El 3 de JULIO es el Día del Locutor Argentino porque ese día se fundó la SAL, la Sociedad Argentina de Locutores, así que Feliz día Locutores Argentinos.
Soy locutora y todavía me acuerdo el día en que me cayó la ficha de que quería ser locutora. Yo estaba perdida, perdida. Todavía eran los 90 y no había taaaantas carreras como ahora. Había algunas opciones y si no encajabas en ninguna de esas, la sensación era “No sirvo para nada”. Yo estaba en esa línea de sentir que en la repartija de dones, se habían olvidado de darme alguno.
Es complicado a veces decodificar para qué una sirve. Están los casos clarísimos. Ese porcentaje ínfimo que de chicos ya la tienen recontra clara: Les fascina la arquitectura, terminan el secundario, pum, facultad de arquitectura, pum, construcción, pum, edificio, pum, orientadísimos vocacionalmente.
O los que de chicos pintan cracks del deporte, tienen un manejo de la pelota insuperable, en el secundario entran en las inferiores de algún club, pum, futbolista. O la pequeña que a los ocho ya anda con el tutú de un lado al otro porque la danza la lleva en la piel.
Después están los que de chicos quieren ser algo que de grandes quedaría un poco raro, por ejemplo, astronauta. De chico es simpático decir que querés ser astronauta, pero de grande puede sonar un tanto bizarro “quiero caminar por la luna con mi traje de astronauta”...
O policía… De chico es divertido decir que querés ser policía, de grande salís con uno que quiere ser policía y… bueno bueno, tranquilo, no hice nada fuera de la ley, no me mires así…
Y después están las vocaciones que mucho no se entienden cómo fue que la persona la descubrió. Tipo proctólogo. En qué momento te diste cuenta que tu pasión es revisar anos.
Yo sé que es muy importante en la sociedad que existan, pero ¿en qué momento te cae la ficha que es eso a lo que te querés dedicar en tu vida?
También me pregunto cómo es que una persona decide poner ciertos negocios o locales. Por ejemplo, casas velatorias. Yo entiendo que clientes nunca van a faltar porque todos nos vamos a terminar muriendo, pero en qué momento te entusiasmás diciendo “sabes lo que estaría bueno poner?: una casa velatoria”.
Entiendo que cuando sos joven, en el fragor de querer descubrir quién sos, pasás por diferentes opciones. Yo por ejemplo tuve mi época en la que barajaba la posibilidad de ser monja. Era algo mucho más común en las de mi generación que ahora. Además yo pensaba “tengo un montón de temas resueltos”: del outfit no me tengo que ocupar… Me ahorro todos los problemas con los tipos porque me caso con Dios y él va a estar conmigo a toda hora en todo lugar… El tema es que soy judía y vieron que los trámites en este país son re burocráticos.
Otro camino muy valorado cuando yo era joven, era el de ser modelo. En los 90, lo mejor que te podía pasar, era que Pancho Dotto te descubra y te lleve a un desfile en Punta del Este con Giordano. Pero como nos pasó a la inmensa mayoría de las jóvenes de esa época, no me sucedió. Nunca me crucé a Pancho Dotto, y me autopercibo hegemónica de alma pero no de cuerpo, para serles honesta.
¿Qué voy a hacer con mi vida? me preguntaba. Imaginate lo perdida que estaba cuando terminé el secundario que me anoté en Diseño Gráfico porque coincidimos las iniciales. Después en psicología para entender los mambitos, y hasta pensé en ingeniería porque tenía la data de que había buenos chongos…
Hasta que un día me iluminé y en un reportaje que me autohice me pregunté ¿pero qué es lo que más te gusta hacer en la vida, Daluchi?
Hablar, me respondí. Y ahí me anoté en locución. Y me recibí de locutora.
Creía haber encontrado mi vocación de una vez por todas pero mis constantes papelones intentando ser una buena locutora me llevaron a tirar la toalla, reírme de todo lo que no me salía como yo quería que me salga, de todos esos globos pinchados e ilusiones no logradas, y me lancé al maravilloso mundo de la comedia.
Igual siempre hay una locutora dentro mío con ganas de decir la hora, la temperatura y la humedad. De tener mi programa de radio como los de antes. Los de esa época en que las locutoras eran una voz y nadie conocía sus caras. Un misterio que hoy en época de redes, sería imposible. En fin…
Feliz día colegas locutores, de parte de una locutora que no ejerce, pero ama la profesión.