- Acaba de reabrir sus puertas con una reluciente lavada de cara.
- Había estado varios años cerrado en situación de abandono.
- Por fachada y calidad artística, el de Escobar es de los teatros más importantes de la Provincia de Buenos Aires.
Emblema, símbolo, tesoro, joya, ícono o templo. De una y mil maneras se apoda al Teatro Seminari, el espacio cultural por excelencia de Escobar y un edificio con mayúsculas dentro de la agenda artística de la Provincia de Buenos Aires.
Inaugurado en 1889 como sede de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, el Seminari es uno de los patrimonios culturales más importantes de Escobar. "Es más antiguo que el Teatro Colón", se suele escuchar para definirlo y ponerle una vara bien alta. A lo largo de más de 137 años fue corazón, músculo y alma de la vida artística, marcando la vida de generaciones de vecinos ávidos de buenos espectáculos.
Después de casi cuatro meses cerrado por refacciones, a principios de junio reabrió sus puertas "con un recambio total de las 330 butacas, colocando un tapizado ignífugo, mejorando el sistema de iluminación led y se puso la puesta en valor del piso de pinotea. Se reconstruyeron piezas faltantes y se plastificó la madera para proteger la versión original. Además se instalaron alfombras nuevas en la sala, el palco y el pullman similares a las originales", describe Sofía Pérez Horn, arquitecta e integrante de la Secretaría de Planificación Territorial y Espacio Públicos.
"El nuestro es anterior al teatro Colón, casi veinte años más de historia", se ufanan los escobarenses cuando comparan su bello teatro con el coliseo porteño cuyo bautismo fue en 1908. "Es un lugar mágico, una vez que se ingresa, se siente una energía especial. Hoy es la joya arquitectónica de Escobar, yo lo conocí el día de la Mujer en 2007, que estaba devastado. Lo que se ha hecho para sacarlo adelante es milagroso", dice la emprendedora escobarense y teatrera Iris Arese.
La suerte del teatro caminó por la cornisa. Su destino de demolición era prácticamente ineludible. Pero la suerte del teatro comenzó a cambiar a partir de 2018, cuando Néstor Vittola se convirtió en su director general. "Es el corazón y el alma del Seminari. Si hay un responsable en devolverle su esplendor, Vittola tiene mucho que ver", remarca Arese, una habitué de la sala y testigo de la transformación. "Vittola es el capitán del barco, no está contaminado de política e hizo que crezca el caudal de espectadores, desde el boca en boca y a partir de una cartelera de calidad".
Cuando se remarca que "caminó por la cornisa" es porque en 2015 cerró sus puertas ante la falta de mantenimiento, la desidia y el peligro de derrumbe. Estuvo tres años con las persianas bajas y tenía futuro de playa de estacionamiento hasta que el destino le hizo un guiño inesperado gracias al empresario Eduardo Costantini. Tras una ambiciosa obra que llevó varios años, priorizándose su fachada original, en mayo de 2018 fue reinaugurado.
Fundador del Museo Malba, Costantini realizó la donación de una suma importante, al aportar alrededor de 16 millones de pesos (en 2017) para una obra que incluyó la modificación del nivel del escenario, el arreglo del techo, la reparación de los palcos, la restauración de las butacas y un nuevo sistema de sonido e iluminación, dotándolo de última tecnología, pero conservando la impronta original del histórico edificio, inaugurado en 1889.
"El edificio estaba en un serio peligro de demolición y creo que la ayuda que pudimos brindar fue muy importante, porque es un teatro histórico, con un gran valor patrimonial, arquitectónico y cultural", responde Costantini. "Recuerdo que estaba muy desmejorado, pero pudimos restaurarlo completamente y quedó hermoso, pudiendo recuperar su valor arquitectónico. Quise colaborar porque para mí una oportunidad de preservar un teatro histórico".
"En los últimos años, el lugar fue concentrando muchas de las actividades culturales de Escobar, afianzándose como centro neurálgico de la vida social del partido bonaerense", dice Vittola, el director que se encuentra en funciones desde 2018. "Cambió la mano del teatro desde que asumí -se ríe mandándose la parte-. Ahora está en racha, es un teatro que tiene buena estrella, está angelado porque tuvo la bendición de mi maestro, el gran productor Lino Patalano".
