Más que partidos, contenidos para redes

Más que partidos, contenidos para redes

El Mundial puede ser una herramienta para reconectarnos con el presente y dejar el piloto automático. Sin embargo, ese momento de conexión se fragmenta rápido: si mientras miramos el partido comentamos en Instagram, vemos memes, discutimos jugadas en X o respondemos WhatsApp, ya no estamos viendo el partido, estamos procesando diez cosas a la vez.

La mente humana no fue diseñada para procesar simultáneamente decenas de estímulos; demasiada información simultánea no es estimulante, es una fuente de ansiedad.

Cuando atendemos a múltiples estímulos a la vez, pagamos un alto costo: disminuye la capacidad de atención y de registrar lo que sentimos. Hay un fenómeno asociado a esto: FOMO (Fear of Missing Out), el miedo a perderse algo importante. Las redes nos exponen permanentemente a lo que otros ven, comentan o sienten. Durante eventos masivos como el Mundial, ese mecanismo se intensifica.

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Hoy más que nunca

Ya no alcanza con ver el partido, también hay que estar al tanto de las reacciones, las polémicas, los memes y las conversaciones paralelas. Le pedimos al cerebro que permanezca en estado de vigilancia constante en vez de enfocarse (y así descansar, aunque sea en medio de la excitación de ver jugar a Messi).

Las redes sociales tienen una característica particular: transforman la experiencia en contenido. Antes solo era vivir el momento, ahora se necesita registrar, comparar, publicar, reaccionar: el objetivo es la respuesta inmediata. Así, sobreexcitan el sistema nervioso ancestral: lo bombardean con estímulos y notificaciones, lo agotan con descargas constantes de dopamina y terminan apagando la parte racional del cerebro, la que nos permitiría disfrutar. Por eso terminamos sintiéndonos sobrepasados después de horas consumiendo información, incluso cuando se trata de contenido que nos genera placer.

Las emociones necesitan tiempo para desarrollarse. Las redes se manejan con una lógica opuesta: sentir rápido, reaccionar rápido y publicar rápido. El cerebro permanece en un estado de alerta constante y en lugar de disfrutar, sigue buscando qué más debería estar viendo. En el próximo partido, probá mirarlo entero sin el teléfono. Después fijate qué pasó con tu estado de ánimo.

No estoy en contra de las redes, tienen una gran capacidad para unirnos y para generar comunidad. Pero no deberían reemplazar la experiencia, sino acompañarla.

Tres estrategias para enfrentar el sentimiento de FOMO:

1- Detectar la ilusión de que “todos están viviendo algo mejor que yo”. El FOMO se alimenta de una comparación injusta: comparamos una escena de nuestra vida “sin editar” con el posteo o foto que otros subieron editada. Recordá que las redes muestran una selección y no la totalidad de una vida, eso puede ayudarte a bajar la sensación de quedar afuera.

2- Practicar JOMO: el placer de perderse cosas. JOMO (Joy Of Missing Out) es el concepto opuesto al FOMO. Busca encontrar felicidad en la decisión de no tener que estar en todos lados. No participar de cada conversación, evento o tendencia también puede ser una forma de autocuidado.

3- Poner límites a la exposición digital. La comparación constante aumenta cuando la mente recibe estímulos infinitos. Crear momentos sin pantalla permite que el cerebro vuelva a registrar sus propias experiencias.

* Psicóloga, autora de Frená tu Cabeza y creadora del podcast Psicología al desnudo.