En un megaoperativo de la Policía Federal que incluyó siete allanamientos simultáneos en la Capital, desarticularon una banda que acopiaba y distribuía estupefacientes.
Como resultado de una investigación criminal de más de cuatro meses, efectivos de la División Unidad Operativa Federal Corrientes de la Policía Federal Argentina (PFA) secuestraron un cargamento de 37,226 kilogramos de cocaína de máxima pureza. El dato institucional más grave del operativo radica en que una de las dos mujeres detenidas es una oficial subayudante de la Policía de Corrientes en actividad.
La pesquisa judicial estuvo coordinada bajo la dirección estricta de la Unidad Fiscal de Corrientes, a través del Área de Investigaciones y Litigios de Casos Complejos, que logró dar con la base de operaciones que operaba en diferentes domicilios del barrio Nuevo de la capital provincial.
Para desarticular la organización, los detectives de la PFA debieron desplegar un abanico de técnicas operativas que incluyeron vigilancias encubiertas, seguimientos estratégicos en la vía pública, análisis informáticos e intervenciones telefónicas autorizadas por los magistrados federales.
Este minucioso trabajo de inteligencia criminal permitió a los investigadores de la fuerza federal reconstruir los eslabones de la cadena logística de la banda.
Los agentes determinaron con precisión cómo operaba la red en las fases consecutivas de adquisición mayorista, transporte interprovincial, acopio logístico, fraccionamiento y comercialización de los estupefacientes dentro de los barrios de la Capital correntina.
Siete allanamientos simultáneos y el sello de "Paul & Shark"
Con el cúmulo de pruebas recolectado en las carpetas técnicas, el juzgado federal interviniente libró las órdenes de irrupción para siete allanamientos simultáneos en diferentes propiedades residenciales utilizadas por la organización como búnkeres de resguardo.
Durante los ingresos tácticos, además del millonario cargamento de polvo blanco, los uniformados confiscaron importantes sumas de dinero en efectivo (tanto en moneda nacional como extranjera), cajas de municiones de armas de fuego, balanzas de precisión, terminales de telefonía celular, una notebook, un dispositivo Posnet para transacciones virtuales y los vehículos particulares utilizados para el reparto.
Un elemento analítico que capturó la atención de los peritajes de la Policía Federal fue el relieve hallado en los panes de la sustancia compactada. Cada uno de los denominados "ladrillos" de cocaína llevaba estampado un logotipo con la silueta de un escualo y la inscripción "Paul & Shark Yachting", replicando la heráldica de una reconocida marca internacional de indumentaria náutica de lujo.
Para los especialistas en el negocio del narcotráfico en el NEA, la utilización de este sello del tiburón no es un detalle menor ni casual. Los investigadores presumen que este diseño gráfico funciona como una marca de origen y calidad, distintiva de una nueva organización narcocriminal transnacional que pretendía utilizar la plaza de la provincia de Corrientes como cabecera de playa para consolidar su hegemonía de distribución en toda la región.