La lucha de Mauro: diabetes, frío y falta de oportunidades

La lucha de Mauro: diabetes, frío y falta de oportunidades

En un camión abandonado, sin trabajo ni techo, Mauro Nicolás González y su pareja sobreviven entre la enfermedad, el hambre y la exclusión. Su madre pide ayuda para que puedan acceder a un empleo y una vivienda digna.

En la avenida Colón y Río Atuel, frente a una parada de colectivos, Mauro Nicolás González, de 27 años, vive junto a su pareja, Soledad Luca, en la cabina de un camión abandonado. Allí, sobre un colchón de dos plazas, intentan sobrellevar noches de frío, hambre y enfermedad. Mauro padece diabetes y, pese a haber trabajado como albañil, hoy no logra conseguir un empleo estable. La falta de ingresos los condena a la precariedad absoluta.

“Mi hijo está viviendo en la parte de adelante de un camión, donde paran los choferes. Tiene diabetes, no está pasando bien. No tienen para comer, no se pueden higienizar porque no tienen dónde. Están viviendo ahí, no tienen a dónde ir”, relata su madre Patricia con dolor.

La pareja enfrenta además el rechazo familiar y la falta de redes de apoyo. “Ella tampoco tiene familia que la acepte. Yo, si tuviera un lugar, me los llevaría conmigo, pero no tengo. Estoy alquilando y nos están apurando para que nos vayamos porque vendieron el lugar. Me duele mucho como mamá que estén viviendo en ese estado”, agrega.

Mauro y Soledad

La situación se agrava por la imposibilidad de acceder a un trabajo formal. Mauro, con problemas de salud y sin recursos, no logra insertarse en el mercado laboral. 

Él trabajaba de albañil, pero ahora no consigue nada. Sale a buscar, pero no hay. Y sin trabajo, no hay manera de que puedan alquilar un lugar”, explica su madre.

En medio de la adversidad, rescataron una perrita que había sido abandonada en la boca del camión.

“La dejaron tirada, pareciera que con la patita quebrada. Ahora anda un poquito mejor. Es chiquita y les hace compañía. Si no, no tienen nada ni a nadie”, cuenta.

La falta de higiene, el frío y la escasez de alimentos son parte de la rutina diaria.

“No tienen cosas de abrigo, unas camperitas finitas y calzado roto. Por ahí los vecinos les llevan comida, pero a veces pasan días sin comer. Estaban engripados los dos, y no tienen dónde o como lavarse o calentarse”, describe la madre.

El camión donde viven

La historia de Mauro y Soledad expone un problema estructural: la dificultad de acceder a un empleo estable y a una vivienda digna en un contexto de vulnerabilidad extrema. La enfermedad, la falta de recursos y el aislamiento social se convierten en barreras que perpetúan la exclusión.

“Yo quiero que tengan un lugar donde estar. Si yo tuviera donde vivir tranquila, yo me los llevo conmigo, pero yo también me tengo que ir de acá donde estoy porque vendieron el lugar. No quiero que estén así”, suplica la madre, esperando que alguien pueda tenderles una mano.

Mauro no tiene celular, pero quien pueda colaborar, podrá comunicarse con la madre, Patricia al 291-4724074.