“Adornigate”: las encuestas muestran que hay gente que le perdonaría algo de corrupción a Milei si arregla la economía

“Adornigate”: las encuestas muestran que hay gente que le perdonaría algo de corrupción a Milei si arregla la economía

Analizando indicadores de confianza que mejoraron ligeramente en junio, se ve cómo los argentinos le están tolerando al Gobierno cierto nivel de deshonestidad a cambio de esperanza en la economía.

“Rouba mas faz”: roba, pero hace. Suena insólito que hace 30 años ese fuera el eslogan extraoficial de campaña del derechista Paulo Maluf, que conquistó asi por segunda vez la alcaldía de Sao Paulo ganándole al intelectual izquierdista Eduardo Suplicy.

El mundo de la consultoría de comunicación política observaba atónito como un lema de campaña tan bestialmente sincero podía no solo ser competitivo, sino también ganador en la ciudad más poblada del mundo.

La campaña de Maluf reivindicaba con orgullo que el socialista democrático se había quedado en su gestión anterior con algunos “vueltos”, pero que -a cambio- había dejado mucha obra pública en la ciudad.

Por esos años, gobernaba la Argentina Carlos Menem, y el eslogan paulista no tardó en inundar la política local y hacerse carne en la siempre sarcástica conversación de los argentinos. El peronista ya había pasado el escándalo del “Swiftgate”, un pedido de coimas al frigorífico estadounidense Swift por parte de su cuñado, Emir Yoma, para autorizarlos a importar maquinaria. Siguieron diversos escándalos, pero Menem ganaba elección tras elección. Esto se debía a que el plan de convertibilidad, impulsado por el ministro de Economía, Domingo Cavallo, no sólo frenó la hiperinflación en pocos meses, sino que impulsó inmediatamente el crecimiento, un consumo intenso y una inversión privada sin precedentes que, hasta el día de hoy, nada igualó.

¿Podría estar el presidente Javier Milei a las puertas de un fenómeno comparable de “roba pero hace”? Entre los indicadores que más siguen desde los medios y la política están el Índice de Confianza en el Gobierno y el de Confianza del Consumidor que publica todos los meses la Universidad Di Tella. Desde fin del año pasado, marcaban un derrumbe vertiginoso de ambas curvas mes a mes hasta abril. Parecía que después de seis meses de derrumbe constante de todos los valores, las curvas no pararían hasta llegar a cero.

Pero mayo trajo el dato llamativo de que ambos indicadores se habían estancado: el optimismo de los consumidores y la confianza en el gobierno de Milei parecían haber encontrado un piso, aunque bastante bajo.

Junio sorprendió

Este mes hubo un claro rebote de ambas curvas: 6,4 puntos, en la confianza del consumidor; y 3,9 puntos, en la confianza en el gobierno de Milei: y todo esto después de más de cien días del escándalo en torno a las sospechas de corrupción del jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

En términos financieros, podría decirse que el “Adornigate” ya estaba totalmente “amortizado”: ya daba casi lo mismo si renunciaba, si Milei lo echaba, o si lo terminaba eyectando una moción de censura del Congreso o si seguía en el cargo como si nada. Tampoco le hizo mella a Milei que el escándalo Adorni se sumara a otros casos de presunta corrupción como los de la criptomoneda $Libra o las presuntas coimas que le atribuyeron a Karina Milei por compras de medicamentos para discapacitados.

De hecho, Adorni hasta le sirvió como “arma” a Milei para desintegrar al PRO, justo cuando parecía que el partido fundado por Mauricio Macri buscaba reorganizarse y posicionarse como una alternativa de centro-derecha que podría llegar a competir con los libertarios en las próximas elecciones en el campo de la honestidad: al renunciar el senador Esteban Bullrich, en desacuerdo por el “apoyo” de su partido a Milei para desbaratar una moción de censura contra el jefe de Gabinete en el Senado, la única competencia de centro-derecha quedó literalmente “destartalada”: Adorni -más que un lastre- terminó funcionando como arma política letal del Presidente para despejar su campo político.

Prueba de que Milei ya pagó todas las cuotas de “amortizacion” del escándalo Adorni y otros casos de corrupción es que el Indice de Confianza en el Gobierno experimentó ese importante repunte en solo tres de los cinco componentes que forman ese indicador:

  • eficiencia -que tuvo un importante salto de casi 13 puntos porcentuales-
  • capacidad, que avanzó más de 4 puntos,
  • interés, que sintetiza la preocupación del gobierno por el interés general de los problemas del país.

El cuarto, General de Gobierno, tuvo otro ínfimo retroceso, y el quinto -Honestidad- es el único que siguió “atornillado” en el piso mínimo del mes anterior: ¿una remake del “roba pero hace”?

La diferencia es que Menem -o sus sucedáneos kirchneristas, probadamente corruptos por fallos judiciales- nunca prometieron “la moral como política de estado” ni dar una batalla contra “la casta política corrupta” ni usaron eslogans de campaña del tipo “el que las hace, las paga”, como Milei en su campaña electoral.

También podría agregarse a la izquierda de esa ecuación el dato de que la economía todavía no puede compararse con la Convertibilidad de los 90 ni en crecimiento, ni en consumo, ni en estabilidad: El plan de Cavallo llevó a una inflación anual de un dígito en apenas 18 meses; el PBI creció a más de diez por ciento anual en 1991 y 1992. A lo largo de toda la década del 90, el PBI argentino avanzó 51 por ciento y, de hecho, el PBI per cápita argentino de 1998 era el más alto de América Latina, con 13.000 dólares: el mismo nivel de hoy, solo que hoy los vecinos de Chile y Uruguay tienen un standard de vida mucho más alto que los argentinos.

El consumo, que en los dos años de arranque de la convertibilidad (91 y 92) creció un 12 por ciento por año, en los dos primeros años del plan económico de Milei se derrumbó a un promedio de 6 puntos por año, y los datos de las últimas mediciones de la Cámara de Comercio de mayo de este año muestran un estancamiento de la demanda, en el mejor de los casos.

Pero también están las magnitudes que comparan los siempre sarcásticos argentinos y llegan a la conclusión de que -en este caso- si “roban”, roban menos: el curioso pen drive que Adorni dijo que había perdido y después recuperó -según la entrevista en La Nación+- desdiciéndose de su declaración anterior ante la Cámara Diputados- tendría unos 200 mil dólares en bitcoin que se habrían convertido en medio millón de billetes verdes, según declaró sorpresivamente Adorni a la prensa, pero no al fisco.

Para comparar: sólo en la causa Vialidad, el Tribunal Oral Federal 2 le reclama a la expresidenta Cristina Kirchner el decomiso de un monto equivalente a más de 500 millones de dólares. Y todavía falta que la Justicia avance en las causas de los hoteles, los cuadernos de las coimas y el memorándum con Irán.

Poniendo estos casos en perspectiva, en el análisis detallado de la recuperación de los resultados de los índices de confianza del consumidor y en el gobierno, los argentinos están diciendo en esas encuestas de la Universidad Di Tella que el gobierno de Milei roba, pero bastante menos, y hace, pero no tanto; pero, como dirían los argentinos con su proverbial mordacidad: “Es lo que hay”.