Al otro lado del mundo se esconden los secretos de una de las civilizaciones más antiguas y una de las más modernas a la vez.
Catalogado como uno de los países más bellos de África, Egipto es también uno de los candidatos a ganar la Copa Mundial de Fútbol 2026 y quien podría plantarle cara a la Argentina. Pero mientras el cronómetro aún no ha empezado a descontar, solo queda conocer más del adversario no solo en el ámbito futbolístico.
El equipo de “Los faraones” delata los vestigios de una de las civilizaciones más antiguas del mundo. Parientes de alguno de los dioses en la Tierra egipcia, los jugadores de esta Selección tienen una conexión muy lejana con las primeras grandes culturas de nuestro planeta. Egipto es una nación reconocida por sus logros monumentales en arte, arquitectura, religión y cultura. Allí se conforma una configuración de panteones de diosas y dioses, momificaciones y mística, museos fuera de lo común, ríos fértiles y renombrados como el Nilo o los extensos y abrumadores desiertos y las costas del Mar Rojo. Las templos y las tumbas que desafían la ingeniería son las principales maravillas que deslumbran al territorio egipcio.
Misterios milenarios en las tierras de Giza
Su nombre oficial es la República Arábica de Egipto, siendo su capital El Cairo donde ya es posible encontrarse con las pirámides más famosas. Las tres más destacadas del globo son la Gran Pirámide de Keops, la Pirámide de Kefrén y la Pirámide de Micerino, además de la Gran Esfinge, todas construidas hace casi 5000 años. Esta colosal edificación de Giza, considerada la más antigua de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo (probablemente construida en el 2560 a. C. o incluso mucho antes), es una vista impresionante y uno de los mejores lugares para visitar en el país.
El casco histórico de El Cairo. (Imagen Web)
Hace preguntarse cómo se logró su precisa simetría y su asombrosa ingeniería en aquella época. Se accede a este magnífico monumento a través del Túnel de los Ladrones, creado con el objetivo de saquear los supuestos tesoros y conocimientos ocultos guardados por el faraón Keops, donde se desciende por los pasillos inclinados para contemplar el sarcófago de granito roto en su interior. No muy lejos se encuentra la Esfinge, con cuerpo de león y sereno rostro humano, que ha sido testigo de los cambios que han transformado a la nación a lo largo de los siglos.
Luxor y los lazos históricos con Europa
El museo al aire libre más grande del mundo y un obsequio histórico. Siguiendo el curso del mítico río Nilo —el más largo del mundo con más de 6,650 kilómetros— se llega a Luxor, una ciudad catalogada literalmente como el mayor espacio de exhibición al planeta. Allí se encuentra el Templo de Karnak, una descomunal estructura de arenisca construida por 30 faraones diferentes a través de las eras, donde destaca la Sala Hipóstila y sus 134 columnas gigantescas repletas de jeroglíficos.
Como dato curioso que conecta a la región con el corazón de Europa, el imponente obelisco del Templo de Luxor, que tiene más de 3,000 años de antigüedad, tiene un gemelo idéntico. Sin embargo, no está en África: fue obsequiado a Francia en 1830 por el gobernante Muhammad Ali Pasha y hoy adorna la famosa Plaza de la Concordia en París.
El rescate de Abu Simbel y los oasis modernos
Abu Simbel: ingeniería colosal y mudanzas imposibles. El viaje hacia el sur revela otro hito impresionante: los templos rupestres de Abu Simbel, esculpidos directamente en la roca por orden de Ramsés II en el siglo XIII a. C. La entrada al Gran Templo está flanqueada por estatuas colosales de 20 metros de altura que representan al faraón en su trono. Este complejo ostenta su propio récord arquitectónico moderno: para evitar que quedara sepultado bajo las aguas debido a la construcción de la Presa Alta de Asuán en la década de 1960, todo el complejo fue cuidadosamente desmantelado, cortado en bloques y reconstruido piedra por piedra en una zona más elevada. Una hazaña de la ingeniería contemporánea para salvar el legado de la arquitectura antigua.
Del papiro milenario al oasis del Mar Rojo. La mística egipcia también sobrevive en los pequeños detalles cotidianos que llegaron hasta nuestros días. En las orillas del Nilo aún se preserva la técnica milenaria para transformar los juncos en papiro, el primer soporte de escritura de la historia, mientras se extrae el aceite esencial de la flor de loto blanco, un aroma sagrado para los antiguos reyes. Para los habitantes de hoy, el contraste es absoluto. Mientras El Cairo bulle entre mezquitas históricas, bazares centenarios como Khan el-Khalili y restaurantes donde se sirve el tradicional koshari (un icónico plato callejero a base de lentejas, arroz y macarrones), las costas del Mar Rojo en Sharm El Sheikh o Hurghada ofrecen un paraíso moderno de relax y buceo. Un enigma de piedra, arena y modernidad que la Selección Argentina de Fútbol vigila de cerca, pero que el mundo entero admira desde hace cinco milenios.