de la Primavera, Melingo piensa celebrarlo con la presentación oficial de su álbum revisitado en el Teatro Coliseo, donde grabaron también Pablo Lescano, Julieta Laso, Maxi Prietto, Broke Carrey, Juliette Noureddine, Stefanie Ringes y Vinicio Capossela.

Este 2026, su nombre estuvo nominado a los premios Gardel con el tema La guitarra, junto a Fito Páez, en la terna Mejor canción de tango. En 2025 también fue reconocido por el Pesar, junto a Pity Álvarez en los mismos premios.

Melingo habla de la poca paciencia del público en la era digital. Se queja de la satisfacción instantánea y el exceso de dopamina. “La gente ya no quiere escuchar. Esa es la síntesis. Todo se reduce al consumo inmediato de productos, a la sobreestimulación de la vida cotidiana y el empacho impulsivo. Ya no se permite la reflexión y el entendimiento. La música no es una competencia. Esto no es deporte, donde hay podios. Tenemos que tratar de ser honestos. No podemos ir en contra de lo que nos pasa como artistas”.

En 1985 grabó Esta es mi presentación, con Los Twist, que es una especie de milonga. O sea, no hay ocurrencia ni exageración. Rock, tango y música clásica lo acompañan desde siempre. En los 90s, Guillermito Fernández observaba atónito el fenómeno: “Mucha gente se sube y se mimetiza, hay mucho bardo con el tango”, decía entonces.

La avalancha llegaba con una furia ortodoxa a pura interpretación de Caminito y Naranjo en flor. Se hablaba de Homero Expósito, de Cátulo Castillo, Julio Sosa, Cadícamo. Se ponía de moda Mora Godoy diciéndole a Mick Jagger que bailar el tango era re copado. Hoy leemos que Ariel Ardit es un tanguero con Sandro metido bajo la piel.

Tres trabajos y la academia en el rock

-Pero vos tocaste con Los Abuelos, Los Twist y Charly García...

-Con los tres al mismo tiempo. Entre Los Abuelos y Los Twist tuve que elegir y me quedé con Los Twist porque ahí yo era el compositor con Hugo (Pipo Cipolatti) y en Los Abuelos, si bien era una de las seis puntas de la estrella, como decía Miguel, yo me sentía más relevante en Los Twist. En un momento tuve que elegir porque se me pisaban las fechas y yo tocaba en tres bandas. Se me superponían los recitales. Elegí por Charly, que acababa de editar Yendo de la cama al living, y por Los Twist. Lo que me caracterizó en mi carrera es que soy multiinstrumentista y puedo tocar guitarra y clarinete, que son mis instrumentos principales, pero también saxo, teclados.

-Vos tenés estudios, pero nunca estuvo muy de moda ser académico en el rock.

-Hay una confusión con eso de saber leer o no leer música. El academicismo está hecho para estudiar. Cuando uno hace música, toca con la oreja. O sea, la academia es solo para educar tu oído. Los grandes concertistas de piano tocan de memoria, no leen la partitura. Mentira que leen la partitura. La partitura es para estudiar. La música, en realidad, se toca siempre de oído y recién termina de sonar en quien la escucha.

-Charly García produjo el primer y exitosísimo La dicha en movimiento, de Los Twist, pero después se llevó a Fabiana Cantilo y te desarmó al grupo.

-No desarmó nada.

-¿Por qué se fue Fabiana?

-Porque era muy impredecible. Con Andrés Calamaro hablamos de lo complejo que es lograr un equilibrio en este oficio. El egoísmo está muy presente. Por un lado está el egoísmo y por otro la necesidad del ego para que un artista funcione. El artista es autorreferencial por definición, solo que en charlas como estas uno trata de disimularlo un poco. Nosotros nos enteramos de que Fabiana se había ido en un show. Me acuerdo que fue en la discoteca Skylab, un histórico boliche de San Justo. Ella no llegaba, no llegaba, no llegaba y tuvimos que salir a tocar nosotros solos. En ese momento, esas canciones del primer disco de Los Twist eran tan famosas que no se notó su ausencia. Te juro, las canciones las cantaba el público. Pero fue así que nos enteramos de que se había ido de la banda.

-¿No te molestó que se fuera a cantar con Charly? Encima vos te habías inclinado por seguir en Los Twist…

-Charly nos dio más de lo que nos quitó. Aprendés estando con él. Para mí es un arquitecto de la canción perfecta. Yo soy un total agradecido. Estuve siete, ocho años con él. Agradecido a él y a Miguel Abuelo. Miguel era un gran decidor, tenía un carisma que venía de fabrica y estaba en su ADN. Una voz espectacular con colores folclóricos. Lo extraño muchísimo a Miguel. Siempre me lo imagino viejito y conmigo...

-¿Hiciste guita?

-(Gana tiempo repreguntando qué sería “hacer guita”). Mirá, hace 50 años que vivo modestamente muy cómodo. Trabajando de músico, que no es poco. Es un laburo independiente que tiene muchas oscilaciones. Ahora tengo un emprendimiento paralelo de vinos -y saca una botella del Melingo Malbec-, un vino que te va a gustar. Probalo y me contás.