Lo sagrado y lo choreado

Lo sagrado y lo choreado

La religión, el mesianismo, el anticristo son parte de una discusión global que involucra a magnates tecnológicos, religiosos y políticos. Contrasta esa mirada con la tolerancia a la corrupción en lo cotidiano.

“La protección brindada a Manuel Adorni fue el hecho que terminó de hacer evidente esa distancia. No porque crea que una persona defina el destino de un partido, sino porque las organizaciones revelan su verdadera identidad en aquello que deciden justificar, tolerar o defender. Cuando la conveniencia política comienza a pesar más que la responsabilidad ética, el liderazgo pierde su sentido más profundo.”

Esteban Bullrich

“Mis amigos son unos atorrantes/ Se exhiben sin pudor, beben a morro/ Se pasan las consignas por el forro/ Y se mofan de cuestiones importantes.”

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Hoy más que nunca

Joan Manuel Serrat, “Las malas compañías”

1. En la semana que termina, Máximo Kirchner reemplazó a Manuel Adorni como principal vocero del oficialismo. Más allá de las formalidades, del cargo que asume Adrián Ravier, el oficialismo encuentra en la interna de la oposición su mejor argumento para mantenerse en el poder. El fin al que suele apelar el aún jefe del Gabinete en sus tuits también es el apocalipsis de una forma de hacer política. Aquella anarquía, el anarcocapitalismo, encuentra su mejor vocería en la incapacidad de toda una sociedad, y especialmente de una oposición, de producir mensajes que sean transformadores y significativos para el conjunto. Si la oposición se pierde en su propio laberinto, el discurso oficial se vuelve único: la discusión es por detalle. El peronismo, atrapado en su propio narcisismo de las pequeñas diferencias, lo que consigue es tornarse indiferente para gran parte de la sociedad. Una sociedad que está cada vez más lejos de la política en un contexto de una transformación que es más que política. Se trata de un cambio cultural arrasador a nivel global y que tiene en la Argentina uno de sus laboratorios más potentes.

2. ¿En qué consiste este discurso único? Como todo proyecto hegemónico, tiene un contenido religioso que lo constituye. Lo que Peter Thiel expresa en lo global, una forma del catolicismo antivaticana, ultramontana, tiene en el mesianismo de Javier Milei su expresión local y su política: la religión, el vínculo con lo sagrado, la sensación de ser las fuerzas del cielo. Juan Luis González, desde la aparición de su segundo libro, viene señalando las particularidades locales referidas al Presidente. Más allá de su vínculo con rabinos y pastores evangélicos un tanto marginales dentro de sus propios credos, la pregunta por la religiosidad apocalíptica de Milei y de todos los extremismos de derecha es un punto esencial de este tipo de proyectos.

3. El periodista Tomás Trapé, en el indispensable y polémico programa de YouTube Cabaret Voltaire, marcó uno de los aspectos más exóticos de las ideas que circulan en el mundo del libertarianismo económico y el tecnoptimismo ideológico –nos resistimos a llamar filosofía a este tipo de ideas. Fue la formulada por Joe Rogan, comentarista de UFC que expresa en su podcast superexitoso muchas de las ideas más en boga en ese mundo. Rogan dijo que el nuevo advenimiento de Cristo será a través de una inteligencia artificial. En su mesianismo curioso expresó que todo aquello era factible, entre otras cosas, porque las computadoras son vírgenes. Podría ser casi cómico tal exotismo. Pero es la expresión de un mundo cultural que sostiene ideas más sofisticadas. E igualmente radicales.

4. Peter Thiel fue discípulo del antropólogo René Girard. Su libro La violencia y lo sagrado debe leerse con cuidado. Girard describía cómo la violencia comprimida tiende a esparcirse y a precipitarse sobre un objeto de recambio –el chivo expiatorio– cuando no puede alcanzar su objeto original. Las precauciones rituales, señalaba, buscan prevenir esa difusión y proteger a quienes quedan repentinamente implicados en una situación de violencia. Thiel tomó esa lección y la convirtió en doctrina de negocios y de poder.

5. En el libro Lo santo, Rudolf Otto marcaba en lo religioso una particular síntesis entre el mysterium tremendum y lo fascinante: el temblor ante algo que aplasta, que hace sentir al sujeto como criatura anonadada frente a una majestad absoluta, y al mismo tiempo, la atracción irresistible hacia ese mismo misterio, el deseo de ser absorbido por lo que a la vez aterra. Se ha señalado ya el vínculo entre fascinación, fascismo y falo.

6. Umberto Eco dijo hace muchos años que existen dos posturas posibles ante la cultura de masas. Más que sintéticamente, digamos que están aquellos que son apocalípticos –los que piensan que todo tiende al desastre– y los integrados, los que encuentran estímulos e ideas en aquello que estuvo alejado de la reflexión académica. Vivimos tiempos de apocalípticos integristas: pensar el fin del mundo como una posibilidad y fascinarse con el transhumanismo. El apocalipsis en la tierra y la aceleración religiosa.

7. La discusión global incluye temas como el fin del mundo, el advenimiento de un nuevo ungido, mesías diversos, inteligencias artificiales devastadoras. Por eso, resulta ineludible la lectura de la última encíclica papal, Magnifica Humanitas, que promulgó León XIV. Allí, a la luz de la doctrina social de la Iglesia, se advierte que cuando el ser humano es tratado como materia para ser perfeccionada o superada, se vuelve más fácil aceptar que algunos sean considerados menos útiles, menos deseables, menos dignos; y que en nombre del progreso puede llegarse a pensar en sacrificios necesarios, haciendo pagar a los más vulnerables el precio de una presunta optimización de la especie.

8. Tanta religión y religiosidad presenta, sin embargo, una paradójica práctica. La posición ambigua de los magnates y sus políticos instrumentales respecto de temas como la corrupción. El olvido de los diez mandamientos, por caso, parece una falta importante. Más allá del no matarás o el no robarás, no hay espacio sagrado posible.

9. Por eso, ante el silencio peronista en cuestiones como la de Martín Insaurralde, o el del oficialismo sobre el propio Adorni, aparece como un símbolo potente la carta pública de otro católico, Esteban Bullrich, abandonando su partido histórico, el PRO. Allí, el exsenador dice que seguirá trabajando “desde donde Dios me permita hacerlo, para promover una cultura política que entienda el poder como servicio, la verdad como un deber y la dignidad de cada persona como el centro de toda decisión”. Si es un deber ético hacer consciente lo inconsciente, vivimos tiempos tan distópicos, que se torna esencial también hacer consciente a la conciencia.