Un dolor, una textura distinta o un resultado inesperado en un control no son motivo de pánico, pero sí de consulta. Cuándo conviene ver a un especialista.
Un dolor en la mama, un bulto que aparece de repente o un resultado inesperado en un control de rutina suelen generar la misma reacción: preocupación.
La buena noticia es que la mayoría de las alteraciones mamarias son benignas. La Sociedad Argentina de Mastología detalla cuáles son las más frecuentes, cómo se detectan y cuándo realmente amerita una consulta urgente.
Mama densa: una condición, no una enfermedad
La mama densa ocurre cuando predomina el tejido glandular sobre el tejido adiposo. Se detecta a través de la mamografía y se estima que la mitad de las mujeres mayores de 40 años la presenta. “No es una anormalidad ni una enfermedad; es muy frecuente en las mujeres muy jóvenes, mientras es más infrecuente en las mujeres añosas en las que la casi totalidad de la glándula ha sido reemplazada por grasa”, explican desde la Sociedad Argentina de Mastología.
La entidad aclara, sin embargo, un matiz importante: “El mayor riesgo de tumor mamario no está dado tanto por la densidad mamaria sino por el hecho de ser mujer y por cumplir años, ya que a mayor edad, mayor riesgo. Tener mamas densas indica una mayor predisposición, pero no es sinónimo de que se padecerá la enfermedad”. El único punto a tener en cuenta es que esa mayor densidad puede dificultar el diagnóstico al “esconder” pequeños nódulos en los estudios por imagen.
Displasia mamaria: el desequilibrio hormonal más común
“La displasia mamaria más que una enfermedad es una condición de la mama que ocurre en la mujer fértil, mayormente entre los 20 y 30 años”, explica la información de la web la entidad. Las causas pueden ser hormonales —por aumento de estrógenos y prolactina— o estar vinculadas a ciertos hábitos alimentarios, como el exceso de café, mate, té, bebidas cola, quesos, banana y chocolate, además del tabaquismo.
Suele manifestarse con dolor en la segunda mitad del ciclo menstrual, sobre todo en el cuadrante superior y externo de la mama, además de la aparición difusa de nódulos o secreción por el pezón. “Son útiles los analgésicos, que ayudarán a calmar el dolor. Lo mejor es concurrir al especialista para aclarar el origen y tratarlo de la manera más conveniente sin incurrir en sobremedicación”, remarca Cassab.
Nódulos y fibroadenomas: por qué nunca hay que dejarlos pasar
El término “nódulo” engloba tanto alteraciones benignas como malignas, y por eso ningún hallazgo debería minimizarse sin antes consultarlo. “Desde el punto de vista clínico, se utiliza cuando la paciente en su autoexamen o el médico en la revisación palpa una formación redondeada en la mama”, dicen los expertos.
Una distinción importante: “Cuando hablamos de nódulos quísticos es importante aclarar que siempre se trata de nódulos benignos, en cambio dentro de los nódulos sólidos podemos encontrar ambos casos. Muchos de ellos serán benignos, pero acá también encontramos casos de malignidad”, aclaran desde la entidad.
Por eso. la recomendación es categórica: ante cualquier nódulo palpado, la consulta debe ser inmediata, ya que solo el especialista puede llegar a un diagnóstico de certeza. Los fibroadenomas, por su parte, son los nódulos benignos más frecuentes.
Mastitis: la inflamación que no es exclusiva de la lactancia
La mastitis es un proceso inflamatorio del tejido mamario, con o sin infección asociada, que se presenta con hinchazón, enrojecimiento y dolor. Aunque suele asociarse a la lactancia, también puede darse fuera de ese período. En las mujeres lactantes, la mastitis es más frecuente durante los tres primeros meses. La retención de leche y el sobrecrecimiento de bacterias asociado a grietas del pezón suelen predisponer a la infección. En las mujeres que no amamantan, se consideran factores predisponentes la diabetes, el tratamiento con corticoides, la inmunosupresión y el tabaquismo, explica un informe publicado en la página web de la Sociedad Argentina de Mastología.
Si no se trata a tiempo, el cuadro puede derivar en abscesos mamarios, que se manifiestan como nódulos delimitados y dolorosos. El diagnóstico precoz y tratamiento oportuno de la mastitis permite evitar complicaciones que podrían requerir intervenciones quirúrgicas.
La regla de oro: no dejar pasar los controles
Más allá de cuál sea la alteración en cuestión, los especialistas remarcan dos pautas simples pero fundamentales:
- no saltearse los controles ginecológicos y mamarios de rutina,
- y consultar sin demora ante cualquier síntoma —un bulto, dolor persistente, secreción anormal o cambios visibles en la piel—.
La detección temprana sigue siendo, en todos los casos, la herramienta más efectiva para un buen pronóstico.