- Restó Talar funciona dentro de una institución con 95 años de historia.
- Comida cumplidora de bodegón en un entorno que no descuida detalles.
Los clubes de fútbol se convirtieron en el nuevo destino gastronómico de Buenos Aires. Abrieron bodegones y restaurantes en las sedes sociales de Huracán, Racing e Independiente, y el fenómeno se extendió a los clubes de barrio. Pasó en la Biblioteca Artigas de Agronomía, en Félix Marino de Devoto, y los mismos dueños acaban de abrir un restaurante en el club Talar.
La carta está pensada para los vecinos y la familia que acompaña a los chicos que van al club a competir los fines de semana. Milanesas para compartir, entradas clásicas, pastas caseras, precios que no lastiman. La comida es cumplidora y se puede pasar un buen momento por unos $ 30.000 por persona.
Pero a diferencia de otros clubes de barrio, el entorno es más sofisticado, con diseño. Restó Talar queda en el límite entre Villa Pueyrredón y Agronomía, una zona de casas bajas donde el club funciona como punto de encuentro del barrio. Adentro, la propuesta intenta estar a la altura de esa pertenencia, y los números lo respaldan: tienen 4.9 en Google.
Cómo es y qué comer en Restó Talar
El Club El Talar fue fundado el 1 de marzo de 1931 por un grupo de amigos que compró un lote sobre la avenida Nazca, en una zona que entonces se conocía como "Los Talares". El nombre original era "Unidos del Talar" y con el tiempo se quedó con el que tiene hoy.
Estuvo a punto de cerrar por falta de socios, pero el esfuerzo de sus dirigentes permitió construir una cancha de básquet y otra de fútbol que resultaron muy convocantes. Hoy es bicampeón de la Liga Metropolitana de básquet y compite en la Liga Federal.
El espacio que ocupa hoy Restó Talar era un gimnasio en desuso. Pocos socios lo ubicaban. La remodelación arrancó en febrero y el equipo gastronómico se sumó recién en septiembre, con la obra todavía en curso. Abrieron a mediados de noviembre de 2025.
Lo que quedó no parece un club de barrio por dentro. El salón tiene lámparas de pétalos dorados que bajan sobre los sillones verde oliva, una pared con relieve geométrico en madera clara y una barra curva con iluminación cálida en el zócalo.
Hay pantallas para ver partidos y, en la pared, cuadros que anclan la identidad del lugar. Fotos en blanco y negro de básquet y la camiseta número 20 del Talar enmarcada.
La cocina queda a la vista desde la barra y conecta con el buffet, que funciona como un espacio separado con otra dinámica. "Está todo conectado desde la cocina, pero restaurante con buffet separado", explica uno de los dueños.En el buffet hay sándwiches y minutas. En el restaurante, la propuesta es otra.
La recepción fue gradual. Abrieron en noviembre pero el movimiento real arrancó en marzo, cuando el barrio empezó a encontrarlos. Su alta puntuación en Google la atribuyen, en parte, al trabajo de la encargada, dedicada exclusivamente a la experiencia del cliente y a la formación de un equipo de cocina con jefe propio.
"Una propuesta amigable para el cliente y para el socio del club, pero desde una ambientación un poco más elevada". Para un club de barrio en el límite entre Villa Pueyrredón y Agronomía, eso no es poco.
La carta arranca con entradas para picar y compartir. Los buñuelos de verdura son grandes crujientes por dentro y suaves por dentro ($ 13.000), la provoleta con cherrys y pesto sale mucho($ 19.000) y las rabas ($ 29.000) son las que más rotan.
El plato más popular, sin discusión, es la milanesa. "Los que más salen, pero por lejos, las milanesas, mucho", dice el encargado. La versión Talar, con salsa, mozzarella, jamón, morrones asados y huevos fritos, se consigue por $ 32.000 individual o $ 40.000 para compartir entre dos o tres. La de ternera simple arranca en $26.000 individual y $34.000 para compartir.
El matambre a la pizza ($ 47.000) es el otro que no para de salir. "El matambre a la pizza, muchísimo. También es para compartir", cuenta Nicolás. La carne al horno con guarnición ($ 45.000) sigue la misma lógica: plato generoso, pensado para repartir. Los ribs BBQ con papas fritas y coleslaw ($ 37.000) son de los más elaborados y marcan la diferencia con el buffet.
Este nuevo restaurante ofrece una propuesta de bodegón bien resuelta, con platos abundantes que se puedan compartir en un ambiente conocido por los vecinos pero ahora renovado.