- Reconocida a nivel mundial entre los 10 destinos más hospitalarios, San Martín de los Andes esconde un rincón emblemático.
- Fundada por una pionera inglesa, qué probar y cuánto cuesta tomar el té.
Hay sol, la tarde está despejada y el mirador Arrayán nos regala la mejor vista del lago Lácar, la ciudad de San Martín de los Andes desparramada junto a sus orillas y la Cordillera de los Andes en el fondo. Es uno de los cuatro miradores panorámicos cercanos que tiene este destino patagónico y que vale la pena para conocer caminando o en auto.
Aunque ya empieza a haber nevadas en los destinos patagónicos, este viaje lo hice en días que aún pertenecen al otoño, con paisajes que conservan el follaje teñido de ocres, rojos y amarillos, y manchones blancos solo reservados para las alturas.
Llegamos aquí porque según los Traveller Review Awards, un reconocimiento de la plataforma Booking.com que se basa en el análisis de más de 370 millones de opiniones verificadas a nivel global, San Martín de los Andes, en la provincia de Neuquén, resultó este año uno de los 10 destinos más hospitalarios del mundo (acá te lo contamos).
Así que, entre otras actividades, visitamos este mirador icónico. Muy cerca, a unos pasos del punto panorámico, está la casa de té Arrayán, considerada la más antigua de la Patagonia. Y también fue parte de las experiencias del viaje.
Basta con entrar para sentir la calidez del hogar, los aromas de las hierbas que se combinan en exquisitos blends de té y una atmósfera de historia y complicidad con la montaña, la naturaleza y el entorno que se siente en el ambiente con sus parades de madera y piedra. El salón está lleno, pero a medida que va oscureciendo las mesas van quedando vacías. El lugar se hace más íntimo y uno se siente como en casa.
Apenas llegamos, nos dejan la carta sobre la mesa; hay mucho para elegir. Acá lo más tradicional es pedir el Afternoon Tea (o su variante el Brunch Tea), que es para dos y viene con esa torre de tres pisos y muchas cosas ricas para saborear -dulces y saladas- e infusiones.
Acá viene la aclaración, porque cuando uno dice “infusiones”, estamos hablando de un menú de 20 blends (entre tés negros, verdes y chai), tan tentadores todos que es difícil elegir. Hay una combinación de sabores internacionales (Japón, Sri Lanka, India, Sudáfrica o China) con una fuerte presencia de la naturaleza de la Patagonia argentina a través de frutos, flores y condimentos.
Mientras esperamos...
La historia de Arrayán empezó a escribirse en la década del 30, cuando Renée Dickinson, una inglesa de 25 años, llegó hasta San Martín de los Andes para visitar a su hermano, que trabajaba en una estancia de la zona.
Explorando los alrededores del lago Lácar, quedó fascinada con las vistas y pensó que ese paisaje era para disfrutar una y otra vez, que todos tenían derecho a conocer ese paraíso. Tras muchas tratativas, logró adquirir la propiedad de tres hectáreas, antes de que se creara el Parque Nacional Lanín, pero con el compromiso de que la actividad a desarrollar en ese terreno fomentara el turismo.
En 1936 comenzó a construir una casa de té y tres años más tarde la estaba inaugurando rodeada de amigos y con un nombre particular: Arrayán. Por un lado, porque de Renée se decía que era como ese árbol, alta, delgada, de tez muy blanca y el pelo con el mismo color de la corteza. Por otro, en mapuche “arrayán” significa “lugar donde caen los últimos rayos de sol”.
Quedó ese nombre, el tiempo fue pasando y la casa de té también fue cambiando de dueños porque Renée murió muy joven, con poco más de 30 años. La heredó su hermano, la comandó su sobrina Janet y luego fue a parar a un grupo de inversores.
Pero desde hace diez años, está en manos de una familia bonaerense, de Quilmes, con un vínculo muy fuerte con el destino. Y con la convicción de recuperar la historia, la leyenda y los sabores con los que fue concebido este lugar.
“Siempre veníamos a esquiar a Chapelco, mi papá trabajó muchos años ahí y como parte del plan de vacaciones de invierno, siempre pasábamos a tomar el té en esta casa, que en ese momento estaba en manos de Janet Dickinson, sobrina de Renée”, cuenta Ornella Aristizábal, al frente del lugar y la Tea Blender responsable de las mezclas deliciosas que se despliegan en el menú de infusiones. Y ya una habitante más de San Martín, donde se intaló definitivamente con su familia.
