Los colores del tiempo, una película como las que ya no se hacen

Los colores del tiempo, una película como las que ya no se hacen

  • Salta de la Belle Époque al tiempo presente, con personajes que cambian, evolucionan.
  • Santiago Amigorena es coguionista por séptima vez del director Cédric Klapisch.

Los colores del tiempo es una película como las que ya no se hacen.

Y no por los saltos temporales, que se siguen haciendo, pero tal vez no con el ingenio que pone de manifiesto el director Cédric Klapisch, sino porque es como una tragicomedia familiar en la que los personajes cambian, evolucionan en la misma medida en que ellos se conocen y los descubre el espectador.

Los protagonistas son cuatro primos lejanos. Tan lejanos que ni siquiera se conocían entre sí.

Del presente viajando a la Belle Époque

El viaje en el tiempo es, como sucedía en Medianoche en París, de Woody Allen, entre el presente y los tiempos de la Belle Époque. Ocurre que una treintena de parientes de una familia igualmente extensa son notificados de que un supermercado desea comprar una antigua casona, que pertenecía a la tatarabuela en Normandía y está cerrada desde hace años.

Así que cuatro de ellos son designados para ir al lugar, hacer una revisión de lo que se encuentra en la casona e informar al resto. Y luego decidir si venden la casona y reparten la suma -no curiosamente cuando Céline quiere averiguar cuál es el precio que están dispuestos a pagar solamente recibe evasivas-.

El salto en el tiempo es para retratar a Adèle Vermillard (toda una revelación es Suzanne Lindon, hija deVincent Lindon y la también actriz Sandrine Kiberlain). La joven decide dejar un amor, allá por 1895, en Normandía, y viajar a París para encontrar a su madre, que la dejó hace años al cuidado de su abuela.

Lo bueno de Los colores del tiempo es que uno no sabe en cuál de las situaciones se siente más cómodo como espectador. Adèle conoce a dos jóvenes, un fotógrafo y un pintor, y bien pronto su vida se relacionará con los impresionistas. Klapisch traza, describe a Adèle y sus relaciones con algo más que color de época, y el espectador no adivina, cada vez que se vuelve al pasado, con qué se va a encontrar.

Pero los cuatro primos lejanos también tienen lo suyo. Son de diferentes edades y profesiones, y cada uno tiene su historia particular que más que maquillar, los colorea y no pintarrajea.

Un viaje con ayahuasca

Y si hablábamos de cómo se dan los saltos en el tiempo (el argentinoSantiago Amigorena es coguionista aquí, como en otros seis filmes del director de Piso compartido y En cuerpo), hay una que es la más llamativa. Es a través de un “viaje” con ayahuasca como los parientes del presente viajan al pasado.

De Claude Monet al fotógrafo Félix Nadar y la actriz Sarah Bernhardt, personajes de la vida real que se entrelazan más que entrecruzarse con Adèle y sus futuros descendientes, la película es sabrosa en sus diálogos y en cómo refleja una Ciudad Luz en su apogeo de fines de siglo XIX, con la alta sociedad, los impresionistas y los cambios de época.

Lo dicho, Los colores del tiempo narrada como está es agradable más que exuberante. En su punto justo.

“Los colores del tiempo”

Muy buena

Comedia dramática. Francia / Bélgica, 2025. Título original: “La venue de l'avenir”. 126’. De: Cédric Klapisch. Con: Suzanne Lindon, Julia Piaton, Paul Kircher, Cécile de France, Vassili Schneider. Salas: Cinépolis Recoleta, Altas Patio Bullrich, Lorca, Cacodelphia, Showcase Norcenter, Multiplex Belgrano y Pilar.