El secreto de Cabo Verde, el rival al que hasta acá nadie pudo vencer en el Mundial y que acumula un extenso invicto

El secreto de Cabo Verde, el rival al que hasta acá nadie pudo vencer en el Mundial y que acumula un extenso invicto

La selección africana no pierde en el tiempo reglamentario desde noviembre de 2024; empató con España, Uruguay y Arabia Saudita y convirtió la disciplina defensiva en su mayor fortaleza.

En un Mundial en el que las diferencias entre las potencias y las selecciones emergentes parecen achicarse cada vez más, Cabo Verde se convirtió en la prueba más clara de que el nombre ya no alcanza para explicar un resultado.

Mientras Argentina llega a los 16avos de final con el cartel de candidata y con Lionel Messi como máximo goleador del torneo, del otro lado aparece un rival que construyó su ilusión desde un lugar mucho menos vistoso, pero igual de efectivo: la disciplina táctica.

Los números ayudan a entender por qué el equipo de Lionel Scaloni no tendrá una tarea sencilla.

Cabo Verde no pierde un partido en los 90 minutos desde el 19 de noviembre de 2024. Desde entonces disputó 18 encuentros entre Eliminatorias, amistosos, la Serie FIFA y el Mundial. En ese recorrido apenas quedó cayó tres veces por penales, una muestra de un equipo que aprendió a competir y que convirtió la solidez defensiva en su principal argumento. Su campaña en la fase de grupos fue la confirmación.

Empató 0 a 0 con España, rescató un 2 a 2 frente a Uruguay cuando parecía derrotado y cerró la clasificación con otro empate sin goles contra Arabia Saudita. Tres rivales de perfiles diferentes, pero una misma identidad: orden, paciencia y muy pocos espacios para el adversario.

Detrás de esa transformación aparece Pedro Leitão Brito, más conocido como “Bubista”.

El entrenador de 56 años modeló un equipo que no necesita la pelota para sentirse cómodo. Todo lo contrario. Invita al rival a asumir el protagonismo, repliega sus líneas y protege el área con una estructura compacta que alterna entre un 4-1-4-1 y un 4-2-3-1. La prioridad no pasa por discutir la posesión, sino por cerrar los caminos hacia el arco. En ese aspecto aparece el gran desafío para la Scaloneta.

No será un partido de ida y vuelta ni de espacios amplios para correr. Todo indica que el campeón del mundo deberá afrontar un encuentro de paciencia, circulación y precisión. Mover la pelota de un lado a otro, ensanchar la cancha, acelerar en el momento justo y evitar caer en la ansiedad serán aspectos tan importantes como la jerarquía individual. Ese tipo de partidos suelen exigir futbolistas capaces de romper líneas con un pase o un cambio de ritmo.

Messi representa, naturalmente, la principal llave para abrir ese cerrojo. Pero también cobran valor los movimientos de los laterales para generar amplitud, la capacidad para encontrar espacios entre líneas y la movilidad de los delanteros para sacar a los centrales de su zona de confort. Justamente, la Selección ya enfrentó escenarios parecidos durante el ciclo Scaloni.

Rivales que resignan la posesión para poblar su propio campo obligan a un ejercicio que muchas veces resulta más mental que futbolístico; sostener la calma cuando el gol no llega rápido.

Del otro lado habrá un equipo que sabe exactamente a qué juega. Su clasificación al Mundial ya representó la mayor hazaña deportiva de un país de poco más de medio millón de habitantes. Pero el sueño no terminó allí.

Con una base de futbolistas reclutados de Europa (ninguno juega en la liga de su país) y una identidad colectiva muy marcada, los "Tiburones Azules" dejaron de ser la sorpresa del torneo para convertirse en un rival incómodo para cualquiera.

Por eso, más allá del favoritismo argentino, el desafío no pasará solamente por imponer la diferencia de jerarquía. Pasará, sobre todo, por encontrar los espacios que casi nadie logró encontrarlos.

Si algo demostró Cabo Verde desde noviembre de 2024 hasta hoy es que su mayor virtud no está en el ataque, sino en construir un muro que, hasta ahora, casi nadie consiguió derribar.