Milei debe bajar una de sus banderas preelectorales para conformar al FMI

Milei debe bajar una de sus banderas preelectorales para conformar al FMI

En 2018, mucho antes de llegar a la Casa Rosada, Javier Milei protagonizó una obra de teatro cuyo final era la demolición del Banco Central. Ocho años después, el FMI le exige justo lo contrario: adoptar el modelo de autonomía que aplica desde 2006 el peruano Julio Velarde, con prohibición expresa de emitir deuda o financiar al Tesoro. Con una deuda de US$ 57.250 millones como acreedor, el organismo ya no confía en experimentos: quiere un Banco Central autónomo, no uno que desaparezca. La ficción libertaria choca con la letra chica del acuerdo.

En 2018, cuando ya era un potencial político pero aún estaba lejos de la Casa Rosada, Javier Milei protagonizó una obra de teatro en plena calle Corrientes. Se trataba de El consultorio de Milei y se representaba, con bastante éxito por cierto, en el Teatro Picadilly. Lo acompañaban el gran humorista Claudio Rico y Diego Sucalesca.

Y lo que más se recuerda de esa performance era el final. Un Milei sacado, avanzaba con un bate de beisbol y rompía una maqueta del edificio del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Explicaba así una de sus máximas: la entidad que regula la moneda debía desaparecer. Junto con la dolarización, fueron en la campaña que llevó al libertario al poder, las dos ideas fuerza. Si Milei ganaba la Presidencia, durante la campaña electoral del 2023, se avanzaría en el fin del BCRA. De alguna manera u otra.

En el mismo año en el que Milei ejercía funciones de actor, el Fondo Monetario Internacional (FMI) volvía al país como acreedor plenipotenciario de la Argentina. Durante el gobierno de Mauricio Macri se firmaba un acuerdo Stand By, un tipo de tratado con el organismo financiero por el cual se obligaba a ejecutar algunas metas fiscales y monetarias, y otras estructurales. Una de estas era la reforma de la carta orgánica del Banco Central. Y se le imponía a Macri y sus manejadores de la economía los lineamientos que debían respetarse para esta modificación de la carta impulsada en el 2012, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Según el organismo, que en esos tiempos estaba dirigido por Christine Lagarde, la línea editorial que debía respetarse, era un fortalecimiento de la institución Banco Central, dándole autoridad sobre la emisión monetaria y la defensa del peso; además de la fiscalización total de la velocidad de lanzamiento de deuda por parte del Tesoro. Incluso se le imponía al gobierno de Mauricio Macri un ejemplo concreto. El del peruano Julio Velarde Flores, el titular del Banco Central del Perú, quien ya en ese tiempo era considerado una leyenda para la estabilidad de la economía de su país.

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Hoy más que nunca

Aquel 2018 mostraba dos ejemplos de reformas de la entidad monetaria para solucionar el mismo problema argentino: la inflación creciendo y destructiva fruto de la emisión monetaria descontrolada y el desprecio del peso como moneda nacional.

Ahora llegó el tiempo de avanzar sobre la reforma del Banco Central. Y, según parece, llegará el momento de archivar la propuesta del libertario expresada en aquella obra de teatro, y de avanzar en el ejemplo de Velarde Flores. Al menos si Argentina quiere seguir teniendo buenas relaciones con el FMI. Algo inevitable si se tiene en cuenta que el Fondo es acreedor del país en unos probablemente impagables U$S 57.250 millones.

No puede sorprenderse Milei de lo que el Fondo pretende sobre el Banco Central. Quedó en claro en junio del 2024, cuando se publicó el informe de presentación técnica por la aprobación de las metas del primer trimestre de ese año, del acuerdo de Facilidades Extendidas que se había firmado enero del 2024 y que regía en aquel entonces. En el escrito firmado por el departamento para el Hemisferio Occidental manejado entonces por el chileno Rodrigo Valdés (luego eyectado de las negociaciones con Argentina), se mencionaba que el futuro de la política cambiaria argentina debe asimilarse a la experiencia peruana implementada desde 2006 por Velarde. El FMI le puso incluso nombre al esquema: flotación libre a la peruana. Sólo así, el organismo podría pensar en algún tipo de desembolso de miles de millones de dólares. En definitiva, el Fondo no confiaba ni confía en muchas experiencias continentales. Salvo la peruana. O la de Uruguay, que a su vez siguió también el ejemplo de las doctrinas de Velarde.

Éstas son claras, simples y duras. Comienza por una definición del titular del BCRP. “Somos autónomos”. Aclara el titular del banco que, si bien la carta orgánica de la entidad marca su independencia desde 1979; recién con la llegada de Velarde se aplicó en los papeles. Fue el encargado de entregar estabilidad al sol peruano, moneda que se transformó en la más respetada de la región. Cuenta el economista, que una de las máximas es que se le entregó al BCRP la obligación de proteger al sol, bajo la consigna de la prohibición de prestar dinero al Poder Ejecutivo, más allá de las obligaciones presupuestarias. Las que a su vez prohíben el financiamiento de un déficit fiscal, salvo aprobación por mayoría absoluta del Congreso Nacional. Si el titular del BCRP le prestara dinero al Tesoro para financiar un descubierto primario, esa persona y el resto del directorio sería removida.

Velarde tiene también terminantemente prohibido emitir deuda, voluntaria o involuntaria; así como implementar transferencias de pasivos del Ejecutivo a la entidad. Si esto ocurriera, también sería destituido. De más está decir que si se aplicara esta norma, desde el 83 en adelante, ningún titular del BCRA podría haber permanecido mucho tiempo en el cargo.

En cuanto a la política cambiaria, no puede haber valores alternativos entre el peso y el dólar. Nada de dólar Tarjeta, CCLs, MEPs, oficiales varios, y mucho menos algún Blend, Fernet, o similar. No puede haber tampoco ningún tipo de alteración en el ritmo de liquidación de divisas a la demanda de importadores, demandantes de dividendos o, simplemente, peruanos y residentes que quieran ahorrar en esa moneda. El sol permanece como el dinero oficial. Solo con esa opción se pueden pagar impuestos, o transferir fondos a cualquier dependencia pública comenzando por el pago de salarios. Pero los bancos tienen la libertad de ofrecer cuentas de dólares a los clientes. Y esas divisas son protegidas. Por Velarde. Quien, desde que asumió en 2006, nunca siquiera se aproximó a tocarlas; convirtiendo al sistema financiero peruano en uno de los más fuertes y seguros del continente. Defensor del equilibrio fiscal, siempre defiende el concepto de adecuar recursos con gastos, sin ajustes mayores a los necesarios. Pero nunca desperfilando el criterio de utilizar instrumentos “con los que los administradores deban adecuarse a niveles de gastos determinados”.

Todo este simple catálogo de manejo de la política monetaria y cambiaria peruana impulsada por Velarde, es lo que el FMI quiere desde siempre para el país. Y lo firmó de puño y letra aquel equipo que manejaba Valdés, para que se aplique en la Argentina. Dejaba el Fondo una posición en claro: la idea de demoler el BCRA quedará para otra gestión. Una en la que no se necesiten los dólares del Fondo Monetario para, por ejemplo, abrir definitivamente el cepo. Ese que existe para las empresas. Salvo a las que adhieran al sistema RIGI. Un régimen que también el FMI ve de torcido.

Falta poco para conocer la letra de la reforma del Banco Central que presentará Milei y su gobierno en sociedad. Y se verá si aquella teatral idea libertaria se mantiene. O si el FMI se impone. Una vez más.