Gimnasia al volante: por qué manejar un auto manual podría ayudar a que el cerebro no entre en “modo avión”

Gimnasia al volante: por qué manejar un auto manual podría ayudar a que el cerebro no entre en “modo avión”

  • Las opciones con transmisiones manuales están desapareciendo en todo el mundo.
  • Pero su uso cotidiano activa zonas clave de la mente que las cajas automáticas dejan dormidas.

La conducción está cada día más automatizada y, en algún punto, el confort nos está ganando la partida. La proliferación de autos con cajas automáticas está haciendo desaparecer las opciones manuales y con ello la posibilidad de mantener una actividad cerebral que no teníamos en cuenta.

En lugares como Japón o Estados Unidos, los autos con caja manual ya son una excentricidad que apenas representa entre el 1% y el 2% de las ventas de vehículos nuevos. Incluso en Europa, el histórico bastión de la palanca de cambios, la cuota cayó recientemente por debajo del 30% debido al avance imparable de los autos eléctricos e híbridos.

En Argentina, las opciones manuales quedaron reservadas casi exclusivamente para modelos de gama baja o pickups y vehículos comerciales. Y cada modelo nuevo que se presenta, llega con una gama con solo caja automática.

Nos acostumbramos a que el auto haga todo por nosotros. Sin embargo, justo cuando el embrague parecía estar destinado solo para los puristas del manejo, la ciencia acaba de abrir un debate inesperado: ¿y si estar tan cómodos nos está volviendo un poco más lentos?

Un estudio preliminar

La hipótesis viene de la mano de un peso pesado de la ciencia pop: el profesor Ryuta Kawashima, neurocientífico de la Universidad de Tohoku, tomó notoriedad mundial por haber sido el cerebro detrás de Brain Age, la famosa saga de videojuegos de Nintendo que puso a millones de personas a hacer ejercicios mentales frente a las pantallas en los años 2000.

Kawashima, que dedicó gran parte de su carrera a estudiar cómo diferentes actividades cotidianas estimulan nuestras capacidades cognitivas, puso el ojo sobre la conducción.

Tras analizar durante años cómo el manejo de motos activaba el cerebro de adultos de mediana edad, su nueva investigación, presentada por el medio japonés Best Car Web, apunta directamente a las transmisiones de los autos.

El gimnasio de la corteza prefrontal

¿Por qué meter cambios sería un entrenamiento mental? La explicación es puramente lógica y responde a la demanda cognitiva. Manejar un auto manual nos obliga a coordinar, de manera continua y en milisegundos, el pie izquierdo en el embrague, el derecho entre el acelerador y el freno, y la mano derecha en la palanca de cambios.

Todo esto ocurre mientras calculamos la velocidad del vehículo, las revoluciones del motor y lo que pasa en el tránsito. Cada rotonda, cada esquina o cada sobrepaso exige una toma de decisión constante.

Según explica el neurocientífico, esta secuencia milimétrica activa con fuerza la corteza prefrontal, la región del cerebro implicada en las llamadas "funciones ejecutivas". Estamos hablando de la zona que maneja nuestra capacidad de concentración, la planificación, la memoria de trabajo y la velocidad para tomar decisiones bajo presión.

En cambio, al pasarnos a un auto automático, donde la única tarea es poner la palanca en "D" y acelerar, toda esa carga cognitiva desaparece. El cerebro, básicamente, entra en modo avión.

Rigor científico vs. nostalgia fierrera

Como en toda buena nota de divulgación, es necesario poner los pies sobre la tierra. Hasta el momento, no existe un estudio científico definitivo, revisado por pares, que asegure que manejar un auto manual vaya a prevenir la demencia o a retrasar el deterioro cognitivo de la vejez.

La afirmación de Kawashima es una hipótesis sólida basada en la activación cerebral que registran sus equipos de medición, pero todavía falta camino por recorrer para transformarla en una verdad médica absoluta.

Aun así, el planteo deja una reflexión flotando en el aire. En una época donde la tecnología busca asistirnos en cada detalle de la vida para que hagamos el menor esfuerzo posible, el verdadero cuidado de nuestra salud mental podría estar en los lugares menos pensados.

Quizás defender el tercer pedal ya no sea solo un capricho de los fanáticos de la vieja escuela que buscan "sentir el auto", sino una de las formas más inesperadas y cotidianas de mantener el cerebro despierto.