¿Por qué el cáncer parece tan común ahora? Un oncólogo lo explica

¿Por qué el cáncer parece tan común ahora? Un oncólogo lo explica

Aunque hoy se diagnostica a más personas con cáncer en comparación con hace 50 años, la buena noticia es que menos personas mueren a causa de él

P: Conozco a muchas personas a las que les diagnosticaron cáncer. ¿Las tasas realmente están aumentando? ¿Por qué parece tan común ahora?

El cáncer es un problema global. Si tiene la sensación de que hay más diagnósticos de cáncer que nunca, tiene razón: en 1975, alrededor de 400 de cada 100.000 personas en Estados Unidos fueron diagnosticadas con cáncer. En 2023, la incidencia fue de 456 por cada 100.000, aunque las tasas generales se mantuvieron mayormente estables desde 2014.

Si bien hoy se diagnostica a más personas con cáncer en comparación con hace 50 años —ya sea por un aumento de los casos reales, una mejor detección o cambios en la definición de lo que se considera cáncer—, la buena noticia es que menos personas mueren a causa de él. Desde 1999, las tasas de mortalidad por cáncer ajustadas por edad cayeron drásticamente, de 201 por cada 100.000 personas en 1999 a 142 por cada 100.000 en 2023.

Para entender cómo ambas cosas pueden ser posibles al mismo tiempo —y cómo, en última instancia, el pronóstico para quienes reciben un diagnóstico de cáncer es bastante positivo—, ayuda entender primero qué es el cáncer, cómo ocurre y cómo los tratamientos modernos aprendieron a aprovechar ese diagnóstico para mejorar los resultados.

¿Qué es el cáncer y cómo comienza?

En pocas palabras, el cáncer implica el crecimiento descontrolado de células en el cuerpo. Si bien existen varias causas posibles, todas están relacionadas con errores que ocurren en las instrucciones genéticas de la célula, o ADN.

La célula puede cometer un error aleatorio al replicarse, lo que da lugar a una célula que crece más rápido que otras células a su alrededor. O bien, puede ser dañada por carcinógenos, como la luz ultravioleta o los compuestos químicos presentes en los cigarrillos.

Algunos cánceres también pueden aparecer cuando el mecanismo de “autodestrucción” de una célula deja de funcionar correctamente. Nuestros cuerpos reconocen cuando las células están dañadas, crecen demasiado rápido o se comportan de manera anormal, y reaccionan enviando señales químicas que les indican que dejen de crecer o que se autodestruyan. Los errores pueden alterar esa señal o afectar la capacidad de una célula para reconocerla; entonces, la célula ignora las instrucciones del organismo para dejar de crecer.

La mayoría de los errores genéticos que causan el crecimiento celular descontrolado ocurren por simple azar. Cuanto más vivimos, más se dividen nuestras células, lo que aumenta la probabilidad de que una de ellas cometa un error al replicarse y se convierta en cáncer. Por eso la mayoría de los cánceres se diagnostican en adultos mayores.

Otra forma de mala suerte son las mutaciones genéticas con las que nacemos. Se estima que hasta el 10% de los cánceres son causados por anomalías genéticas hereditarias como BRCA1 y BRCA2, relacionadas con cánceres de mama, ovario y próstata, entre otros.

Algunos errores genéticos pueden ser provocados por virus. Se cree que entre el 13 y el 20% de los cánceres en todo el mundo se deben a virus, como el virus del papiloma humano (VPH), el virus de Epstein-Barr y las hepatitis B y C, así como a bacterias como Helicobacter pylori.

Otros factores externos pueden romper o dañar el ADN de una célula y provocar cáncer, incluidos el tabaquismo, el consumo de alcohol y la exposición a la radiación ultravioleta del sol o de otras fuentes, como las camas solares.

Los responsables menos frecuentes de estos daños en el ADN incluyen exposiciones ambientales a sustancias químicas industriales, radiación nuclear, quimioterapia o radioterapia utilizada para tratar otros cánceres.

Una vez que aparecen, las células cancerosas desarrollan estrategias para sobrevivir: pueden inducir el crecimiento de vasos sanguíneos hacia los tumores para asegurarse un suministro adecuado de oxígeno y nutrientes; pueden ocultarse del sistema inmunológico para evitar ser destruidas; e incluso pueden engañar al sistema inmunológico para que las ayude a sobrevivir y prosperar.

¿Por qué han aumentado las tasas de cáncer con el tiempo?

En general, las personas viven más tiempo porque las muertes por enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y otras afecciones médicas disminuyeron. Sin embargo, a medida que aumenta nuestra esperanza de vida, también aumenta la probabilidad de que nuestras células acumulen mutaciones genéticas.

