- Cómo funcionan los programas de inmersión en un campus y qué incluyen.
- Por qué se trata de una vivencia que transforma más allá de lo académico.
Muchos padres comparten el mismo objetivo: que sus hijos no solo aprendan inglés, sino que puedan hablarlo con fluidez. Esa expectativa está detrás de los programas de inmersión en el exterior, donde adolescentes y jóvenes de distintos países estudian, conviven y se enfrentan al desafío de desenvolverse solos lejos de casa.
Es una propuesta que va mucho más allá de las clases. El inglés aparece en el aula, pero también en el comedor, durante las actividades deportivas, las excursiones o al hacer amigos de otras partes del mundo. Esa es la esencia de la inmersión: que el idioma deje de ser una materia y pase a formar parte de la vida cotidiana.
A unos 50 minutos de Manhattan, en el tranquilo pueblo de Tarrytown, funciona uno de los campus internacionales de EF (Education First), una organización especializada en educación e intercambio cultural.
Lejos del ritmo frenético de Nueva York, el lugar se siente como una pequeña burbuja pensada para estudiar pero también para hacer amigos y ganar autonomía. Con sus residencias, grandes espacios verdes y áreas para hacer deporte, tiene la estética de los campus universitarios que tantas veces supimos ver en el cine.
Allí conviven adolescentes y jóvenes que llegan con distintos niveles de inglés, pero también con expectativas similares: mejorar el idioma y vivir una experiencia que, en la mayoría de los casos, termina siendo transformadora.
Hay algo que se percibe en el aire y que va mucho más allá de lo académico. En tiempos en los que las pantallas ocupan buena parte de la vida de los adolescentes, aquí las conversaciones suceden cara a cara. Entre clases, deportes y actividades, hacen amigos de distintos países y descubren otra forma de relacionarse.
Tarrytown es el campus más grande que tiene EF en el mundo. En temporada alta, unas 200 personas trabajan para acompañar a alrededor de 1.400 estudiantes. "Queremos que nadie se sienta perdido o solo", dice Debby Arapovic, directora del predio de Nueva York.
Para ella, el principal valor de la experiencia no pasa solo por el idioma: "Los chicos aprenden a desenvolverse solos, a convivir con otras culturas y a ganar confianza".
¿En qué consisten los programas inmersivos para jóvenes y adolescentes?
Están pensados para estudiantes que buscan mejorar el idioma, ya sea por motivos académicos, laborales o simplemente para vivir una experiencia internacional. Pueden durar desde dos semanas hasta varios meses.
En Argentina, la mayoría de los chicos que viajan lo hacen a través del Programa de Perfeccionamiento para Adolescentes. Suelen tener entre 16 y 18 años y eligen, sobre todo, los meses que coinciden con las vacaciones escolares: enero, febrero y julio.
Al ingresar, cada estudiante realiza una evaluación escrita y oral. Ese diagnóstico permite ubicarlo en una clase acorde a su nivel real de inglés, para que pueda avanzar a su propio ritmo junto a compañeros que tienen conocimientos similares.
Lejos de enfocarse en la memorización de reglas gramaticales, las clases están centradas en la comunicación y el uso real del idioma. ¿El objetivo? Que los estudiantes hablen, escuchen, lean y escriban inglés en contextos cotidianos, tanto dentro como fuera del aula.
Estas son algunas características del programa:
- El progreso se sigue de manera constante, con tutorías, devoluciones de los docentes y evaluaciones periódicas.
- Además de las clases, los alumnos realizan proyectos semanales vinculados a temas de la vida cotidiana, como gastronomía, viajes o cultura (clases de cocina, de pintura o un city tour por Manhattan, por ejemplo).
- Los materiales incluyen libros propios, contenidos digitales y una plataforma online para seguir practicando fuera del horario de cursada.
También hay un programa para jóvenes que ya terminaron la secundaria y sueñan con estudiar en una universidad de Estados Unidos o Canadá. Es un plan de Preparación Universitaria que funciona como un puente entre el colegio y la vida académica.
Durante seis o nueve meses, los estudiantes no solo perfeccionan su inglés, sino que también aprenden:
- cómo funciona el sistema universitario norteamericano.
