El juez Maximiliano Savarino homologó un juicio abreviado y dispuso penas de hasta tres años y cuatro meses de prisión
Hace casi dos años, una situación fortuita puso al descubierto un audaz plan para entrar a robar en el tesoro de la sucursal San Isidro del Banco Macro. Una banda estuvo nueve meses preparando el golpe. Llegó a construir un túnel de 155 metros de largo y 4,35 de profundidad en pleno casco histórico para llegar hasta la bóveda de la entidad y apoderarse de un botín millonario. Pero una situación inesperada hizo que la organización criminal decidiera abortar la iniciativa y escapar.
La investigación judicial y policial los ubicó y los capturó. Y en las últimas horas, tres de los delincuentes fueron condenados a penas de hasta tres años y cuatro meses de prisión.
Así lo dispuso el juez Maximiliano Savarino, integrante del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°3 de San Isidro, al homologar un acuerdo de juicio abreviado entre el Ministerio Público Fiscal y las defensas de Alejandro Israel Rosendo López, Nicolás Ignacio Carpani Romero y Carlos Andrés Cazenave Peña.
Otros dos sospechosos, Alan Daniel Lorenzo Rodríguez y César Cazenave Peña, serán juzgados en un debate convencional que estará a cargo del TOC N°7 de San Isidro, que en la actualidad lleva adelante el juicio por la muerte de Diego Maradona.
“Todos los medios de prueba, por su concordancia, permiten tener por acreditados, con el grado de certeza que requiere esta etapa, los hechos y la participación atribuida a López, Carpani Romero y Carlos Cazenave Peña”, sostuvo el juez Savarino en la sentencia, a la que tuvo acceso LA NACION.
López, de 44 años, es el único argentino entre los tres condenados. Recibió una pena de dos años y cinco meses de cumplimiento efectivo. Fue declarado culpable del delito de tentativa de robo agravado por su comisión en lugar poblado y en banda.
No es la primera vez que está preso: en 2019 fue condenado a cuatro años y medio de cárcel por “tráfico de estupefacientes en la modalidad de transporte”. En septiembre de 2018, personal de la Prefectura Naval lo sorprendió en el arroyo Patiño, a la altura del Mercado de Frutos de Tigre, cuando navegaba en el bote Coqueta II con 11 kilos de cocaína.
Para la Justicia, en el caso de la tentativa de robo al Banco Macro López fue el “lanchero” que cruzó a miembros de la banda criminal desde y hacia Uruguay. Hay pruebas de que dejaba a los sospechosos en un muelle cercano al Puerto de Frutos.
Carpani Romero, de 35 años, y Cazenave Peña, de 40, son uruguayos, al igual que los otros dos acusados que esperan ser juzgados. Ambos fueron condenados a la pena de tres años y cuatro meses de prisión como coautores de los delitos de tentativa de robo agravado por su comisión en lugar poblado y en banda, en concurso real con falsificación de documento público destinado a acreditar la identidad de las personas.
Respecto de Carpani Romero, que fue defendido por el abogado Federico Yamil Cabuli, y de Cazenave Peña, representado por el letrado Diego Storto, se formó un “incidente de extrañamiento”, figura legal que permite a un ciudadano extranjero, al cumplir la mitad de la pena impuesta por la Justicia y en caso de no tener otra causa abierta en la que interese su detención o una condena pendiente, ser expulsado de la Argentina hacia su país de origen.
Según se desprende del requerimiento de elevación a juicio presentado por los fiscales Carolina Asprella y Patricio Ferrari, a cargo de la investigación, el plan criminal comenzó a ejecutarse el 1 de noviembre de 2023.
Los delincuentes “ejecutaron un plan criminal con la finalidad de violentar las medidas de seguridad de la sucursal del Banco Macro situada en Chacabuco 444, en San Isidro, e ingresar mediante la fabricación de un túnel subterráneo en el sector de cajas de seguridad y así apoderarse de bienes muebles ajenos allí contenidos en las mismas, tales como dinero en moneda extranjera y nacional, joyas, alhajas, artículos de arte y objetos de valor“, afirmaron los fiscales en su dictamen.