Vittola, amigo de Patalano fallecido en 2022, confiesa que "Lino estuvo aquí, me hizo el aguante y me dijo algo que me dio mucha confianza, como un espaldarazo. 'Este lugar tiene aura, acordate que te va a ir bien, pero lo que necesites, me avisás. Estoy para lo que sea', fueron sus palabras y al poco tiempo logré lo que nadie, que estuvieran en el escenario Mirtha Legrand, Susana Giménez y Moria Casán cuando el Seminari cumplió 130 años. Miré al cielo y le agradecí a Lino".
El murmullo por lo bajo es que es un teatro que trae suerte, "actor que viene por primera vez, vuelve seguro, porque siente que su camino se despeja y se llena de buenos augurios", dice el director, que guiña un ojo y mantiene reservado los nombres de los intérpretes para no quemarlos. "Es de esas salas que tienen una vibra especial, un magnetismo que te llena de energía. Yo cada vez que tengo la posibilidad vengo a montar una obra y ahora estoy dando clases de comedia musical. Hay un público muy proactivo del teatro y eso no tiene precio", revela Pepe Cibrián.
No tiene dudas Vittola que se trata del edificio más importante de Escobar. "El escobarense se identifica con su estampa, con su impronta y, también, con la calidad de espectáculos que estamos exhibiendo. Por todo esto y por tratarse de una construcción de 1889 es que desde el año pasado es patrimonio histórico, lo que significa que ya no correrá más riesgos de demolición, siempre será un teatro que goce de buena salud".
La cartelera teatral motiva al escobarense, que agota ante cada función. "Hoy el Seminari es sinónimo de calidad y popularidad. Tenemos a Miguel Angel Solá con la obra 'Por el placer de volver a verla', a Capusotto con 'Tirria', Nora Cárpena y María Valenzuela con 'Viuda e hijas', está el stand up de Ceci Hace, también espectáculos como los de Pigna y Saborido, y Gabriel Rolón. Lamentablemente, piezas de la avenida Corrientes con grandes escenografía no podemos traerlas por una cuestión de infraestructura".
Se emociona Mariela Ledesma, nacida y criada en Escobar, cuando habla del Seminari. "Es mi vida, casi que estoy allí todo el día. Entre esas paredes soy feliz. Hasta hace poco tiempo era la pochoclera en el hall del teatro y luego me pasaron al sector maestranza, hasta que estuve a cargo del área. Pasaron los años y Néstor (Vittola, el director) vio en mi alguna condición y hoy soy como la mano derecha del sector administrativo".
Como escobarense dice que siente orgullo por el Seminari. "Es un mimo al alma ser parte de ese lugar tan energético y tan bello. Sacamos pecho con este teatro, que es la foto de la postal. Si vos mandás una foto de Escobar, la fachada del Seminari no puede faltar".
Ese orgullo que mencionaba la ex pochoclera es el que persiste en Stella Marís Díaz, sobrina de Tomás Seminari, el actor que le dio el nombre al teatro. "Recuerdo que fue una sorpresa cuando eligieron el nombre de mi tío, no estaba en los planes de nadie, tampoco de él, que fue un hombre que le pasaba el teatro por las venas. Tenía un grupo de ilustres intérpretes aquí de Escobar pero vivía por su trabajo como empleado ferroviario y hasta trabajó en una empresa aseguradora para mantener encendida la llama por la actuación".
Tomasito, como le decían a Seminari, murió en 2015, "pero vivió y disfrutó con humildad de entrar al teatro que tenía su nombre, ya que el homenaje fue en vida, y al edificio se lo bautizó como Seminari en 1998. Mi tío vivió todos los períodos del teatro, hasta los más difíciles, cuando estaba en riesgo de ser demolido. No tengo dudas de que hoy él se sentiría orgulloso de ver cómo se encuentra el teatro. Un honor para todos los escobarenses".
MG