Las tasas de cáncer también pueden cambiar según cómo definamos qué es “cáncer”. Por ejemplo, muchos de mis pacientes tienen un tipo de cáncer de médula ósea llamado síndrome mielodisplásico. Recién hace unos 25 años los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y el Instituto Nacional del Cáncer reconocieron formalmente esta afección como un cáncer y comenzaron a registrarla junto con cánceres más comunes, como los de pulmón, mama o próstata.

Una vez que esas agencias gubernamentales decidieron considerar al síndrome mielodisplásico como un cáncer, el número de diagnósticos de cáncer en Estados Unidos aumentó de inmediato en aproximadamente 20.000 casos por año.

Y gran parte del aumento de los diagnósticos puede atribuirse a una mejor detección. Los estudios radiológicos se volvieron más precisos y sensibles, lo que les permite detectar mejor las anomalías que conducen a un diagnóstico de cáncer.

También se desarrollaron análisis de laboratorio capaces de identificar marcadores en la sangre, como ciertas proteínas, que sugieren la presencia de cáncer antes de que hubiera sido descubierto por otros medios.

Los programas de detección precoz, diseñados para identificar el cáncer en etapas iniciales, cuando tiene mayores posibilidades de curación, descubrieron más tumores de crecimiento lento, incluidos el carcinoma ductal in situ de mama en mujeres o el cáncer de próstata en etapa temprana en hombres, que anteriormente nunca se habrían diagnosticado.

Si bien existen aumentos en ciertos tipos de cáncer —que generan mucha discusión—, como el cáncer colorrectal en personas menores de 50 años, también es cierto que las tasas de cáncer disminuyen en otros grupos, como el cáncer colorrectal en personas mayores de 50 años.

Los tratamientos para atacar y eliminar el cáncer siguen mejorando

Hay algunas buenas noticias: las personas viven más tiempo que nunca después de un diagnóstico de cáncer.

La División de Control del Cáncer y Ciencias de la Población del Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos estima que hay más de 18 millones de sobrevivientes de cáncer en el país y que ese número crecerá hasta los 26 millones para 2040.

El 70% de los sobrevivientes vive cinco años o más después del diagnóstico, aproximadamente la mitad vive 10 años o más y tres cuartas partes tienen 60 años o más.

Si bien parte de la mejora en la supervivencia al cáncer puede atribuirse al mayor número de cánceres detectados en etapas tempranas, también debemos agradecer los avances en las terapias contra el cáncer.

Las quimioterapias tradicionales dañan las células durante el proceso de división aprovechando que las células cancerosas suelen multiplicarse rápidamente.

Otros medicamentos, llamados inhibidores de la angiogénesis, ayudan a prevenir el crecimiento de los vasos sanguíneos que alimentan al tumor.

Sin embargo, estos enfoques terapéuticos no siempre son específicos para el tipo de cáncer de cada persona y también pueden afectar el crecimiento de células no cancerosas.

Pero en las últimas dos o tres décadas se desarrollaron medicamentos dirigidos a mutaciones genéticas específicas presentes en las células cancerosas, como la alteración HER2 en el cáncer de mama, ALK en el cáncer de pulmón, FLT3 en la leucemia y, más recientemente, KRAS en el cáncer de páncreas, entre muchas otras.

Y durante los últimos 10 a 15 años se produjo una revolución en el uso de la inmunoterapia para tratar el cáncer, con medicamentos que se dirigen específicamente a proteínas presentes en la superficie de las células cancerosas o que aprovechan el propio sistema inmunológico del paciente para entrenarlo para que pueda identificar y eliminar el cáncer.

Estos tratamientos más nuevos e innovadores mejoraron las tasas y la duración de la remisión e incluso la supervivencia en varios tipos de cáncer, y transformaron la manera en que tratamos la enfermedad.

Por eso, aunque es cierto que parece haber más cáncer que nunca, también hay más esperanza que nunca: el cáncer se detecta antes, se elimina de manera más eficaz o se transforma en una afección crónica en lugar de una enfermedad potencialmente mortal.

*Mikkael A. Sekeres, es médico y magíster en Ciencias, es jefe de la División de Hematología y profesor de Medicina en el Sylvester Comprehensive Cancer Center de la Universidad de Miami. También es autor de los libros When Blood Breaks Down: Life Lessons from Leukemia [Cuando la sangre falla: lecciones de vida desde la leucemia] y Drugs and the FDA: Safety, Efficacy, and the Public’s Trust [Los medicamentos y la FDA: seguridad, eficacia y la confianza pública].