El túnel comenzaba en Chacabuco 535/547, donde hasta hace unos años funcionó un taller mecánico, y llegaba a pocos metros de la sucursal del Banco Macro. Los ladrones alcanzaron a cavar cinco metros desde el cordón de la vereda hacia la entidad bancaria.
La planificación detrás de la audaz iniciativa de la banda de delincuentes sorprendió a los detectives policiales y judiciales que participaron de la investigación: todo el trayecto del túnel tenía iluminación cálida con lámparas de bajo consumo. Con caños plásticos para desagües pluviales, los “ingenieros criminales” fabricaron un mecanismo para renovar el aire a través de un sistema que se conectaba a un tomacorriente que estaba en “la superficie”.
“En Chacabuco 543 [el inmueble alquilado por la banda] se verificó la existencia de maquinaria hábil para la actividad ilícita, numerosa cantidad de bolsones conteniendo tierra, madera para la construcción de las contenciones, víveres y numerosa cantidad de colchones, zapatillas y prendas de vestir, como así también los planos, mediciones e información sensible con la que contaban los asaltantes para perfeccionar el plan que se frustró en orden a su perfeccionamiento habida cuenta de la oportuna intervención policial en tanto las maniobras en cuestión llegaron a ubicarse a menos de cinco metros del sitio donde se cobijaban las cajas de seguridad que resguardaban presuntamente sumas millonarias y pretendían ser sustraídas en las horas siguientes”, afirmaron los fiscales Ferrari y Asprella en el requerimiento de elevación a juicio.
Golpes desde el suelo
La investigación que derivó en el descubrimiento del túnel comenzó de forma fortuita a las 8.45 del martes 6 de agosto de 2024, cuando el repartidor Damián Otero llegó a un local gastronómico situado en Chacabuco al 400, a pocos metros del banco que los ladrones pretendían robar. Al estacionar, sintió un ruido extraño debajo de su camioneta.
“Todas las tareas llevadas a cabo con fines de apoderamiento se vieron frustradas por razones ajenas a la voluntad de los imputados, desde que el 6 de agosto de 2024, promediando las 8, una persona puso en conocimiento de la entidad bancaria, y luego a la autoridad policial, haber escuchado golpes en el chasis del rodado de su propiedad, en circunstancias que se encontraba realizando reparto de mercaderías, en el local comercial Berni, ubicado al lado de la entidad bancaria, ocasión en que observó una varilla metálica emerger desde el suelo, en tanto era manipulada por parte de la banda, que se encontraba en el túnel de mención”, explicó el juez Savarino en la sentencia.
Otero corrió el vehículo unos pocos metros y, después de descender, descubrió una varilla de hierro que sobresalía entre los adoquines. Pronto se acercaron el personal de la confitería y vecinos. Nadie entendía qué era lo que veían.
Tras el hallazgo, y como no pudieron sacar la varilla, los comerciantes de la zona decidieron doblarla para que ningún conductor se la llevara por delante. Le pidieron al personal de seguridad del banco que colocara un cono naranja fluorescente para que el lugar quedara señalizado.
Un analista técnico revisó todas las alarmas y los sensores del banco sin encontrar ninguna anomalía. Igualmente, se comunicaron con la comisaría 1ª de San Isidro para “dar aviso de lo sucedido”. A las 20, un patrullero de la policía bonaerense estacionó en Chacabuco al 400 para vigilar de forma preventiva las proximidades del banco: un día después descubrieron el oscuro túnel, pero los ladrones se habían esfumado.
El plan criminal había empezado antes de alquilar el inmueble de Chacabuco 543. Primero, los delincuentes firmaron un contrato de locación de un comercio situado en Ituzaingó 341, frente al edificio de los Tribunales de San Isidro, donde durante años funcionó el bar Habeas Corpus, cuyos habitués eran fiscales, jueces y abogados de casos resonantes.
“Se presume que en dicho lugar habrían realizado diferentes tareas de inteligencia y análisis previo” al intento de robo, explicaron los fiscales Ferrari y Asprella.
La historia del túnel en San Isidro no terminó con las condenas y el futuro juicio para los otros dos acusados: los detectives policiales y judiciales aún intentan identificar a otros siete sospechosos que participaron del plan criminal.