- Tuvo una vida de penurias, combatió a los nazis y vivió una historia de amor única con Anne Bancroft.
- En 2027 llega la secuela de "Spaceballs".
Se ve que es cierto eso que dicen, que la risa alarga la vida. Dick Van Dyke llegó a los 100 años el 13 de diciembre pasado. Y este domingo 28 de junio es Mel Brooks el que cumple un siglo de vida.
El creador de El Super Agente 86, Locuras en el Oeste y la inimitable El joven Frankenstein tenía -a lo mejor, lo sigue teniendo- un método para hacer chistes. O, mejor dicho, para que ese gag que se le cruza por la cabeza quede en la película.
“Cuando escribo un chiste, lo leo en voz alta. Si me río, lo vuelvo a leer. Si me río de nuevo, lo digo en voz alta otra vez. Si a la quinta vez me sigue causando gracia, queda.”
No es muy activo en las redes sociales, pero en su perfil de Twitter, Mel Brooks se autodefine como “autor, cineasta, actor, productor y lechero fallido”.
A los 100 años estrenará una nueva película
Pero donde sigue activo es en el cine. Para abril de 2027 se anuncia el estreno de Spaceballs: The New One, secuela de su parodia de 1987 S.O.S. Hay un loco en el espacio. Sí, justo cuando se cumplan 40 años del estreno de la película original.
Y Mel volverá como actor, interpretando a... Yogurt.
¿Sabían que fue considerado por John Carpenter para el papel del Dr. Sam Loomis en la primera Halloween (1978), que terminó interpretando Donald Pleasence? ¿Se lo imaginan persiguiendo al asesino Michael Myers?
Mel Brooks, un baterista analfabeto en música
Mel Brooks nació como Melvin Kaminsky (su nombre artístico es una adaptación del apellido de soltera de su madre, Brookman) el 28 de junio de 1926 en Brooklyn, Nueva York. Participó en la Segunda Guerra Mundial, y cuando volvió del frente de batalla consiguió trabajo tocando la batería en clubes nocturnos en Catskill, al sudeste de Nueva York. Había aprendido a tocar con el legendario baterista de jazz Buddy Rich, que era el hermano de un compañero del colegio, y comenzó a ganar dinero como baterista a los catorce años.
Pero a pesar de ser un consumado y prolífico compositor, es completamente analfabeto musicalmente y su única experiencia con instrumentos musicales fue como baterista. Él tararea toda su música en una grabadora y luego hace que un arreglista la transcribe. Y eso que en 2001 ganó Tonys a Mejor Musical, Mejor Libro de un Musical, y Mejor Partitura Original por The Producers.
Comenzó haciendo actos de comedia -lo que hoy conocemos como stand-up- y también trabajó en radio y como animador en un Resort antes de llegar a la televisión. Fue libretista de Your Show of Shows (1950) y de Caesar's Hour (1954) y hasta del espectáculo de Broadway Shinbone Alley.
El origen del zapatófono de Maxwell Smart
Y como dijimos, es el creador de Maxwell Smart, el temible operario del recontraespionaje. El Super Agente 86 nació de la enloquecida mente de Mel Brooks y de Buck Henry en 1965. Parodiaba a las películas de espías, principalmente a las de James Bond, que ya tenía cuatro protagonizadas por Sean Connery estrenadas en cine, y Max era un primo no tan lejano del Inspector Clouseau, a quien Peter Sellers le había dado vida en ese momento en La Pantera rosa y Un disparo en la sombra.
El zapatófono también fue una ocurrencia de Brooks. Mientras sonaban varios teléfonos al mismo tiempo en la oficina de producción de la serie, Mel se quitó el zapato en un arranque de frustración y comenzó a hablar con un interlocutor imaginario, haciendo reír a todo el equipo.
Pero veamos, por ejemplo, ¿cómo reconocer si una película es de Mel Brooks?
Suelen contener, entre tantos chistes, muchas referencias judías. Pero se niega absolutamente a incluir alguna broma sobre el Holocausto u otras atrocidades.
Siempre hay una escena en la que el personaje principal está sentado y mira fijo, preguntándose qué salió mal, mientras los amigos lo consuelan.
El villano lleva bigote o barba.
Una escena recurrente: un personaje está explicando un plan a otro, y éste repite todo lo que dice el primero, incluyendo algo escandaloso. Después de darse cuenta de esto, el último le dice “¿Qué?”.
El protagonista suele ser un hombre.
Casi todas las películas de Brooks parodian un género o una película.
Tiene una canción y un baile extravagante.
Con frecuencia se burla de Adolf Hitler y la Alemania nazi.
Incluye gags visuales o verbales donde los personajes rompen la cuarta pared y hacen referencia al hecho de que están en una película.
