Morir en si menor

Morir en si menor

En ‘Ruth’, Adriana Riva es capaz de llenarnos de preguntas sobre el vacío, la amistad, la familia o la identidad

Al parecer, Madama Butterfly muere en si bemol, con honor, como reza el aria de la ópera de Puccini y en si bemol. Lo he aprendido con Ruth, el personaje que da nombre a la deliciosa novela homónima de la argentina Adriana Riva, una octogenaria, viuda, médico de formación, que ahora –dice ella– espera la muerte en la cocina en la que pasa los días en camisón, ve la tele, escucha música clásica o toma clases online de historia del arte, pero también va a la ópera con amigas como Luisa, que al salir de ver Madama Butterfly dice que desea morir en si bemol, como la trágica geisha.

Porque al final, la novela, que recibió una mención especial del premio de literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2025, es una reflexión llena de humor y ternura sobre esperar la muerte, el sentido de la vida, del cuerpo, de la existencia y su sufrimiento, aunque, eso sí, desde la inteligencia, aparente ligereza y la ironía de un personaje maravilloso como es Ruth.

En menos de 200 páginas, Adriana Riva es capaz de llenarnos de preguntas sobre el vacío, la amistad, la familia o la identidad y, además, hacernos reír con los olvidos de las octogenarias, sus intentos de echarse ligues, las conversaciones con los nietos o con los hijos e hijas, descritos en ocasiones como grandes desconocidos, cuando no unos saqueadores.

Pero bajo todo ese listado que Ruth nos cuenta de llamadas de teléfono, nuevos achaques, nuevos muertos, también cerramos esta novela con un buen informe sobre artistas de todas las épocas, museos, películas y óperas que apetece revisar.

Máximo emblema del arte

Ruth es una habitual del Teatro Colón de Buenos Aires, ella también cree que la ópera es el máximo emblema del arte, tan irreal, tan absurda, escribe Riva, que todo puede ocurrir. Como en la vida, pienso yo y creo que es lo que nos quiere hacer concluir la autora cuando Ruth comprueba que sus recuerdos no coinciden con los de sus hijos, cuando ella misma se da cuenta de que no hace falta, que entre lo que olvidamos va mucho de lo que queremos olvidar y que al final solo permanecen algunas emociones a veces inasibles como las que Ruth encuentra dentro de las pinceladas de los cuadros en los que se diluye durante horas.

'Ruth' es una reflexión llena de humor y ternura sobre esperar la muerte, el sentido de la vida, del cuerpo, de la existencia y su sufrimiento

Wagner, Verdi, Mozart, el director de orquesta Daniel Barenboim o la soprano rusa Anna Netrebko ponen la banda sonora a esta novela en la que cobra especial relevancia, aunque está sutilmente tratado, el extraordinario 'Lamento de Dido' de la ópera de Henry Purcell sobre el amor trágico entre la reina de Cartago y Eneas, el héroe troyano.

Ruth lo escucha en su cocina, en babuchas y camisón, y llora desconsolada. No es para menos. Adriana Riva no menciona en qué versión escucha Ruth el lamento, pero podemos sugerir que sea la de Les Arts Florissants con la voz de Veronique Gens o la de Emma Kirkby dirigida por Christopher Hogwood junto a la Academy of Ancient Music en la que se guarda una gran fidelidad al espíritu original del barroco, incluido el uso de instrumentos de la época.

En todas ellas, Dido, en sus últimos instantes se siente apesadumbrada por haber perdido a Eneas y haber traicionado a su reino por él, así que da la mano a Belinda y canta: "Cuando yazca en la tierra que mis errores no causen sufrimiento. Recuérdame, pero ¡ay!, olvida mi destino".