Cuando la confusión y el silencio terminan desplazando a Loan del centro de la escena

Cuando la confusión y el silencio terminan desplazando a Loan del centro de la escena

Cuando la niebla crece, el riesgo no consiste únicamente en dificultar la reconstrucción racional de lo ocurrido. El riesgo es todavía mayor: que, entre tantas versiones, el proceso y la sociedad naturalicen la sustracción del menor y dejen de mirar a quien nunca debió desaparecer del centro de la escena: el niño secuestrado.

De aquí surge la cuestión de la niebla.

El pasado ya no puede volver a contemplarse directamente. Los hechos ocurrieron una única vez y quedaron definitivamente fuera del alcance de nuestra percepción. El proceso penal no reconstruye el hecho mismo: reconstruye, mediante la prueba, la versión que mejor explica racionalmente lo sucedido.

Precisamente por eso la niebla adquiere tanta importancia. No altera lo que ocurrió, pero dificulta la posibilidad de formular y comprobar afirmaciones verdaderas sobre ese pasado.

A medida que transcurre el tiempo aparecen lo que mundialmente en casos similares aparece en estos casos, ataques arteros, infundados e imputaciones a los padres, (fueron los padres sin duda), peor aún si como es el caso, una de las sospechosas es la propia tía y prima de Loan, peor aún si existe en el medio una campaña política, versiones interesadas, tironeo para cada bando ocasional y en disputa, relatos parciales, shows mediáticos, figuras famosas, comercialización del caso mediante plataformas de streaming, noticias falsas incompatibles con una reconstrucción seria, declaraciones cruzadas, silencios, intereses contrapuestos, disputas procesales, interpretaciones enfrentadas y un flujo permanente de información que, lejos de acercar al conocimiento más aséptico, como desde el primer ha pretendido y pretende permanentemente este portal de noticias como muchos otros medios serios con Loan, muchas veces lo oscurecen.

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Hoy más que nunca

Entonces la niebla comienza a crecer.

Y cuando la niebla crece, el riesgo no consiste únicamente en dificultar la reconstrucción racional de lo ocurrido. El riesgo es todavía mayor: que, entre tantas versiones, el proceso y la sociedad naturalicen la sustracción del menor y dejen de mirar a quien nunca debió desaparecer del centro de la escena: el niño secuestrado.

Eso es lo que, lenta y lamentablemente, parece haber comenzado a ocurrir con Loan.

Loan permanece sustraído

La investigación federal fue elevada a juicio con la hipótesis de que Loan fue sustraído, ocultado y apartado de su entorno familiar, en el marco del delito previsto en el artículo 146 del Código Penal.

Este delito es considerado de manera prácticamente unánime por la doctrina y la jurisprudencia como un delito permanente: su consumación se prolonga mientras el menor permanezca privado de su libertad o sustraído del ejercicio de la patria potestad. La permanencia cesa cuando la víctima es recuperada o cuando existe certeza jurídica sobre el fin de esa situación.

Mientras no se conozca el paradero de Loan ni exista una decisión judicial firme que establezca otra cosa, la investigación parte de la base de que el hecho continúa produciendo efectos jurídicos.

El 13 de junio de 2024 desapareció un niño. No desapareció una causa judicial. No desapareció un expediente. No desapareció una discusión jurídica. Desapareció un niño. Loan Danilo Peña.

Ése fue el hecho que conmovió al país y que movilizó a cientos de investigadores, fuerzas de seguridad, fiscales, jueces, periodistas y ciudadanos. Todo comenzó por una sola razón: un niño dejó de estar donde debía estar.

Sin embargo, con el paso del tiempo, el centro de gravedad del caso comenzó a desplazarse.

Hoy seguimos cada audiencia del juicio oral. Analizamos estrategias defensivas, declaraciones, planteos procesales, recursos, contradicciones, gestos, silencios y hasta las reacciones incomprensibles, autistas y provocativas gratuitamente de quienes abandonan la sala de audiencias ignorando que Loan sigue en peligro. Es natural que un juicio de semejante trascendencia despierte interés. Pero mientras todo eso ocurre, existe una pregunta que corre el riesgo de quedar perdida entre tanta información.

¿Dónde está Loan?

Esa pregunta debería abrir y cerrar cada jornada judicial, con respeto, retraimiento, incertidumbre y compasión.

Porque el juicio tiene imputados. Tiene defensores. Tiene fiscales. Tiene jueces. Tiene testigos. Tiene expedientes. Pero el único protagonista irremplazable sigue siendo y nunca, en ningún instante hasta que aparezca debería dejar de serlo, el mismo niño cuya ausencia dio y da origen a todo: Loan.

Y mientras su paradero continúe siendo desconocido, ninguna discusión secundaria debería ocupar el lugar de esa pregunta esencial.

Hay algo más que inquieta. La niebla rara vez aparece de golpe. La niebla suele construirse lentamente. Se alimenta del paso del tiempo. Se espesa con los silencios. Crece con las contradicciones.

Se fortalece cuando las versiones incompatibles reemplazan a los hechos comprobados.

Y alcanza su máxima densidad cuando la sociedad termina hablando más de quienes rodean el caso que del niño que todavía falta.

Quizás el mayor peligro no sea solamente que alguien conozca una parte de la verdad y decida callarla.

Quizás el mayor peligro sea que todos nosotros terminemos acostumbrándonos a vivir dentro de esa niebla.