Con frecuencia tiene un personaje cuyo nombre es continuamente mal pronunciado por otros.
No tanta gracia
La vida de Brooks está llena de anécdotas, no todas graciosas. Hijo de inmigrantes, su madre era de Ucrania y su padre, que había nacido en Alemania, murió de tuberculosis cuando Mel apenas tenía 2 años. La familia no tenía dinero para enviarlo a un sanatorio, y Mel de niño necesitó amalgamas para sus dientes, que costaban un dólar cada una. Pero su madre no tenía ese dinero, así que la decisión fue que el dentista se los arrancara a mitad de precio.
Mel luchó en el ejército estadounidense contra los nazis. Decía que se sentía como Errol Flynn cuando recibía instrucción sobre cargas de caballería con caballos y sables. Era cabo, ingeniero de combate que desactivaba minas terrestres y limpiaba edificios con trampas explosivas en Francia y Alemania. Estuvo en la ciudad alemana Baumholder el Día de la Victoria en Europa. Sus tres hermanos también lucharon en la Guerra, y uno de ellos, Lenny, que era piloto, acabó prisionero en un campo de prisioneros de guerra nazi durante 19 meses, donde tuvo que fingir que no era judío.
En el cine, ya en los años ‘70 Melvin Kaminsky había mostrado su afilado sentido del humor. Debutó en la dirección con Con un fracaso, millonarios (1968), en la que reunía en tono de comedia a nazis y productores de Broadway, por la que ganó el Oscar al mejor guion. En 2001, The Producers, como era el título original de la película, se estrenó como musical en Broadway y, con sus 12 Tonys, sigue siendo la obra más premiada de Broadway.
Brooks también tiene en su casa en Santa Monica, California, varios Emmys (por Mad About You) y Grammys, con lo que forma parte del selecto club de artistas distinguidos con los cuatro premios más importantes del cine, la televisión, el teatro y la música estadounidenses.
Con El joven Frankenstein (1974) se burló del cine de terror, con Spaceballs (1987) atacó a la ciencia ficción. Ya más cercano en el tiempo le prestó su voz al conde Drácula en Hotel Transilvania 2. Tiene su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y es viudo de Anne Bancroft, con quien estuvo casado 40 años.
El amor de su vida
Mel solía decir que su esposa era su Obi-Wan Kenobi, ya que ella lo había animado a convertir su película Con un fracaso, millonarios (1967) en un musical de Broadway.
Brooks conoció a Bancroft en 1961, cuando hizo su primera aparición en The Perry Como Show. Sobornó a una mujer que trabajaba en el programa para que le dijera en qué restaurante Bancroft iba a cenar, para que pudiera “accidentalmente” volver a cruzarse con ella y entablar una conversación. Funcionó. Los dos se enamoraron y finalmente se casaron en la Oficina Matrimonial de Nueva York en el Bajo Manhattan, donde un peatón desconocido, un hombre que caminaba por la calle, sirvió como testigo.
“Estoy casado con una mujer hermosa y talentosa que puede levantarte el ánimo con solo mirarte”, dijo de Bancroft, de quien enviudó en junio de 2005.
En 1962, cuando finalizó su divorcio de su primera esposa, Brooks escribió un guion original titulado El matrimonio es un sucio fraude podrido. Nunca se filmó.
Entre vinos franceses y chistes flatulentos
Brooks es un tipo sofisticado. Coleccionaba vinos franceses de lujo y ha contado que era el compañero de almuerzo favorito de Cary Grant. Así y todo, en la serie de Hulu, La loca historia del mundo, Segunda parte, hasta ahora su última creación, se pueden encontrar todos los estilos cómicos característicos de Mel Brooks: chistes de penes, vómitos y pedos.
"Me gustan los chistes de pedos", dijo en una entrevista antes del estreno. Los memoriosos recordarán que en Locuras en el Oeste (1974) los vaqueros se sientan a comer porotos y a eliminar gases. A Brooks siempre le divertía observar las reacciones del público. “Para eso se hacen las comedias, para vivir cómo el público se parte literalmente de risa”, dijo cuando repuso Locuras en el Oeste hace unos años. Y allí reconoció que en aquel entonces quiso a John Wayne en su parodia del western. Pero el actor leyó el guion y rechazó participar en la “película más sucia” que, dijo, jamás le había llegado.
Como dijimos, Mel no es activo en las redes sociales. A la fecha tiene 376.000 seguidores en X (no tiene Instagram propio), entre ellos Mark Hamill, y Ron Howard. El no sigue a nadie.
Veamos cuántos se acuerdan de saludarlo este domingo. Por si quieren hacerlo, su cuenta en X es @MelBrooks. De nada.