La adicción detrás del deporte

La adicción detrás del deporte

La triste epidemia de ludopatía no ha parado de cobrar víctimas en la última década. Entre quienes se encuentran atrapados por esa voraz necesidad de apostar, la llegada del Campeonato Mundial de Fútbol se convierte en un potente catalizador, como muchos otros grandes eventos deportivos. Cómo no sería así cuando los millonarios presupuestos en publicidad hacen de esta oportunidad una trampa diseñada por cazadores en busca de nuevas presas. La pasión deportiva enciende las alarmas porque amplifica un fenómeno que afecta a todos los grupos sociales. Varios reportes dan cuenta de que el Mundial 2022 fue el evento con mayor volumen de apuestas de la historia y nada indica que el actual no pueda superarlo.

Sobran los motivos. Para empezar, nada hay hoy más sencillo, más privado y más disponible a toda hora que un celular para apostar, un verdadero casino de bolsillo, haciéndolo además en tiempo real. Como si no fuera ya suficientemente accesible, asistimos a la publicidad masiva de sponsors a clubes, su presencia en camisetas deportivas, el apoyo de influencers y promotores a las distintas plataformas, más herramientas como bonos de bienvenida, recompensas virtuales o permiso para apuestas de bajo monto que allanan el camino para que más jóvenes terminen reclutados en las filas del juego problemático. Las iniciativas legislativas prometen ordenar este difícil mercado, pero el tiempo transcurre con fuertes operadores que logran frenar avances.

Pieza gráfica del Consejo Publicitario Argentino tendiente a generar conciencia sobre las estrategias que utilizan las plataformas de apuestas online para captar la atención de los más jóvenes
Pieza gráfica del Consejo Publicitario Argentino tendiente a generar conciencia sobre las estrategias que utilizan las plataformas de apuestas online para captar la atención de los más jóvenes

La distancia que media entre un apostador ocasional y un adicto es muy corta con señales de alerta fácilmente identificables. Cambios anímicos, mentiras, negaciones, secretismo en el uso del celular, pérdida de interés en lo que antes daba placer, modificaciones injustificables en la situación económica y aparición de deudas inexplicables son solo algunos de los ingredientes de este trago amargo que rápidamente se convierte en veneno. En lo económico puede derivar en comportamientos ilegales para conseguir el dinero necesario para seguir moviendo la rueda, con creciente ansiedad, depresión e insomnio, expresiones del desequilibrio mental que potencia además el riesgo de suicidio ante la conciencia de haber quedado endeudado.

El entorno del ludópata puede ayudar, pero también puede perjudicarlo cometiendo errores evitables. No distinguir que se trata de un juego patológico conduce a creer que quien apuesta puede modificar su comportamiento a voluntad e, incluso, desconocer que, al ayudarlo a cubrir sus deudas, solo se posterga la crisis; no se resuelve el problema de fondo.

Sin dudas, el segmento que más preocupación genera es el de los más jóvenes. Unicef reporta que la edad de inicio en las apuestas virtuales ronda los 13 años, correspondiendo al momento en que suelen abrir billeteras virtuales. Cuando 8 de cada 10 adolescentes ya conoce a alguien que ha apostado online, la epidemia inevitablemente se extiende. Kids Online Agentina 2025 señala que uno de cada cuatro adolescentes de entre 12 y 17 años ya apostó dinero de forma virtual.

Nada mejor que la prevención, también en este campo, abriendo espacios para la conversación que no impongan discursos moralizantes, propiciar el debate, la difusión de casos en primera persona, en las escuelas, pero también en las familias. La campaña del Consejo Publicitario Argentino hace foco precisamente en el rol de la familia. Detectar tempranamente estas situaciones mejorara el pronóstico.

La ley actual prohíbe expresamente el juego entre menores de 18 años, pero no regula su publicidad, favoreciendo el nivel de naturalización del fenómeno y confiriéndole erróneamente una pátina de legalidad que no tiene y que se busca asociar al entretenimiento. No basta el bloqueo de más de 2400 sitios de apuestas ilegales en los últimos dos años, la restricción de acceso a plataformas para 1800 establecimientos educativos, la eliminación de unos 2500 anuncios online no autorizados y las denuncias a más de 130 influencers que promocionaban sitios ilegales.

Los lauros y las alegrías asociados a la gesta deportiva no deberían usarse para potenciar mensajes publicitarios de plataformas, sino para apalancar estrategias de prevención, una labor que el Estado no puede delegar. De ello depende que la fiesta sea realmente para todos.