Hoy se cumple un nuevo aniversario de una de las misiones de rescate de rehenes más impactantes de la historia moderna, cuando un avión de Air France fue secuestrado con 248 pasajeros a bordo y 12 tripulantes. El líder de la operación, que cayó en combate, fue Jonathan Netanyahu, hermano del primer ministro israelí, cuya historia se cuenta a través de sus cartas.
“Me encuentro en una etapa crítica de mi vida, atravesando una profunda crisis interna que lleva mucho tiempo perturbando mi marco de referencia (…). Estoy cansado la mayor parte del tiempo, pero eso es solo una parte del problema: he perdido esa chispa vital para cualquier logro, la chispa de la alegría creativa, de la renovación personal, del renacimiento”. Así escribía Jonathan Netanyahu su última carta a su novia Bruria, el 29 de junio de 1976. “Sí, estoy pasando por un momento muy difícil, como pocas veces en mi vida”.
Tal el estado de ánimo del hombre que, apenas cinco días después, estaría liderando a más de cien comandos en el operativo de rescate más extraordinario en la historia de Israel. Concluía su última carta de un modo que, en retrospectiva, se ve trágico: “Confío en ti, en mí, en ambos, para vivir nuestra juventud al máximo: tú, para vivir tu juventud y tu vida, y yo para vivir mi vida y el destello de mi juventud. Todo saldrá bien”. Pero no todo salió bien. Jonathan, como se lo conoce comúnmente, murió abatido en Uganda el 4 de julio de aquel año.
La historia fue contada mil veces: en libros, artículos, documentales, películas de ficción, entrevistas a los protagonistas. Y aun así no deja de asombrar, incluso ahora, cinco décadas después.
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Hoy más que nunca
El 27 de junio de 1976, dos terroristas palestinos junto a dos alemanes secuestraron un avión de Air France con 248 pasajeros a bordo. El avión fue desviado de su ruta hacia Libia primero y Uganda, después, donde fueron alojados en un viejo aeropuerto. Retuvieron a 106 de ellos –los israelíes y judíos– y dejaron ir en tandas a los restantes 142 pasajeros de otras religiones y nacionalidades. Notablemente, los doce miembros de la tripulación eligieron permanecer junto a los rehenes. Los secuestradores reclamaron una recompensa de cinco millones de dólares y la liberación de 53 terroristas, mayormente palestinos, cuarenta de los cuales estaban encarcelados en Israel. Amenazaron con ejecutar a los rehenes si sus exigencias no eran cumplidas.
Tomados por sorpresa, los líderes políticos y militares de Israel tuvieron unos pocos días para decidir y planificar una operación de rescate a cuatro mil kilómetros de distancia en territorio enemigo. Algunos frentes fueron insólitos. Contemplaron cruzar en botes el lago Victoria próximo al aeropuerto africano, pero descartaron ello tras advertir que estaba lleno de cocodrilos. Se les ocurrió acercarse al aeropuerto en un auto similar al que usaba Idi Amín para engañar a los soldados que custodiaban la entrada. Pero conseguir un Mercedes-Benz en el Israel austero de mediados de la década de 1970 fue un desafío mayúsculo. Lo encontraron y lo pintaron de negro sin saber que el presidente ugandés había pasado a usar un Mercedes-Benz blanco dos días antes del operativo. Jugó a favor que una empresa israelí había construido el aeropuerto de Entebbe y así obtuvieron los planos. Asimismo, los rehenes liberados aportaron información valiosa. El tiempo apremiaba de tal modo que los aviones con los comandos a bordo partieron rumbo a Uganda cuando el gabinete todavía no había aprobado la misión. Debieron volar eludiendo los radares de países hostiles, aterrizar en un país africano en plena noche, eliminar a los terroristas junto a docenas de soldados ugandeses que custodiaban el aeropuerto, y regresar a Israel con la mayor cantidad de rehenes vivos y sin bajas en las propias filas. Y lo lograron.
Tristemente, tres rehenes murieron en el fuego cruzado, otra rehén fue asesinada por el vengativo presidente ugandés Idi Amín, quien, humillado por la destreza israelí, se desquitó con una anciana judía hospitalizada. Entre los comandos israelíes, dos resultaron heridos; uno de ellos quedó paralizado de por vida. Y uno murió durante el operativo: el líder, Jonathan Netanyahu, abatido por un francotirador ugandés situado en la torre de control. “Fue el primero en ir, el primero en caer”, informó su subalterno Muki Betser al entonces ministro de Defensa de Israel, Shimon Peres, al aterrizar en Tel-Aviv.
El 6 de julio Peres brindó una elegía por el valiente militar caído en combate, a los treinta años de edad: “¿Qué cargas no pusimos sobre los hombros de Jonathan y sus camaradas? La tarea más difícil de las Fuerzas de Defensa de Israel, la más audaz de sus operaciones. Misiones lejos de casa y cerca del enemigo, la oscuridad de la noche, la soledad del guerrero, la lucha contra lo desconocido y los peligros que se repiten tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra”. Habiendo conversado con Jonathan personalmente los preparativos del plan, Peres lo recordó con estas palabras: “El momento más difícil de esta noche de heroísmo se produjo cuando llegó la amarga noticia de que una bala había destrozado el joven corazón de uno de los mejores hijos de Israel, uno de los guerreros más valientes de Israel, uno de los comandantes más prometedores de las Fuerzas de Defensa de Israel: el magnífico Jonathan Netanyahu”.