Del otro lado del teléfono, hablamos de un detalle curioso del menú de blends, que es que todos tienen nombre de mujer (Janet, Victoria, Olivia, Nelly, Isabella...)
“Al momento de comprar el lugar, mi papá se emocionó con la historia de emprendedurismo de Arrayán y nos dimos cuenta de que siempre estuvo manejado por mujeres. En honor a eso, a la mujer emprendedora, hicimos una línea de blends con nombres de mujeres que manejaron Arrayán y a las mujeres de mi familia”, cuenta Ornella. Ella misma está ahora al frente y recuerda sus primeros días sola en el lugar, en medio de la noche en la montaña. Y pensando en cómo habrían hecho Renée o Janet en tiempos donde las ditancias eran más grande y las conexiones más complicadas.
Para diseñar los blends, Ornella tomó como base la idea de Renée: estando en un lugar increíble, que todos pudieran conocerlo. Por eso el menú también tenía que gustarle a todos.
“Son blends muy amables de tomar. Le gustan tanto al fanático del té como al que nunca toma y así descubre un mundo muy alejando del saquito”, explica y también señala que la gente suele asignarle al té muchos recuerdos, momentos: algunos toman té para dormir, para despertar, cuando están enfermos.
“El desafío es trasladar esta cultura, que te amen y que vean que es apta para todos. La intención de la carta es que haya un blend para cada gusto, priorizar las elaboraciones patagónicas y hacer un producto que la gente no olvide”.
¿El más pedido? El té negro Janet, según Ornella, es furor. Tiene una base de té negro con un mix de frutos de montaña: hibisco, rosa mosqueta, manzana silvestre, cascaritas de naranja y berries.
“Todos me gustan porque están hechos a mi gusto, pero me encantan los chai, como un chai para el invierno con base de rooibos que se llama Alicia y que es espectacular”, dice. Lleva rooibos con canela, pimienta rosa, anís estrellado, clavo de olor, jengibre y perfume de vainilla.
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Lo patagónico y regional no está solo en las infusiones, sino que también se compra el dulce de leche a un tambo cercano, los frutos son de una granja “de acá” y el vino es neuquino.
También se busca mantener el espíritu original con el que Renée fundó Arrayán. Las paredes están llenas de recuerdos y se trata de conservar (o recuperar) todo lo que sea original.
“Mantenemos la parte más emotiva, más nostálgica de la cocina, como el horno a leña. Los scones son de tradición inglesa y el cheesecake es parte del protocolo inglés del Five o’clock Tea.
Un dato muy interesante para quienes viajen este año: Arrayan celebra sus 90 años en 2026. Es más, para noviembre ya están organizando un evento y esperan la visita de “la última pariente de Dickinson”.
La hora del tomar el té: qué se sirve en la torre de tres pisos y cuánto cuesta
La torre de los tres niveles llama la atención de la mayor parte de los visitantes que llegan hasta aquí.
La del té tradicional (Afternoon Tea) lleva cuatro variedades de sándwiches elaborados con pan brioche casero propio que van en el primer nivel; le siguen elaboraciones de panadería como los scones que pueden untarse con dulces regionales, cookies y laminados como el croissant y un roll con frutos rojos, además de fosforitos con dulce de leche y pastelera.
El tercer nivel está reservado para las tortas: hay que elegir dos sabores de las 14 variedades que tienen (y que están disponibles según la estación).
“Cheescake siempre se pide, lo mismo que las tortas con frutos rojos que tienen un vínculo fuerte con lo patagónico”, comenta Ornella.
Una variedad de la “torre” es el Brunch. La diferencia está en el nivel intermedio, ya que en lugar de pastelería hay bruchettas con productos regionales como trucha ahumada, ciervo y jamón crudo.
- Cuánto cuesta. El Afternoon Tea para dos personas cuesta $ 82.000. La variante del Brunch, que incluye como opción dos copas de vino tinto o las infusiones, cuesta $ 110.000 para dos personas. Es importante reservar, especialmente en temporada alta (Instagram Casa de Té Arrayán)
Ornella hace hincapié en que la experiencia no es solo venir a tomar el té. "Es que hagas el sendero caminando (uno que tienen en su terreno), que te saques una foto en el mirador o que los chicos disfruten los juegos infantiles".
Y termina con un deso: “Quisiera sentir que dejo un Arrayán mucho mejor de lo que recibí. Acá ya no importa quién es dueño. Importa Arrayán en sí, la historia de pioneros que cuenta este lugar que tiene mucha riqueza cultural, y que tanto para el pueblo de San Martín como para la provincia es súper valioso”.