- La extraordinaria demanda energética y alimentaria coloca a la Argentina como uno de los países más favorecidos por la nueva situación mundial.
- El agro debe transformar a sus 10.000 productores de punta en 100.000/150.000 emprendedores.
El campo argentino es el verdadero “gigante dormido” de la economía nacional.
Hay un nuevo sistema económico en la Argentina que es el resultado de los cambios estructurales realizados en los últimos 2 años y medio, de los que ha surgido un doble superávit fiscal y de cuenta corriente que garantiza que ahora es posible crecer sostenidamente en el largo plazo; y esto sucede cuando la guerra con Irán ha puesto de manifiesto la existencia en el mundo de una extraordinaria demanda energética y alimentaria, que coloca a la Argentina como uno de los países más favorecidos por la nueva situación mundial.
A estos datos hay que sumarle la condición que ha adquirido el país de aliado privilegiado de EE.UU – el gran acierto de Javier Milei - que es el centro y eje de un nuevo orden global en materia de comercio e inversiones, y que está aliado a China: estos son los 3 términos de la ecuación central de la época: nuevo orden global + eje en EE.UU + aliado a China.
Esto significa que en el mundo de hoy hay que juzgar a un sector económico no sólo por lo que aporta al PBI, sino ante todo por sus potencialidades. Hoy más que nunca lo actual y lo posible constituyen una unidad inescindible.
Este es un sistema global absolutamente integrado por la revolución de la técnica en su fase de Inteligencia artificial, cuya categoría básica ya no es más el espacio o el tiempo, sino la instantaneidad.
Con esta aproximación debe ser juzgado el campo argentino: este año produce más de U$S 50.000 millones, record histórico; y sin embargo está a sólo 20%/30% de su potencial, lo que significa que está profundamente retrasado respecto a las posibilidades de la época y a sus propias virtualidades.
Basta compararlo con Brasil, un país que en 1980 importaba más de 75% de los alimentos que consumía, y hoy es el primer productor y exportador de carne vacuna del mundo, y el segundo vendedor de soja en el sistema global.
A esto hay que sumarle que según Naciones Unidas Brasil es el único país que está hoy en condiciones de aumentar 40% su producción agroalimentaria en los próximos 10 años, lo que implica que hoy el agro brasileño sólo ha adquirido 60% de su potencial.
La diferencia entre el agro brasileño y el argentino es simple: el “gigante dormido” que era la producción agroalimentaria brasileña en la década del ´80 se ha despertado con todo su vigor; y mientras tanto la producción agroalimentaria argentina sigue dormida sobre su enorme potencial.
La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) señaló en un informe reciente que Brasil produce más del doble de granos que la Argentina, cuadruplica la producción de carne vacuna, y exporta 5 veces más que nuestro país.
Conviene mencionar lo siguiente:
-Brasil producía 60 millones de toneladas de granos en 1990, y su producción superará 380 millones de toneladas en 2026.
-La producción de carne vacuna brasileña superó 4 veces la producción argentina en la campaña 2025/2026.
Pero lo más notable es lo que sucede en el aspecto territorial: en el estado de Mato Grosso do Sul, situado en el Centro-Oeste de Brasil, y que es el corazón del “milagro agrícola” brasileño, el ingreso per cápita de su población es 3 veces superior al promedio nacional, y ya son 8/9 ciudades de más de 300.000 habitantes de ese estado cuyo ingreso per cápita es todavía superior.
De lo que se trata en el agro argentino es de transformar a sus 10.000 productores de punta en 100.000/150.000 emprendedores con una actitud semejante a la de Mato Grosso, que es una suerte de Silicon Valley agraria, basada en un afán común de prosperidad, de éxito, de logro, de inversión y de ganancia.
Por eso el verdadero “gigante dormido” de la economía argentina no es la minería del cobre o del litio, sino el agro argentino, si éste despierta de su ya innecesario sopor y transforma con todo su vigor a Venado Tuerto, o Marcos Juárez, o Charata en el Chaco, como grandes centros de prosperidad y de alta tecnología dotados de instituciones terciarias de formación, y sobre todo transformados en grandes creadores de riqueza capaces de atraer millones de personas de los sectores estancados del país.