- Esta terminando la cosecha de la oleginosa arriba de las 50 millones de toneladas.
- Advierten que la competitividad del principal cultivo para la economía está estancada y en jaque.
- Divisas, retenciones y asignaturas pendientes.
Termina la cosecha de soja, por primera vez en 7 años arriba de las 50 millones de toneladas. Se recuerda fácil el fuerte bajón de producción por la sequía de 2023, pero no surge espontáneamente la percepción de que luego del pico productivo de 60 millones de toneladas, hace 11 años, tras las 56 millones de toneladas cosechadas en 2019 no se había superado el umbral de las 50.
Las 17 millones de hectáreas rindieron en promedio 3 toneladas, con significativos promedios en la Zona Núcleo (ahora extendida hacia el oeste incluyendo a La Pampa) y mejoras sustanciales en planteos de segunda, que esquivaron mejor la escasez de lluvias de enero.
Los datos de la serie estadística no dicen todo a simple vista. Además, la soja es parte de un complejo agrícola que ha incrementado su producción, especialmente en maíz (ver Especial de esta edición) para una cosecha total récord de 163 millones de toneladas. El árbol no debe tapar el bosque.
Con todo, es oportuno consignar varias inquietudes que presenta el escenario del complejo sojero en este momento.
El primer tema en debate son las liquidaciones de divisas. En junio, de la mano de la soja, la agroindustria (el ecosistema que va desde el lote a los puertos aduaneros, con múltiples actores) ingresó más de 3.000 millones de dólares. Aun así, algunos analistas con visión sesgada ponen el foco en que todavía “queda más soja por vender que el año pasado”.
En ese sentido, vale recordar que el grano es un producto de libre comercialización como cualquier otro y cada homus economicus toma sus decisiones sobre lo que posee. En efecto, en los últimos meses se priorizaron ventas de trigo, girasol y maíz, para configurar un volumen de exportaciones 10% superior al primer semestre de 2025. Pero como la soja vale, en general, dos veces más que los cereales, en la comparación interanual del primer semestre, los US$13.000 millones que se sumaron este año quedaron un 13% debajo de 2025.
Incluso si prima un criterio “estadista” conviene tener en cuenta que el 67% de la soja cosechada en estos meses que no se vendió puede ser útil más adelante “para el país”, como ya ha pasado en el segundo semestre del año, por ejemplo en 2022 y 2025.
Además, en junio contra junio hay que ponderar que 12 meses atrás hubo un incentivo oficial a vender porque se decía que terminaba la baja temporal, que un mes después el presidente Javier Milei declaró definitiva en el acto central de la Exposición Rural. A propósito, entre las medidas reactivadoras que analiza el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, ¿se incluirá alguna motivación para que los agricultores siembren más soja en octubre?.
Se valora la baja de retenciones anunciada para enero, pero en el ámbito ruralista ese cronograma se percibe insuficiente, en línea con lo que también sugiere el tablero financiero que ve el Gobierno, donde se reconocen señales de suficiente aire para aliviar un poco más al campo.
Pese a ello, para el anuncio del presidente en la Bolsa de Cereales se optó por la “cautela”. Es entendible desde la mirada macro, pero muchos advierten que terminar con el “robo de las retenciones” no puede quedar supeditado a que no falte un peso en la administración pública, que ya lleva más de dos décadas financiándose con una carga tributaria adicional a los “ciudadanos” que operan en el ecosistema rural.
El asunto se pidió con todo el énfasis posible en el encuentro que la cadena de la soja realizó el martes en Rosario. Desde el presidente de Acsoja, Rodolfo Rossi, hasta dirigentes de la Mesa de Enlace y de la agroexportación subrayaron que la soja argentina tiene debilidades estructurales, “disimuladas” porque sigue siendo “una gallina que sigue dando huevos”. (ver notas de Jorge Castro y Manuel Otero en página 14)
Que los huevos sigan siendo de “oro” dependerá de que se tomen decisiones a la brevedad posible. No sólo es oportuno lo de las retenciones. Ahora se dio un paso con la Hidrovía y se esperan otros similares en cuanto a logística e infraestructura, por ejemplo sobre ferrocarriles como el Belgrano Cargas, rutas, caminos rurales. Y el otro tema fundamental para el futuro de la soja es legislar un renovado estímulo a los biocombustibles, como ya están aprovechando Estados Unidos y Brasil, que han incrementado la producción (ver página 3), mientras en Argentina la competitividad de su principal producto de exportación está estancado y en jaque.