La pasión por la selección se vive como una causa propia en Daca, donde miles de fanáticos defienden las banderas celestes y blancas como símbolo de admiración por el capitán argentino
En Bangladesh, a miles de kilómetros de la Argentina, cada Mundial transforma el paisaje y cubre balcones, calles y mercados con banderas celestes y blancas, camisetas de la selección que dirige Lionel Scaloni y murales con el rostro de Lionel Messi.
Sin embargo, en medio de ese fervor que parece no tener fronteras, una voz influyente buscó poner un freno. Un clérigo local llamó públicamente a no ondear banderas argentinas durante el torneo, al considerar que la exaltación de símbolos extranjeros resulta inapropiada.
El planteo, difundido en medios locales y amplificado en redes sociales, desató un intenso debate en un país donde el fútbol internacional ocupa un lugar central en la cultura popular. Según explicó el religioso en entrevistas, su preocupación radica en que la identificación masiva con selecciones extranjeras podría “debilitar el sentido de pertenencia nacional” y promover una admiración desmedida por figuras ajenas. En ese marco, instó a la población, especialmente a los jóvenes, a “moderar el entusiasmo” y priorizar los valores locales.
Pero la reacción de los aficionados no tardó en hacerse sentir y lejos de acatar el pedido, miles de seguidores defendieron su derecho a expresar libremente su pasión por el fútbol. En redes sociales, usuarios compartieron imágenes de calles enteras teñidas de celeste y blanco, acompañadas de mensajes que reivindican a Messi como un símbolo global.
“No es solo Argentina, es lo que representa Messi, una legenda viva”, señaló a LA NACION Ashikur Rahmande, un bangladesí licenciado en recursos humanos, al destacar que el capitán argentino encarna valores como la perseverancia, la humildad y el esfuerzo.
En eso coincidió Tanha Sheikh, diseñadora de moda de Daca, quien aseguró que la admiración por Lionel Messi trasciende lo deportivo y se convierte en un ejemplo personal. “Messi es importante para mí porque representa la resiliencia silenciosa y la fidelidad a uno mismo. En un mundo que premia a los más ruidosos, él demuestra que se puede ser el mejor siendo humilde y sereno”, señaló a LA NACION, al explicar por qué el capitán argentino despierta una identificación tan profunda incluso a miles de kilómetros de su país.
Los dos explican que el apoyo a la selección sudamericana también opera como una vía de conexión con el mundo, al generar en muchos aficionados la sensación de integrarse a un acontecimiento global que trasciende fronteras.
Un vínculo que nació con Maradona
La pasión de Bangladesh por la Argentina no es un fenómeno reciente. Se remonta al Mundial de México 1986, cuando la figura de Diego Maradona cautivó a millones con su talento y carisma. Desde entonces, generación tras generación fue heredando esa afinidad, que encontró en Messi a su nuevo ídolo indiscutido.
“Maradona inició el amor y Messi lo convirtió en emoción colectiva”, afirmó a LA NACION Nadia Islam, periodista de Bangladesh. Islam evocó el origen familiar de esa pasión al recordar que el fútbol ocupó siempre un lugar central en su vida cotidiana. Contó que cada Mundial se vivía como un ritual compartido, con largas noches en vela frente al televisor y un apoyo unánime por la selección argentina. “Gran parte de eso venía de mi padre, que vio a la Argentina ganar el Mundial de 1978 y siguió la legendaria carrera de Diego Maradona”, aseguró.
Durante cada Copa del Mundo, la escena se repite con intensidad creciente. Hay pantallas gigantes en espacios públicos, caravanas de motos, celebraciones multitudinarias y hasta competencias informales por ver quién despliega la bandera argentina más grande del barrio. En algunos casos, las banderas llegan a cubrir edificios enteros o a extenderse por varias cuadras.
Este fenómeno llamó la atención de medios internacionales y de la propia Argentina, que en los últimos años reforzó sus vínculos diplomáticos con Bangladesh, en parte impulsada por esta inesperada cercanía cultural.
Tradición, identidad y globalización
El llamado del clérigo pone de relieve una tensión más profunda entre tradición y globalización. Por un lado, sectores conservadores advierten sobre los riesgos de adoptar símbolos externos en detrimento de la identidad nacional. Por otro, millones de jóvenes ven en el fútbol una forma de expresión que trasciende fronteras y conecta culturas.
Especialistas consultados coinciden en que este tipo de fenómenos no es exclusivo de Bangladesh, aunque allí alcanza una magnitud particular.
En ese contexto, la figura de Messi actúa como un catalizador emocional. Su historia personal, marcada por dificultades en la infancia y una carrera construida a base de esfuerzo, genera identificación en distintas partes del mundo, especialmente en países en desarrollo.
Esa capacidad de generar identificación también se refleja en historias personales como la de Florida Rosario, quien recordó que su vínculo con Lionel Messi comenzó en 2006, cuando tenía 13 años y lo descubrió casi por casualidad en una revista del Mundial. “Vi a un chico de 18 años, con cabello castaño y una sonrisa simple e inocente”, dijo y luego afirmó que fue esa simpleza la que la cautivó. Según relató a este medio, “esa curiosidad se convirtió rápidamente en un enamoramiento adolescente”, que la llevó a seguir cada paso de su carrera incluso en condiciones adversas, cuando tenía prohibido ver televisión en el internado donde vivía. “A veces inventaba excusas para escapar a casa y otras miraba de lejos algún televisor, aunque la imagen no fuera clara”, evocó.
Con el tiempo, explicó, su propia vida fue creciendo en paralelo a la del futbolista, acompañando sus momentos de gloria y frustración hasta la consagración en Qatar 2022, vivida con una intensidad extrema. “Con las manos juntas y lágrimas en los ojos, recé y dije: ’Sacame un año de vida si querés, pero por favor dejá que Argentina y Messi ganen esta vez’”, recordó entre risas, por el dramatismo con el que vivió ese momento.
En ese recorrido, sostuvo Rosario, se consolidó un vínculo emocional que no es individual sino compartido por millones en Bangladesh, donde la figura de Messi trasciende lo deportivo y se convierte en un símbolo capaz de articular experiencias, recuerdos y formas de pertenencia colectiva.
“Las decoraciones, banderas y festejos nos hacen sentir que una parte de Argentina está en el corazón de Bangladesh. Como el cielo es celeste y blanco, muchos imaginamos que es la bandera argentina”, agregó Rosario.
Pese a la controversia, todo indica que la fiebre mundialista seguirá dominando la escena. Las calles de Daca y otras ciudades continúan decorándose con banderas argentinas, mientras los comercios venden camisetas y accesorios vinculados al equipo.
Incluso algunos de los entrevistados consideraron que el pedido del clérigo podría tener un efecto contrario al buscado. “Cuanto más nos dicen que no lo hagamos, más ganas tenemos de demostrar lo que sentimos”, afirmó uno de los fanáticos.