Smart Cities “low cost”: por qué innovar con pocos recursos aumenta el valor del metro cuadrado

Smart Cities “low cost”: por qué innovar con pocos recursos aumenta el valor del metro cuadrado

  • Cada vez más municipios incorporan tecnología sin grandes inversiones para gestionar mejor la iluminación, el tránsito, la seguridad y los servicios.
  • Especialistas aseguran que estas mejoras empiezan a influir en las decisiones de los desarrolladores y en la valorización de las propiedades.

Durante años, hablar de ciudades inteligentes remitía a megaproyectos como Songdo, en Corea del Sur, o Masdar City, en Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, la transformación urbana ya no depende exclusivamente de inversiones multimillonarias. En Argentina, varios municipios comenzaron a incorporar soluciones tecnológicas de bajo costo para administrar mejor los recursos públicos, mejorar los servicios y hacer más eficiente la gestión.

Ese cambio también empieza a ser observado por el mercado inmobiliario. La infraestructura digital, la gestión energética y la capacidad de respuesta de un municipio se suman a variables tradicionales como la ubicación, la accesibilidad y la disponibilidad de servicios al momento de definir nuevas inversiones.

"Lo primero que hay que desmitificar es la idea de que una ciudad inteligente requiere inversiones millonarias", sostiene Cristian Lagos, director de Negocios de Schneider Electric. En la misma línea, Jorge Vargas, vicepresidente de Gobierno y Finanzas Digitales de NEC para América Latina, afirma que el concepto de Smart City "no está relacionado con el monto de la inversión sino con implementar soluciones acordes a las necesidades de cada municipio".

Para Jonathan Balbis, desarrollador de Spazios, tampoco hace falta pensar en proyectos faraónicos. "En Argentina ya existen municipios que demuestran que la transformación smart puede comenzar con decisiones relativamente simples y presupuestos acotados, generando un impacto real en la calidad urbana, la seguridad y el atractivo de una zona para invertir", asegura.

Tecnología para gastar menos y gestionar mejor

Las soluciones más extendidas no requieren obras de gran escala. La modernización del alumbrado público es uno de los ejemplos más citados por los especialistas.

"Las experiencias más interesantes son las que logran resultados visibles sin grandes desembolsos", explica Horacio Ludigliani, director de Grupo Ludigliani. El recambio de luminarias tradicionales por tecnología LED, sumado a sistemas de telegestión, permite detectar fallas en forma remota, programar el mantenimiento y reducir reclamos vecinales.

Desde SONDA Argentina, Pablo Ciulla coincide y agrega que la iluminación inteligente disminuye el consumo energético y los costos operativos, al tiempo que mejora la calidad del servicio.

El mismo criterio se aplica a la recolección de residuos. Sensores instalados en contenedores permiten optimizar los recorridos de los camiones y reducir el consumo de combustible de las flotas municipales.

"Para muchos municipios, el primer paso no pasa por grandes plataformas urbanas, sino por resolver problemas operativos concretos", resume Nicolás Malvasio, gerente IoT de Personal Tech.

Casos concretos

La digitalización también alcanza la movilidad, la seguridad y la respuesta ante emergencias. Uno de los ejemplos más avanzados es Tigre, donde una plataforma integra cámaras de videovigilancia, lectores de patentes y botones de alerta en un mismo centro de monitoreo. Según los especialistas, esta coordinación permitió mejorar la capacidad de respuesta de las fuerzas de seguridad y reducir el robo de vehículos.

En Córdoba, por ejemplo, las actas de tránsito digitales reemplazaron el uso del papel mediante sistemas de blockchain e inteligencia artificial. En la Ciudad de Buenos Aires, las cámaras inteligentes detectan invasiones de carriles exclusivos y cruces de semáforos en rojo.

Para Adrián Tozzi, profesor titular de Sistemas Inteligentes de la Universidad de Belgrano, la clave consiste en avanzar por etapas. “No se trata de hacerlo todo de golpe, sino de partir con medidas simples que generen resultados rápidos y medibles", dice. Según explica, incorporar inteligencia artificial a la gestión del alumbrado puede reducir entre un 15% y un 30% el consumo eléctrico municipal.

Desde Salesforce, Silvia Tenazinha amplía el concepto: una ciudad inteligente "es aquella que resuelve los problemas antes de que se conviertan en una crisis". Para lograrlo, sostiene, es necesario integrar los datos provenientes de sensores, cámaras y reclamos ciudadanos en una única plataforma de gestión.

¿Por qué esto importa al mercado inmobiliario?

Es aquí donde las ciudades inteligentes comienzan a cruzarse con el negocio del real estate. Cada vez más desarrolladores incorporan la calidad de la infraestructura digital y energética como un criterio para elegir dónde invertir.

"Hoy se analiza la infraestructura tecnológica de un municipio con la misma importancia que antes se evaluaba la ubicación o la accesibilidad", afirma Lagos.

Desde Grupo LTN sostienen que la planificación inteligente también alcanza a la construcción. "La transición hacia sistemas modulares y en seco se ha vuelto una pieza clave para acompañar la planificación municipal, ya que permite ejecutar proyectos con menor impacto ambiental y logístico. El concepto de ciudad inteligente comienza, necesariamente, por la elección de materiales que garanticen sostenibilidad y revaloricen el metro cuadrado desde el primer día", afirman.

Malvasio agrega que la transformación digital aporta previsibilidad al entorno donde se emplazan nuevos emprendimientos, mientras que la automatización de edificios ayuda a disminuir costos operativos y expensas.

Para Oscar Puebla, director de Puebla Inmobiliaria, los municipios que incorporan iluminación inteligente, plataformas digitales de atención al vecino o sistemas modernos de monitoreo generan un entorno más atractivo para el desarrollo de nuevos proyectos.

Tozzi coincide y sostiene que estas inversiones terminan impactando sobre el valor del suelo y de las viviendas porque mejoran la calidad de vida y reducen riesgos.

Vargas concluye que el objetivo final trasciende la tecnología. "Los gobiernos buscan transformar la ciudad para convertirla en un lugar más eficiente, agradable y seguro para los ciudadanos", resume.

En ese escenario, la infraestructura inteligente deja de ser un diferencial tecnológico para convertirse en un nuevo factor de competitividad entre ciudades y, cada vez más, en una variable que también pesa sobre el valor de las propiedades.

SN