- a preparar una postulación (armado de CV, entrevistas personales, etc.)
- a redactar los ensayos personales que exigen muchas universidades.
- cómo afrontar exámenes clave como el TOEFL, SAT o ACT.
El recorrido se completa con visitas a universidades, ferias educativas y acceso a una red de más de 150 instituciones asociadas en Estados Unidos y Canadá, donde muchos estudiantes también pueden acceder a becas y otros beneficios.
Sin embargo, hay algo que sigue siendo tan importante como aprender bien el idioma y es la preparación para la vida. Vivir lejos de casa obliga a los adolescentes a organizar sus horarios, cumplir responsabilidades, convivir con personas de otras culturas y ganar independencia.
Por eso, Vandreia Montano, directora académica del campus en Nueva York, insiste: "La experiencia no solo mejora el idioma; también desarrolla confianza, seguridad y madurez. Muchos alumnos regresan tiempo después para estudiar una carrera o una maestría, y recuerdan el primer viaje como un punto de inflexión en sus vidas".
¿Cómo es el campus de Nueva York?
Lo primero que sorprende al llegar es la diversidad y la inmensidad. Parecen simples sustantivos abstractos pero el impacto es bien concreto: durante el verano conviven en el campus estudiantes de más de 70 nacionalidades distintas. Entre los latinos predominan argentinos, brasileños, mexicanos, chilenos, colombianos, ecuatorianos y peruanos.
Y esa mezcla se nota en todos lados: en las clases, en los comedores, en los espacios comunes y hasta en los grupos que se forman para recorrer Nueva York. La sensación es la de una pequeña ciudad internacional donde el inglés termina siendo el idioma común para relacionarse.
El campus ocupa unas 25 hectáreas -equivalentes a unas 15 canchas de fútbol- y funciona en lo que alguna vez fue una universidad. Tiene residencias estudiantiles, edificios académicos, instalaciones deportivas, cafetería y espacios de encuentro que permiten vivir una experiencia muy parecida a la de una universidad estadounidense.
"En el campus, hasta las conversaciones más simples se convierten en oportunidades de práctica que difícilmente podrían reproducirse en una clase tradicional", puntualiza Vandreia Montano.
Todo empezó con un viaje
EF nació a partir de la experiencia personal de su fundador, el sueco Bertil Hult. Como tenía dislexia, el aprendizaje tradicional le resultaba difícil. Pero al mudarse a Londres descubrió que aprendía inglés mucho más rápido viviéndolo en el día a día que estudiándolo en los libros.
Así fue como organizó el primer viaje para 33 estudiantes suecos a Inglaterra y sentó las bases de un modelo que sigue vigente: aprender un idioma en el lugar donde se habla, en contacto con otras culturas y situaciones reales. Más de seis décadas después, aquella experiencia se convirtió en una red global que recibe millones de estudiantes cada año.
¿Cómo es un día en el campus?
- Las clases se dictan de lunes a viernes, en turnos de mañana o de tarde.
- Cada estudiante suele tener entre dos y tres clases diarias, de unos 80 minutos cada una.
- El resto del tiempo se reparte entre tareas, actividades deportivas y recreativas, salidas organizadas y tiempo para recorrer la ciudad o compartir con compañeros de otros países.
¿Cuánto cuestan los programas para adolescentes y qué incluyen?
En términos generales, los programas combinan estudio, alojamiento y actividades dentro de un mismo campus. Según la modalidad elegida, suelen incluir:
- Clases de inglés adaptadas al nivel de cada estudiante.
- Alojamiento en residencias dentro del campus, con habitaciones compartidas o individuales según la edad y el programa.
- Desayuno y cena todos los días (el almuerzo puede adquirirse en el campus o cocinarse en las cocinas compartidas).
- Actividades deportivas y recreativas después de las clases.
- Excursiones y salidas para conocer Nueva York y otros destinos cercanos.
- Seguimiento académico con evaluaciones periódicas y tutorías.
- Seguridad las 24 horas y personal residente dentro del campus.
- Acceso a biblioteca, gimnasio, pileta de natación, canchas y demás servicios del campus.
Los valores arrancan en US$ 700 la semana y varían según el programa que se elija, la duración y el destino. Más información en www.ef.com.ar.