Renunció Adorni y ahora Milei deberá definir si valió la pena defender lo indefendible

Renunció Adorni y ahora Milei deberá definir si valió la pena defender lo indefendible

El exjefe de Gabinete dejó el Gobierno en medio de las investigaciones por presunto enriquecimiento ilícito. Durante tres meses de escándalo, el ahora exfuncionario recibió críticas de propios y extraños sobre su desproporcionado crecimiento patrimonial.

En Manuel Adorni todo ha sido extraño, raro, sospechado, confuso, delictual, indefinido, vago, incierto, incluido el final de su breve carrera política.

Su renuncia como jefe del Gabinete de Ministros acude a la épica personal y al reproche hacia quienes lo acusaron de corrupto. “No hay un solo hecho sobre mis espaldas”, escribió en su carta dirigida al Presidente y publicada en redes sociales. El Gobierno de Javier Milei, que lo sostuvo contra viento y marea hasta que fue ya imposible y perjudicial mantenerlo, volvió a apoyarlo ya entrada la tarde del sábado, a través de la hermana de Milei, Karina, secretaria general de la Presidencia. Quien le reitera su afecto y lo considera “una persona íntegra, valiosa y muy querida por todos nosotros”. Según Karina, Adorni dejó en el país una marca enorme.

Es difícil dilucidar por qué el Gobierno aceptó la renuncia de un funcionario tan valioso.

La realidad es otra: cuestionado por estar investigado por enriquecimiento ilícito, sin apoyo ni en el Congreso y sin respaldo interno, los Milei recurrieron a un mensaje de circunstancias que les evita admitir la crisis institucional provocada por Adorni. Fue una engaña pichanga similar a las que el exministro desplegó a lo largo de los últimos meses para demostrar que su enriquecimiento personal era honesto e impecable, una batalla legal que sigue ahora en la Justicia.

¿Era necesario que el Presidente defendiera a un funcionario sospechado de enriquecerse de manera ilegal, que mintió y fabuló ante la prensa, ante el Congreso y tal vez ante el círculo íntimo del Gobierno sobre el origen de su fortuna? En una democracia liberal, quien sabe si en una democracia libertaria, un ministro metido en el escándalo de Adorni hubiese sido reemplazado de inmediato.

En cambio, Milei autorizó, impulsó, indujo a Adorni a que diera explicaciones y lo protegió, lo amparó, lo preservó, casi lo apadrinó. Dijo que no pensaba echar a una persona honesta, que ni en pedo Adorni se iba del gobierno, que le parecían plausibles sus explicaciones, que en verdad se contradecían una y otra vez; Milei cargó en las espaldas de la prensa, para variar, los yerros propios de su ministro jefe de Gabinete y les adjudicó a los periodistas la intención de reformar su gabinete. “Vienen por nosotros” dicen que murmuró el Presidente en los días calientes del caso Adorni.

Las frases que utilizó Javier Milei para defender a Manuel Adorni. (Foto: Presidencia / Video: TN)

¿Cómo fue posible que un hombre del riñón presidencial, miembro de triángulos, cuadriláteros, pentágonos o lo que fuere de hierro, testigo y acaso partícipe de las decisiones presidenciales más importante, que gozaba de la confianza y del afecto de Milei y de su poderosa hermana; cómo fue que en apenas dos años y medio de gestión, un hombre tan íntimo del Gobierno haya caído en una investigación judicial por enriquecimiento ilícito y nadie en el corazón del poder lo haya notado antes? Si así fue, si nadie lo notó, la vulnerabilidad del Gobierno ante la corrupción es tremenda y peligrosa.

Adorni fue fiel a su estilo durante los meses de su agonía como funcionario: hizo uso y abuso de arrogancia, insultos, desprecio, sarcasmos, insolencia, desplantes, soberbia y altanería frente a quienes le interrogaban, por lo general los periodistas acreditados en Casa de Gobierno.

Es verdad que esa conducta está en el ADN libertario y que es el propio Presidente quien a menudo la ejerce casi con placer; pero también es cierto que los periodistas interrogaban a Adorni sobre la gigantesca historia que él mismo armaba día a día para justificar lo injustificable: inversiones afortunadas en monedas virtuales, viajes al exterior pagados por otra gente o financiados a largo plazo, hallazgo inesperado de dólares en la casa familiar, trabajo duro y ahorro en dólares, “como la mayoría de los argentinos”, préstamos salvadores y sin interés a cargo de una policía jubilada y su hija: todo contrastaba con la candorosa fe que dio su escribana, que dijo que lo conocía desde hace dos décadas y que Adorni no había hecho ninguna operación inmobiliaria antes de llegar al Gobierno.

El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y la escribana que certificó la compra de su departamento en Caballito, Adriana Mónica Nechevenko. (Foto: Reuters - NA)

Como en las malas películas policiales en las que el sospechoso deja detrás de sí una pista tras otra con la secreta intención de ser descubierto y apresado, Adorni sembró durante sus últimos días en el gobierno una cantidad de rastros que sólo dieron origen a más hallazgos de una conducta sospechosa de su parte. El último, revelado por La Nación, habla de una compra de aparatos para video juegos hechas a través de Mercado Libre, que Adorni pagó con tarjetas de crédito de empleados del área de Vocería Presidencial.

Mientras se cernía sobre él la tormenta, y como hizo durante su función de vocero presidencial desde 2023, Adorni pugnó por erigirse en una especie de tótem de la moral y la honestidad; se igualó así al exdiputado José Luis Espert, que prometía cárcel o bala para los delincuentes y está hoy a punto de ser indagado por blanquear dólares cedidos por un narco, ahora detenido en Estados Unidos. Espert también fue defendido en su momento por Milei, que dijo que el diputado era víctima de una campaña mediática.

Ante la posibilidad de que fuese el Congreso el que decidiera la expulsión de su ministro, Milei ensayó el viernes, desde España y a punto de regresar a la Argentina, una última protección que pareció más destinada a sí mismo que al ya condenado Adorni: “Si la Justicia lo declara culpable, lo eyecto de una patada, pero yo creo en su honestidad”. Algo hizo que Milei no aguardara la sentencia judicial, que podría demorar años. Ya en la alta noche del viernes, con el Presidente en vuelo hacia Buenos Aires y en línea directa con la Rosada, en el Gobierno sugirieron que Adorni “se va él, nadie lo echa”. No parecía ser verdad.

Pese a la denuncia en su contra, el Presidente Javier Milei sostuvo a José Luis Espert como primer candidato a diputado de La Libertad Avanza. (Foto: Agustín Marcarian/Reuters)

Milei no estuvo solo en su defensa de Adorni, lo acompañaron parte de sus lides libertarias y hasta algunos periodistas a los que La Libertad Avanza no odia, como pregona que se debe hacer. Lo hicieron con un raro parámetro que pretendió medir la calidad de un delito. El argumento decía que como el kirchnerismo fue voraz en hacerse del patrimonio público, el enriquecimiento que se investiga en Adorni es de menor cuantía, una nadería.

Lo único que le falta a la Argentina es tarifar la corrupción.

Con Adorni afuera, Milei deberá ahora evaluar daños, repararlos si es posible, restaurar lo dañado que tal vez pase por parte de la fe pública, decidir si de verdad valió la pena defender lo indefendible, y si puede o no eludir la extraña fascinación que tienen ciertos gobiernos de erigirse en su propia oposición.

El Gobierno necesita un lavado de cara, entre otras cosas.