Peres no estaba tan solo siendo amable en un momento de duelo. Jonathan Netanyahu había sido condecorado por su bravura en el campo de batalla en previas guerras del país. Se había destacado también durante sus estudios académicos en Harvard y en la Universidad Hebrea de Jerusalem, los cuales abandonó para dedicarse a la carrera militar. Miles de compatriotas asistieron a su funeral.
En 1980 se publicaron las cartas personales de Jonathan, cubriendo un período de trece años, desde su adolescencia hasta su temprana muerte. Son unas 330 cartas reunidas por sus hermanos menores, Iddo y Benjamín (actual primer ministro), y publicadas en hebreo primero. Tengo un ejemplar en mi biblioteca que corresponde a la edición inglesa con el título “Self-Portrait of a Hero: From the Letters of Jonathan Netanyahu, 1963-1976”. Aunque inicié este artículo con citas sombrías de la última carta contenida en este libro, Jonathan aborda una gama de temas que incluyen el destino de Israel, la amenaza del terrorismo, el rol del líder, el sentido del deber en contraposición al anhelo de una vida civil normal, el significado de la existencia, la soledad y otros conflictos internos, así como preocupaciones intelectuales varias.
Quedaron afuera descripciones de sus operaciones como comando de élite. Por ejemplo, una incursión una noche de Beirut en 1973 para enfrentar a terroristas palestinos involucrados en el asesinato de atletas israelíes en las Olimpíadas de Múnich del año previo.
Sus cartas trascienden lo meramente personal, al ofrecer una ventana al pensamiento de un oficial israelí de élite durante una época decisiva de la historia nacional: la posguerra de 1967, la Guerra de Yom Kipur de 1973 y la internacionalización del terrorismo palestino a partir de la década de 1970. En un sentido, su retrato es generacional. No obstante, aunque las misivas tienen valor histórico, siguen siendo cartas personales y es a Jonathan a quien conocemos a través de ellas.
Es inevitable referir a esta reflexión suya a sus diecisiete años de edad. En una carta fechada 23 de mayo de 1963, enviada a su amiga Rina, Jonathan cita el extracto de un poema de Rudyard Kipling que exhibe su voluntad de aprovechar al máximo cada instante en esta vida: “Si puedes llenar cada minuto implacable con sesenta segundos de distancia: corre. Tuya es la Tierra”.
Jonathan corrió durante el resto de su corta vida. En un sentido premonitorio, en el penúltimo párrafo de esa carta escribió: “La muerte; eso es lo único que me inquieta. No me asusta, despierta mi curiosidad (…). No le temo porque le doy poco valor a una vida sin propósito. Y si tuviera que sacrificar mi vida para alcanzar su objetivo, lo haría de buena gana”.
Esto no debe confundirse con un mensaje de glorificación de la muerte heroica que a menudo se asocia con su figura a partir del desenlace de Entebbe. A pesar de haber protagonizado una de las operaciones militares más célebres del siglo XX y de haber caído en combate, Jonathan insistió en que el valor de la vida depende del propósito que la orienta. Su reflexión sobre la muerte era, en cierto sentido, la contracara de una preocupación más profunda por el significado de la existencia. La pregunta que atraviesa muchas de sus cartas no es cuánto tiempo vive una persona, sino para qué vive. En esa misma misiva, de hecho, anota: “Pero el hombre no vive para siempre, y debería aprovechar al máximo los días de su vida”. En vez de “romantizar” el martirio, apostó por la vida asumiendo riesgos extraordinarios en fidelidad a sus principios.
Las cartas de Jonathan Netanyahu revelan, ante todo, a un joven en búsqueda de un propósito. También muestran una personalidad excepcionalmente reflexiva para su edad. Lejos de la imagen unidimensional del héroe militar que la memoria pública terminó consagrando, emerge una personalidad compleja e introspectiva. Su muerte en Entebbe otorgó inevitablemente una dimensión simbólica a sus escritos. Sin embargo, el valor filosófico de estas cartas yace en otro lugar: mucho antes de convertirse en un símbolo nacional israelí, Jonathan dedicó buena parte de su breve existencia a meditar sobre cuestiones fundamentales.
“Self-Portrait of a Hero” pertenece a esa categoría infrecuente de libros en los que la fuente primaria resulta más fascinante que la leyenda posterior. En muchos personajes históricos sucede lo contrario. Con el paso del tiempo, las biografías –adulatorias, lapidarias o controversiales– terminan eclipsando al individuo real, transformándolo en personaje.
No con Jonathan Netanyahu. Sus cartas nos permiten acceder a su voz de manera directa, sin el filtro de intérpretes. Una voz inteligente y sensible que, varias décadas después de haberse expresado, conserva intacta su capacidad de interpelar.
*Profesor titular en la carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad de Palermo. Miembro del Observatorio sobre la Lucha contra el Antisemitismo (Facultad de Derecho, UBA) y de Profesores Republicanos.