Porque entonces ocurre algo todavía más grave. Loan deja de ocupar el centro de su propia historia. Y ese sería un segundo daño. El primero fue su desaparición. El segundo sería permitir que su ausencia quede cubierta por una niebla hecha de confusión, tiempo y silencio.

Por eso vale la pena detenerse un momento y volver al principio. No al principio del expediente. No al comienzo del juicio. Al principio humano de todo esto: Loan.

Megaoperativo Loan Peña
Rastrillajes y búsquedas, todo fue en vano.

Las hipótesis. ¿Qué puede haber pasado con Loan?

Desde un punto de vista lógico, pueden imaginarse muchas variantes. Pero si tratamos de agruparlas en grandes categorías, se insinúan como posibilidades reales esencialmente tres.

Primera posibilidad: Loan está con vida y permanece bajo el control, custodia u ocultamiento de una o más personas. Ahí caben muchas variantes: cautiverio, ocultamiento, traslado, cambio de identidad, permanencia en otro lugar, etc. Son variantes de una misma categoría: está vivo y alguien conoce dónde está.

Segunda posibilidad: Loan fue víctima fatal en algún momento posterior a su desaparición y ese hecho permanece oculto. También aquí hay variantes (ataque accidental a su vida, homicidio, u otra causa), pero todas confluyen en una misma categoría: ya no está entre nosotros y esa circunstancia sigue siendo ocultada.

Tercera posibilidad: existe una realidad distinta que hoy la investigación desconoce por completo y que todavía no ha podido reconstruirse. Esta es la categoría residual. No significa que sea probable; significa simplemente que toda investigación seria debe admitir que puede existir una explicación aún no descubierta.

Ahora bien, si uno analiza el caso desde la experiencia criminalística y procesal, esa tercera categoría se va reduciendo con el paso del tiempo. Cuanto más tiempo transcurre sin noticias verificables, menos espacio queda para hipótesis extraordinarias y más peso adquieren las dos primeras.

Hay además una reflexión jurídica interesante.

Lo que hoy sí sabemos es que el Estado no sabe dónde está Loan. Ese es un hecho objetivo.

Lo que no sabemos es cuál de las dos primeras hipótesis es verdadera: si continúa con vida bajo control de terceros o si por el contrario fue víctima fatal de sus captores y ello permanece oculto.

Y justamente esa incertidumbre es la que hace que el caso conserve una enorme gravedad, interés y obligación de ocuparnos cotidianamente.

La recompensa pendiente y la reconstrucción que no llega

La niebla también se alimenta de las demoras. Mientras las decisiones esperan, Loan sigue faltando.

Si realmente queremos correr la niebla, todavía existen herramientas no utilizadas históricas y muy antiguas, (pero no por ello menos útiles en estos casos) que la alquimia empírica de investigadores sagaces y la práctica criminal han demostrado eficaces cuando una causa parece estancarse y la investigación sobre donde esta Loan, está estancada.

No hay que inventar nada, solo decisión oportuna y eficiente.

La primera es una recompensa suficientemente significativa, importante en cifra, controlada, verificada la información, difundida con metodología, cuidado e inteligencia criminal y acompañada de garantías reales de protección, capaz de llegar a ese testigo privilegiado que conoce la verdad pero que, por miedo, convicciones religiosas, supersticiones, lealtad, amenazas o conveniencia, aún no se ha decidido a hablar.

En investigaciones complejas, muchas veces no falta la verdad; falta el último impulso para que quien la conoce rompa definitivamente el silencio y aporte la versión más fidedigna de lo que sucedió, como explica Binder.

La segunda medida es la reconstrucción integral de los hechos. No como un acto meramente formal, sino como una herramienta dinámica para confrontar versiones, verificar tiempos, recorridos, posibilidades materiales y contradicciones frente al escenario donde todo comenzó.

La memoria puede fallar; los relatos pueden modificarse; pero los espacios, las distancias, los tiempos y la física de los acontecimientos suelen conservar una capacidad extraordinaria para revelar inconsistencias y rescatar detalles olvidados.

Cuando un niño sigue sin aparecer, ninguna medida útil debería descartarse de antemano. La búsqueda exige agotar todos los recursos razonables que puedan acercar a la verdad, porque mientras Loan continúe ausente, toda posibilidad seria de encontrarlo o de reconstruir con certeza lo que ocurrió merece ser intentada.

Un niño fue visto por última vez

Desde aquel 13 de junio en 9 de Julio Corrientes, desde ese instante, toda la investigación, todo el proceso judicial y toda la movilización social tuvieron un único objetivo: saber qué ocurrió con él.

Diecisiete imputados (hasta hoy) están siendo investigados. Los eventuales y posibles secuestradores, y los eventuales y posibles perpetradores del mayor de los males que le infligieron a la causa: la memoria de los principales testigos, el ataque a los menores, últimos en ver con vida y libre a Loan.

Sin embargo, hoy, dos años después, la pregunta sigue exactamente donde comenzó.

Y precisamente porque sigue sin respuesta, conviene detenernos nuevamente sobre ella.

Si dejamos de mirar la niebla por un instante y volvemos a mirar a Loan, las posibilidades reales no son infinitas. Son pocas. Y cada una de ellas nos sigue esperando a los que vamos en su búsqueda, no cabe ninguna duda que hasta que Loan aparezca, seguirán interpelándonos como sociedad.