Carla Walker tenía 17 años cuando fue atacada en un estacionamiento de Texas. El caso permaneció sin resolver durante décadas y se convirtió en uno de los más emblemáticos del estado. Gracias a los avances científicos, la Justicia logró identificar a su homicida en 2020.
En la noche del 17 de febrero de 1974, una pareja de adolescentes se encontraba dentro de un auto estacionado frente a una pista de bowling en Fort Worth, Texas. Habían ido a bailar, reírse con amigos y pasar unas horas juntos antes de volver a sus casas. Nada hacía imaginar que ese encuentro terminaría convirtiéndose en uno de los crímenes más desconcertantes de la historia del estado.
De repente, un hombre armado se acercó hasta el vehículo y, en cuestión de segundos, golpeó al joven que estaba al volante, Rodney McCoy, y obligó a la chica a salir del auto. Ella intentó resistirse, gritó y forecejeó, pero el atacante logró llevársela por la fuerza. Esa fue la última vez que alguien vio con vida a Carla Walker.
Durante casi 50 años, el caso permaneció sin resolver. La policía tenía pruebas, testimonios y sospechas, pero ninguna pista lograba dar con el paradero del responsable. La familia de la víctima convivó por décadas con la incertidumbre, hasta que, gracias a los avances científicos, los investigadores lograron identificar a su asesino.
El secuestro que conmocionó a Texas
Carla Jan Walker había nacido en Texas y tenía 17 años cuando fue asesinada. Para febrero de 1974, estaba terminando la secundaria y mantenía una relación con Rodney McCoy, otro estudiante de Fort Worth.
En la noche del crimen, ambos fueron a un baile escolar por el Día de San Valentín y luego pasaron un rato dentro del auto del chico. Cerca de la medianoche, un hombre se acercó y los amenazó con un arma.
Según declaró posteriormente McCoy, el atacante lo golpeó violentamente en la cabeza con la culata de la pistola y lo obligó a bajar del auto. Luego apuntó a Carla y le pidió que haga lo mismo.
Si bien la adolescente intentó resistirse, después de un forcejeo, el agresor logró hacer que se subiera a otro vehículo.
Tres días después, el 20 de febrero, un hombre que paseaba por una zona boscosa cercana al lago Benbrook encontró el cuerpo de Carla. La autopsia determinó que había sido víctima de un abuso sexual y que luego fue estrangulada hasta la muerte.
Los enigmas sin resolver
Desde el principio, los investigadores contaron con algunos elementos importantes. Rodney había visto al secuestrador durante el ataque y pudo dar una descripción física detallada. Además, se recuperaron evidencias biológicas que, con el paso de los años, resultarían fundamentales.
El problema era que en la década de 1970 la tecnología forense estaba muy lejos de los avances actuales. Muchas de las pruebas que habían sido halladas en la escena no podían analizarse de manera efectiva.
Con el paso del tiempo aparecieron sospechosos, se realizaron entrevistas y se siguieron múltiples líneas de investigación, pero ninguna logró reunir evidencia suficiente para llevar adelante una imputación.
Uno de los grandes interrogantes era si el atacante había elegido a Carla específicamente o si se había tratado de una víctima al azar. A pesar de ello, los agentes nunca pudieron determinar con certeza si existía algún vínculo previo entre ambos.
Durante años, el expediente pareció destinado a permanecer archivado para siempre.
La prueba científica que cambió todo
Todo cambió 46 años después, cuando en 2020, a partir de nuevas técnicas de análisis de ADN, los investigadores lograron obtener un perfil genético a partir de las evidencias biológicas conservadas desde 1974.
La policía recurrió entonces a una herramienta relativamente nueva: la genealogía genética. El método consiste en comparar perfiles de ADN con bases de datos para identificar posibles familiares del sospechoso y reconstruir árboles familiares.
Después de meses de trabajo, los investigadores llegaron a un nombre: Glen Samuel McCurley. Cuando comenzaron a revisar su historia, descubrieron que en 1974 tenía 31 años y vivía en la zona donde ocurrió el secuestro.
Un grupo de policías fue a la casa del hombre para interrogarlo. Allí, él se encontraba con su esposa y contó la misma historia que en 1974, cuando fue indagado: dijo que no conocía a Carla Walker y que nunca había asesinado a nadie.
En 2020, los investigadores obtuvieron de manera encubierta una muestra de ADN de McCurley y la compararon con las pruebas conservadas desde la escena del crimen. Los resultados dieron positivo.
El juicio y la condena
Glen Samuel McCurley fue detenido el 21 de septiembre de 2020, cuando tenía 77 años. La noticia generó una enorme repercusión porque parecía imposible que el caso pudiera resolverse después de tanto tiempo.
Frente a la contundente evidencia acumulada por los investigadores, McCurley confesó el crimen y decidió declararse culpable.
En 2021 fue condenado a cadena perpetua por el secuestro y asesinato de Carla Walker. La sentencia puso fin a una de las investigaciones más extensas y complejas de la historia criminal de Texas.