- Mientras el barrio de viviendas sociales Hugo Chávez, inaugurado por el ex presidente en 2012, se derrumbaba por la fuerza de los sismos, un tanque de gas que debía estar vacío tuvo una pérdida y explotó. Todo quedó calcinado.
- Los bomberos no acudieron. Estaban abocados al terremoto.
Hay una imagen que desentona entre las torres de concreto pulverizadas y las montañas de escombros con rescatistas y voluntarios buscando personas con vida en La Guaira, Venezuela. Es la que componen un grupo de viviendas carbonizadas, autos retorcidos, dados vuelta, como si hubiese explotado una bomba. Forman parte de la doble tragedia de Playa Grande, en el barrio social Hugo Chávez Frías, que el propio ex presidente inauguró en 2012.
Segundos después del terremoto, un tanque de gas que debía estar vacío tuvo una pérdida y explotó. Provocó un gran incendio y personas que estaban atrapadas murieron carbonizadas. Los vecinos aseguran que el fuego dejó de devorar departamentos cuando ya no tenía más que consumir. No acudieron los bomberos, que estaban abocados al terremoto. Hoy, a más de una semana de la tragedia aseguran que no recibieron asistencia.
En agosto de 2012, y con un discurso de poco más de 15 minutos desde Playa Grande, el ex presidente Hugo Chávez Frías inauguró un conjunto de 67 edificios, con 1072 departamentos en lo que denominó “la revolución de la vivienda”. Le agradeció a la empresa turca Summa por la “tecnología, los materiales y la maquinaria” por la ejecución de ese tramo de la “Misión vivienda”.
Eran viviendas de construcción en seco, de tres pisos. Todas quedaron destruidas por los dos terremotos. En algunos casos cedieron hacia un costado, en otros se cayeron por completo. Se ven los soportes de aluminio que contienen las placas de yeso y el relleno de lana de vidrio como aislante. Todas las casas ahora tienen una pintada en aerosol con dos letras “DM”: demolición.
El barrio tomó el nombre del ex mandatario unos pocos meses después, cuando este falleció por complicaciones del cáncer. El complejo estaba diseñado para ser alimentado por unos tanques de gas que estaban en una esquina de la urbanización. Las “bombonas”, le dicen los vecinos. Pero al poco tiempo detectaron pérdidas en las tuberías, cerraron los dos tanques y cada propietario debía comprar su garrafa.
“Estaba en casa haciendo mis quehaceres y cuando empezó el temblor. El movimiento fue cada vez más fuerte, se movió el piso y mi edificio se fue hacia adelante. No podía salir por la puerta y escapé por la ventana porque el primer piso quedó enterrado y murieron cuatro personas. Una vez afuera, sentimos que empezó a salir gas de las bombonas. La comunidad no sabía que aún había gas”, comenta Walezka Pérez (44).
Todo el mundo empezó a correr, y cuando habían avanzado poco más de 100 metros hasta llegar a un polideportivo, el tanque explotó. “El fuego agarró el primer edificio y pasó de uno a otro. Había desesperación de las personas. Murieron cuatro personas quemadas, entre ellas un chico de 11 años”, recuerda Walezka.
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